Las plagas de la ira de Dios

El capítulo 16 del Apocalipsis presenta una vívida imagen del infierno que se desatará en la Tierra después que Jesucristo se haya llevado a los creyentes —los que lo hayan aceptado como Salvador— a esa estupenda cena de bodas en el Cielo. Mientras tenga lugar esa celebración, Dios enviará Sus castigos finales contra el Imperio del Anticristo. En Apocalipsis 15 —el capítulo que hace las veces de introducción a este acontecimiento— vemos que los juicios finales son ejecutados por «siete ángeles que tenían las siete plagas postreras; porque en ellas se consumaba la ira de Dios»1.

La destrucción de Babilonia la Grande se producirá al final de la Tribulación, poco antes o poco después del Arrebatamiento. Dicha destrucción, detallada en Apocalipsis 17 y 18, tiene todas las características de un ataque nuclear. No sabemos cuán extenso será, pero da la impresión de que los hechos que se describen a continuación ocurrirán después de una guerra atómica.

Mucho se oye hablar hoy en día de las armas de destrucción masiva, que incluyen no solo las nucleares, sino también las bacteriológicas y químicas. En una situación de guerra total como la que surgiría como consecuencia de un ataque nuclear tan devastador como el que llevará a la destrucción de Babilonia, cabe suponer que en represalia se emplearían todas las armas disponibles. Los horrores que se desatarían no tendrían precedentes. Son casi inimaginables y totalmente imprevisibles.

Conviene recordar eso al estudiar los pasajes de las Escrituras sobre la ira de Dios. Si bien las siete plagas tendrán un origen espiritual, da la impresión de que en el plano físico podrían ser consecuencia de la lluvia radioactiva ocasionada por ese ataque nuclear o por continuos intercambios nucleares, químicos y bacteriológicos entre las fuerzas del Anticristo y sus enemigos.

Juan relata: «Oí una gran voz que decía desde el templo a los siete ángeles: “Id y derramad sobre la tierra las siete copas de la ira de Dios”. Fue el primero, y derramó su copa sobre la tierra, y vino una úlcera maligna y pestilente sobre los hombres que tenían la marca de la bestia, y que adoraban su imagen»2. Esa primera plaga se derrama sobre la tierra y sobre la gente que siguió a la Bestia. Los seguidores del Anticristo —los que aceptaron su marca y adoraron su imagen— tendrán unas úlceras terribles.

«El segundo ángel derramó su copa sobre el mar, y este se convirtió en sangre como de muerto; y murió todo ser vivo que había en el mar»3. Algunas de estas plagas ya se habrán producido en cierta medida cuando Dios castigue al Imperio del Anticristo durante la Tribulación, como se hace patente en los capítulos 8 y 9 del Apocalipsis. En ese momento tienen un efecto parcial: un tercio del agua se convierte en sangre, muere un tercio de los peces del mar, queda destruido un tercio de las naves, se quema un tercio de los árboles, etc. Sin embargo, las siete copas de la ira parecen causar una destrucción total. Dice que el mar se convertirá en sangre —por lo visto esta vez será todo el mar— y morirá todo lo que vive en él.

El tercer ángel derramó su copa sobre los ríos, y sobre las fuentes de las aguas, y se convirtieron en sangre. Y oí al ángel de las aguas, que decía: «Justo eres tú, oh Señor, el que eres y que eras, el Santo, porque has juzgado estas cosas. Por cuanto derramaron la sangre de los santos y de los profetas, también tú les has dado a beber sangre; pues lo merecen». También oí a otro, que desde el altar decía: «Ciertamente, Señor Dios Todopoderoso, Tus juicios son verdaderos y justos»4.

El tercer ángel derramará su copa sobre los ríos y las fuentes de aguas, y se convertirán en sangre. Los impíos no tendrán forma de obtener agua potable. No habrá otra cosa para beber que sangre. El ángel dice que se lo merecen porque derramaron la sangre de los profetas y del pueblo de Dios. Así será vengada la sangre de los mártires, de esos mártires que en el capítulo 6 del Apocalipsis clamaban desde debajo del altar celestial: «¿Hasta cuándo, Señor, santo y verdadero, no juzgas y vengas nuestra sangre en los que moran en la tierra?»5 Esta será la lúgubre respuesta a sus plegarias.

El cuarto ángel derramó su copa sobre el sol, al cual fue dado quemar a los hombres con fuego. Y los hombres se quemaron con el gran calor, y blasfemaron el nombre de Dios, que tiene poder sobre estas plagas, y no se arrepintieron para darle gloria. El quinto ángel derramó su copa sobre el trono de la bestia; y su reino se cubrió de tinieblas, y mordían de dolor sus lenguas, y blasfemaron contra el Dios del cielo por sus dolores y por sus úlceras, y no se arrepintieron de sus obras6.

La quinta copa será un ataque directo contra el Anticristo y sus fuerzas. Las primeras cuatro habrán afectado al mundo entero en forma generalizada, mientras que esta va dirigida contra el Anticristo y su régimen. Las plagas y maldiciones serán tan horrorosas que los hombres se morderán la lengua de dolor; y a pesar de todo maldecirán a Dios y no se arrepentirán. ¡Imagínate! Para los que insistan en ser impenitentes y en rebelarse contra Dios habrá infierno en la Tierra e infierno también en la otra vida.

En una profecía contra la antigua ciudad de Babilonia, da la impresión de que Isaías también previó esta época de ira:

He aquí el día del Señor viene, terrible, y de indignación y ardor de ira, para convertir la tierra en soledad, y raer de ella a sus pecadores. Por lo cual las estrellas de los cielos y sus luceros no darán su luz; y el sol se oscurecerá al nacer, y la luna no dará su resplandor. Y castigaré al mundo por su maldad, y a los impíos por su iniquidad; y haré que cese la arrogancia de los soberbios, y abatiré la altivez de los fuertes. Haré más precioso que el oro fino al varón, y más que el oro de Ofir al hombre. Porque haré estremecer los cielos, y la tierra se moverá de su lugar, en la indignación del Señor de los ejércitos, y en el día del ardor de Su ira7.

Con esos espantosos castigos divinos, la Tierra entera se convertirá en una zona de desastre.

El sexto ángel derramó su copa sobre el gran río Éufrates; y el agua de este se secó, para que estuviese preparado el camino a los reyes del oriente. Y vi salir de la boca del dragón, y de la boca de la bestia, y de la boca del falso profeta, tres espíritus inmundos a manera de ranas; pues son espíritus de demonios, que hacen señales, y van a los reyes de la tierra en todo el mundo, para reunirlos a la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso8.

El sexto ángel secará el gran río Éufrates a fin de abrir camino para los ejércitos de Oriente. De hecho, los reyes y ejércitos de toda la Tierra se enfrentarán en una última gran batalla. Después de tanta cólera, tormentos, dolor y sufrimiento, el Anticristo y sus fuerzas aún querrán librar una última batalla decisiva para someter al mundo bajo su control. Seguirán injuriando y maldiciendo a Dios y causando destrucción en una espantosa guerra final denominada «la batalla de aquel gran día del Dios Todopoderoso».

El pasaje continúa diciendo: «Los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón»9.

1. Apocalipsis 15:1
2. Apocalipsis 16:1,2
3. Apocalipsis 16:3
4. Apocalipsis 16:4–7
5. Apocalipsis 6:10
6. Apocalipsis 16:8–11
7. Isaías 13:9–13
8. Apocalipsis 16:12–14
9. Apocalipsis 16:16

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