La segunda venida de Jesús

Pasamos ahora a la última de las siete trompetas. Las seis primeras anunciaron la aniquilación del Anticristo y sus seguidores. La última es la más espantosa de todas. Sin embargo, para los seguidores de Cristo será el acontecimiento más sublime de su vida. Juan relata:

Vi descender del cielo a otro ángel fuerte, envuelto en una nube, con el arco iris sobre su cabeza; y su rostro era como el sol, y sus pies como columnas de fuego. Tenía en su mano un librito abierto; y puso su pie derecho sobre el mar, y el izquierdo sobre la tierra; y clamó a gran voz, como ruge un león; y cuando hubo clamado, siete truenos emitieron sus voces. Cuando los siete truenos hubieron emitido sus voces, yo iba a escribir; pero oí una voz del cielo que me decía: «Sella las cosas que los siete truenos han dicho, y no las escribas». Y el ángel que vi en pie sobre el mar y sobre la tierra, levantó su mano al cielo y juró por el que vive por los siglos de los siglos, que creó el cielo y las cosas que están en él, y la tierra y las cosas que están en ella, y el mar y las cosas que están en él, que el tiempo no sería más, sino que en los días de la voz del séptimo ángel, cuando él comience a tocar la trompeta, el misterio de Dios se consumará, como Él lo anunció a Sus siervos los profetas1.

¿Qué es ese «misterio de Dios» que debe consumarse y que Él anunció a Sus siervos y profetas? Lo que todos estaremos esperando: el regreso de Jesús en los cielos para rescatar a Sus seguidores. Él mismo dijo:

Como el relámpago que sale del oriente y se muestra hasta el occidente, así será también la venida del Hijo del Hombre. Inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo, con poder y gran gloria. Y enviará Sus ángeles con gran voz de trompeta, y juntarán a Sus escogidos, de los cuatro vientos, desde un extremo del cielo hasta el otro2.

La segunda venida de Jesucristo, comúnmente llamada el ArrebatamientoA, será un acontecimiento fantástico, esperado con ansiedad por los cristianos que hayan pasado por la Tribulación. Habrán soportado lo peor de las persecuciones y el infierno en el que se habrá sumido el mundo durante el gobierno del diablo encarnado, la odiosa tiranía del Anticristo. Ese será el momento de su liberación, en que serán sacados de este mundo y transportados al Cielo para disfrutar de sus maravillas y alegrías. Entonces será cuando se producirá el Arrebatamiento, y no antes de la Tribulación, contrariando un mito que se han tragado muchos cristianos dedicados y sinceros. (V. apéndice 1.) Aunque habrán sido tres años y medio muy difíciles, finalmente llegará su liberación.

Jesús describió con precisión lo sensacional que será Su segunda venida. El cielo se iluminará como por un relámpago, solo que no será un simple resplandor instantáneo: la totalidad del firmamento se encenderá, desde el oriente hasta el occidente. Jesús dijo que justo antes de Su aparición se oscurecerá el Sol, y la Luna no dará su resplandor, lo que implica que el cielo estará totalmente a oscuras. Cuando comiencen a sacudirse las fuerzas atmosféricas como si se estuviera gestando una tormenta colosal, aparecerá la señal de Jesucristo en el cielo. No sabemos a ciencia cierta en qué consistirá esa señal; pero igual que los ejércitos de antes seguían un estandarte, una bandera que iba a la vanguardia y que en muchos casos era lo primero que alcanzaba a divisar el enemigo cuando el ejército se aproximaba, da la impresión de que esta señal es lo primero que verán los moradores de la Tierra. El Anticristo y sus impíos seguidores se lamentarán sobremanera. En cambio, los que hayan aceptado a Jesús se regocijarán. Él aparecerá en las nubes y, con un sonoro trompetazo, los ángeles comenzarán a juntar al pueblo de Dios de los cuatro rincones de la Tierra.

Esta descripción del regreso de Jesús a la vista de todo el mundo fue confirmada por lo que dijeron unos ángeles a Sus discípulos cuando estos estaban observando Su ascensión al Cielo después de Su resurrección:

Habiendo dicho [Jesús] estas cosas, viéndolo ellos, fue alzado, y le recibió una nube que le ocultó de sus ojos. Y estando ellos con los ojos puestos en el cielo, entre tanto que Él se iba, he aquí se pusieron junto a ellos dos varones con vestiduras blancas, los cuales también les dijeron: «Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo»3.

El libro del Apocalipsis también describe el Arrebatamiento, el momento en que los hijos de Dios serán llevados al Cielo:

He aquí que viene con las nubes, y todo ojo le verá, y los que le traspasaron; y todos los linajes de la tierra harán lamentación por Él. […] Miré, y he aquí una nube blanca; y sobre la nube uno sentado semejante al Hijo del Hombre, que tenía en la cabeza una corona de oro, y en la mano una hoz aguda. Y del templo salió otro ángel, clamando a gran voz al que estaba sentado sobre la nube: «Mete Tu hoz, y siega; porque la hora de segar ha llegado, pues la mies de la tierra está madura». Y el que estaba sentado sobre la nube metió Su hoz en la tierra, y la tierra fue segada4.

Se trata de la gran siega de todos los cristianos auténticos que ha habido desde la primera iglesia. San Pablo escribió sobre este gran acontecimiento en varias de sus epístolas:

Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen [los difuntos], para que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con Jesús a los que durmieron en Él. Por lo cual os decimos esto en palabra del Señor: que nosotros que vivimos, que habremos quedado hasta la venida del Señor, no precederemos a los que durmieron. Porque el Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras5.

Cuando dice: «los que duermen», se refiere a los cristianos salvos ya muertos. Aunque sus cuerpos yacen inertes en el sepulcro, sus espíritus están llenos de vida en el Cielo. Todos ellos acompañarán a Jesús cuando regrese, dice Pablo. ¿Por qué? Porque estará a punto de producirse un acontecimiento muy importante para ellos y para los que quedemos todavía en la Tierra. Cuando el Señor descienda del Cielo y se oigan voces y trompetas, los «muertos en Cristo» resucitarán primero. Todos los espíritus cuyo cuerpo yace en la tierra recibirán un cuerpo físico. Sin embargo, no será el cuerpo viejo que tenían, sino un cuerpo glorioso regenerado e indestructible, totalmente renovado. Seguidamente todos juntos seremos arrebatados en las nubes. Así es, nos elevaremos hacia el cielo con nuestros flamantes cuerpos.

San Pablo se explaya más sobre esto en su Primera epístola a los corintios: «He aquí, os digo un misterio: No todos dormiremos; pero todos seremos transformados, en un momento, en un abrir y cerrar de ojos, a la final trompeta; porque se tocará la trompeta, y los muertos serán resucitados incorruptibles, y nosotros seremos transformados»6.

La Biblia dice que el cuerpo físico transformado, sobrenatural y milagroso que tendremos a futuro, después de resucitar, será como el de los ángeles de Dios. «No pueden ya más morir, pues son iguales a los ángeles, y son hijos de Dios, al ser hijos de la resurrección»7. Con todo, seguiremos siendo los mismos. Tendremos un aspecto parecido al que tenemos ahora, solo que mucho mejor. En esencia, seguiremos siendo la misma persona, con el mismo cuerpo; de otro modo no se trataría de una resurrección. (Encontrarás más detalles sobre los cuerpos gloriosos en el libro Del fin al infinito, capítulo 3, «Cuerpos sobrehumanos».)

Así seremos rescatados al final de la Gran Tribulación, y a continuación seremos transportados al Cielo, para participar en la celebración más estupenda que haya habido hasta entonces, la magnífica «cena de las bodas del Cordero», de la que hablaremos en el próximo capítulo.

Lo asombroso del Arrebatamiento es que en determinado punto estaremos en condiciones de marcar en el calendario la fecha en que se producirá, al menos de forma bastante precisa. La Biblia especifica cuánto durará la Tribulación, cosa que ya vimos en los capítulos 2 y 6. Así, a partir del momento en que el Anticristo establezca la abominación desoladora, con lo que se iniciará la Gran Tribulación, podemos contar 1.260 días. El Señor nos lo dijo para supiéramos cuánto tiempo tendríamos que sobrellevar el régimen tiránico del Anticristo en la Tierra. Lo hizo para infundirnos esperanza, para que la certeza de que seremos rescatados nos ayudara a aguantar.

Respecto de esto, algunas personas citan el siguiente pasaje, que dicen que nadie sabe el día ni la hora de la venida del Señor. Echémosle un vistazo. Jesús está hablando con Sus discípulos sobre Su regreso:

Del día y la hora nadie sabe, ni aun los ángeles de los cielos, sino solo Mi Padre. Mas como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre. Porque como en los días antes del diluvio estaban comiendo y bebiendo, casándose y dando en casamiento, hasta el día en que Noé entró en el arca, y no entendieron hasta que vino el diluvio y se los llevó a todos, así será también la venida del Hijo del Hombre. Entonces estarán dos en el campo; el uno será tomado, y el otro será dejado. Dos mujeres estarán moliendo en un molino; la una será tomada, y la otra será dejada. Velad, pues, porque no sabéis a qué hora ha de venir vuestro Señor. Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa. Por tanto, también vosotros estad preparados; porque el Hijo del Hombre vendrá a la hora que no pensáis8.

Hay otro pasaje sobre el tema en la Primera epístola de Pablo a los tesalonicenses:

Acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: «Paz y seguridad», entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas9.

El primer pasaje sobre la segunda venida de Jesús deja bien claro que esta será sorpresiva para muchas personas. También es un hecho que en el momento en que Él dijo esas palabras a Sus discípulos el único que sabía cuándo sería la segunda venida era Dios Padre. Jesús mismo no lo sabía, los ángeles no lo sabían, y nosotros hoy en día seguimos sin saberlo. Entonces, ¿por qué nos habló de eso y de las señales de Su venida si no quería que reconociéramos como mínimo la proximidad de ese acontecimiento? El caso es que quería y quiere que quienes vamos a presenciar esos hechos (que no era el caso de Su público inmediato, Sus discípulos) estemos al tanto de la cronología aproximada y por tanto bien preparados.

En el segundo pasaje, Pablo deja patente que no debemos permitir que ese día nos pille de improviso. Somos hijos de la luz. No deberíamos estar a oscuras sobre todo esto.

Por último, ¿por qué habría de decirnos una y otra vez la duración exacta de la Tribulación si no fuera Su intención que supiéramos en qué momento va a venir Él? Los apóstoles no necesitaban saber el día preciso de Su regreso, pues ni siquiera iban a verse afectados por ese acontecimiento. Pero el Señor quiere que lo sepamos nosotros que estamos con vida en estos postreros días, especialmente si vamos a vivir durante la Tribulación, pues eso nos ayudará a aguantar hasta el final, ya sea el final de nuestra vida o el final de la Tribulación.

Ese asombroso acontecimiento que llamamos el Arrebatamiento, cuando el Señor regrese para llevarnos consigo al Cielo, será como un paréntesis en medio de la guerra. Nos elevaremos en el aire, nuestro cuerpo se transformará y se volverá inmortal, y nos iremos al Cielo a participar en la madre de las celebraciones: la cena de las bodas del Cordero.

En cambio, para el Anticristo y sus esbirros esa será una pésima noticia. Las personas que habrá jurado matar le serán arrebatadas por su antiguo e invencible enemigo: Jesucristo. Y todavía no le habrá llegado lo peor.

Notas

A. El término arrebatamiento no figura en la Biblia, pero se ha introducido en el léxico cristiano como traducción del vocablo latino para referirse a ese acontecimiento. Su equivalente bíblico es la «resurrección de los justos», en la que los creyentes —tanto los vivos como los muertos— serán transportados al Cielo cuando suene la última (séptima) trompeta, y a todos se les dará un cuerpo inmortal.

El empleo del término arrebatamiento para referirse a la subida al Cielo de los salvados en el momento de la segunda venida de Jesús tiene su origen en el texto en latín de 1 Tesalonicenses 4:16,17 en la Vulgata: «El Señor mismo con voz de mando, con voz de arcángel, y con trompeta de Dios, descenderá del cielo; y los muertos en Cristo resucitarán primero. Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor».

El término latino traducido como «seremos arrebatados» es rapiemur, forma del verbo rapio, que significa echar mano, tomar, secuestrar. Por lo visto San Jerónimo —traductor de la Vulgata— concibió el regreso del Señor y nuestra reunión con Él en el cielo como una suerte de secuestro masivo de los creyentes en tiempos del Imperio del Anticristo.

1. Apocalipsis 10:1–7
2. Mateo 24:27,29–31
3. Hechos 1:9–11
4. Apocalipsis 1:7; 14:14–16
5. 1 Tesalonicenses 4:13–18
6. 1 Corintios 15:51,52
7. Lucas 20:36
8. Mateo 24:36–44
9. 1 Tesalonicenses 5:1–5

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