El gran remezón

«Y habrá terremotos en diferentes lugares…»

El Centro Nacional de Información Sísmica de los EE.UU. comunica que anualmente se producen en el mundo 3,3 millones de movimientos telúricos. Unos 140 de ellos tienen al menos 6,0 grados de intensidad según la escala de Richter. No hay método fiable de predecir terremotos, que además ocurren en zonas muy dispersas del planeta.

El tsunami asiático de 2004 se produjo a causa de un gigantesco terremoto de magnitud 9,0, cuando a 30 km bajo el lecho marino una sección de 1.200 km de largo de la placa tectónica india se metió hasta 20 metros por debajo de la placa de Birmania, lo que elevó en varios metros el fondo del mar. La energía liberada fue equivalente a la explosión de 475.000 kilotones de TNT, o 23.000 bombas atómicas de la potencia de la de Hiroshima. Olas de hasta 10 metros se abatieron sobre las costas de Sumatra, cerca del epicentro. Murieron al menos 226.000 personas, 500.000 resultaron heridas, y un millón quedaron privadas de sus medios de sustento41.

Fue seguido menos de tres meses después por otro gran movimiento telúrico de 8,7 grados en la misma región. Fue la primera vez desde que se tienen registros sísmicos —hace más de un siglo— que ocurren dos terremotos de esa envergadura en tan poco tiempo.

El profeta Isaías predijo gigantescos terremotos para los últimos tiempos: «Temblarán los cimientos de la Tierra. En gran manera será la Tierra conmovida. Temblará la Tierra como un ebrio y será removida como una choza […] el día de la gran matanza, cuando caerán las torres» (Isaías 24:18–20; 30:25).

En cinco ocasiones el libro del Apocalipsis da cuenta de que se producirán enormes terremotos en los Postreros Días:

Dichos pasajes constituyen el trasfondo escatológico del libro del Apocalipsis, en el que los terremotos simbolizan el juicio final de Dios contra la Tierra. A lo largo del libro los terremotos tienen gran significación: son cruciales castigos de Dios, que generan espanto, estupor y destrucción entre los habitantes del planeta. Ocurren luego de la apertura del sexto y séptimo sellos (Apocalipsis 6:12; 8:5), justo antes y después de la séptima trompeta (Apocalipsis 11:13,19) y durante la séptima copa (Apocalipsis 16:18). Este último terremoto —descrito como el más grande que se haya producido en la Tierra— fractura a Jerusalén en tres partes y destruye las ciudades de las naciones42.
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