El violento mundo de hoy

Jesús indicó también que justo antes de Su regreso la sociedad se caracterizaría por la violencia generalizada: «Como en los días de Noé, así será la venida del Hijo del Hombre» (Mateo 24:37).

¿En qué estado se hallaba el mundo en los días de Noé? El libro del Génesis explica que «la Tierra se corrompió delante de Dios, y estaba la Tierra llena de violencia» (Génesis 6:11). Todos hemos visto con dolor infinidad de titulares sobre luctuosos y violentos sucesos.

Según un estudio de la UNICEF fechado el 2006, en América Latina y el Caribe mueren cada hora nueve niños o adolescentes a causa de la violencia. La región en general tiene una criminalidad epidémica, dado que según el Banco Interamericano anualmente se producen 20 homicidios por cada 100.000 habitantes.

A juicio del instructor de seguridad privada Pedro Alejandro Reyes Ramos, los gobiernos de la mayoría de los países del mundo y en especial los de Latinoamérica están preocupados por la alta criminalidad y por la tendencia ascendente de la delincuencia y la inseguridad ciudadana. Los delincuentes parecen haberse apoderado de las calles de las principales ciudades, provocando una sensación de inseguridad en la población. A medida que las urbes han crecido por la inmigración, han crecido los cinturones de miseria alrededor de ellas. Clásicos problemas sociales como el desempleo y el subempleo han generado nuevas lacras como la prostitución, la microcomercialización de drogas y el pandillaje juvenil. Los cuerpos de seguridad ciudadana, la policía y las rondas vecinales no logran contener el avance de la delincuencia, que parece multiplicarse de año en año. Favorecen a los delincuentes leyes demasiado blandas, la corrupción de algunos magistrados y también la falta de recursos de muchos cuerpos policiales. Los barrios tugurizados sirven de guaridas a los delincuentes y en algunos casos son inexpugnables.

Violencia política es el término empleado actualmente para describir las agresiones perpetradas por un gobierno contra sus propios ciudadanos o los de algún país conquistado, o las cometidas por grupos políticos e ideológicos. Se estima que en el siglo XX murieron 110 millones de personas a consecuencia de las diversas guerras. Sin embargo, esa cifra empalidece comparada con los 170 millones que se calcula que murieron a causa de la violencia política durante ese mismo período [de hecho, solamente desde 1900 hasta 1987]43. Dicha cifra equivale a 4.600 muertos por día —casi el doble de las vidas que se perdieron a raíz de los atentados del 11 de septiembre en Nueva York44— a lo largo de 100 años.

Además de los enfrentamientos políticos, la violencia está presente a nuestro alrededor en todas sus formas. Uno de los países que cuenta con estadísticas más que elocuentes sobre el particular es Estados Unidos, donde en los 19 años transcurridos entre 1979 y 1997 hubo más muertos por armas de fuego (651.697) que en todas las guerras que ha librado ese país desde la Guerra de Independencia (1775–1783) hasta el final del siglo XX (650.858)45.

La violencia es un flagelo universal que destruye el tejido social y supone un peligro para la vida, salud y felicidad de todos nosotros. Anualmente más de 1.600.000 personas pierden la vida en hechos violentos ocurridos en todo el mundo. Por cada muerte violenta hay muchos más que sufren lesiones y un sinnúmero de secuelas físicas, sexuales, reproductivas y mentales. A escala mundial, la violencia es una de las principales causas de muerte de las personas entre 15 y 44 años. Representa el 14% de las muertes entre los hombres y el 7% entre las mujeres46.

¡Qué mundo el del espectáculo!

Si bien los índices de delitos violentos cometidos por jóvenes han descendido después de los picos históricos alcanzados en la primera mitad de la década de los 90, todavía tenemos muy presente el clima de violencia en que vive gran parte de los jóvenes del mundo. La mayoría tenemos recuerdos muy vívidos de las matanzas ocurridas en colegios, como las de Jokela (Finlandia), Virginia Tech, Columbine, West Paducah, Jonesboro y Springfield (EE.UU.), Dawson College (Canadá), Erfurt (Alemania) y Carmen de Patagones (Argentina).

¿A qué obedece este aumento sin precedentes de la violencia entre los jóvenes? Los estudiosos de la conducta humana han determinado que una de las principales causas es el mal llamado entretenimiento o espectáculo, sobre todo las imágenes que diariamente llegan a cada hogar por cortesía de la televisión y la industria de los juegos informáticos. En otras épocas era preciso encontrarse en el lugar de los hechos para presenciar un acto de violencia. En la actualidad no. Al cumplir quince años, un joven norteamericano común y corriente ha visto por televisión la muerte violenta de más de 8.000 seres humanos y otros 100.000 actos brutales de agresión. Si el niño tiene acceso a juegos informáticos violentos, películas o TV por cable, esas cifras se multiplican47.

Los asesinos de Virgina Tech, Dawson College, Erfurt y Columbine eran ávidos aficionados a los juegos de computador en los que prima la violencia. «Software para una masacre», decía el titular del periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung sobre la matanza de Erfurt. «El asesino recibió entrenamiento con un juego informático». Si bien la violencia en los medios de difusión no es el único —ni necesariamente el principal— motivador de las matanzas en los colegios, es innegable que el gran número de imágenes de violencia a las que se ven sometidos los niños los insensibiliza y los familiariza con esas conductas.

La relación que existe entre la violencia fílmica y la callejera y doméstica es muy sugestiva. Según la agencia UPI, el Colegio de Profesores de Inglaterra, compuesto por 40.000 miembros, llevó a cabo un estudio que arrojó el siguiente resultado:

«Las repercusiones que tienen las imágenes de violencia son mucho más extensas de lo que antes se pensaba», declaró Jackie Miller, subsecretaria general de dicho colegio profesional. Según el sondeo, el 77% de los maestros de enseñanza media opina que con ellas se está insensibilizando a los niños a la violencia, y que estos optan por glorificar y mimetizar la agresión y el atropello en el parque de juegos48.

El Dr. Leonard Efron, profesor de sicología de la Universidad de Illinois, que estudió los hábitos de más de cuatrocientos telespectadores por espacio de 22 años, observa: «Ya no queda duda de que el alto consumo de violencia televisiva es uno de los detonantes de la agresividad, el crimen y la violencia en la sociedad». Arnold Kahn, de la Asociación Norteamericana de Sicología, agrega: «El debate sobre los efectos de la violencia en la pantalla chica es semejante al que tiene lugar sobre la relación entre fumar y el cáncer»49.

En un artículo titulado The Violent World of Video Games, Gayle Hanson dijo:

Entre las voces de quienes han censurado a la industria de los juegos informáticos por su imprudencia está la del teniente coronel Dave Grossman, ex profesor de sicología de la Academia de Guerra de los EE.UU., quien dictaba un curso sobre la sicología de matar. Sobre algunos de los juegos informáticos dice lo siguiente: «Son simuladores de homicidios, que a la larga enseñan a una persona a mirar a alguien a los ojos y quitarle la vida».

Para entender el virus de la violencia, que para muchos alcanza proporciones epidémicas, Grossman hace referencia a estadísticas que denotan un aumento de las agresiones en muchos países. Según datos proporcionados por la Interpol, entre 1977 y 1993 el índice de agresiones en Australia y Nueva Zelanda se incrementó en casi 400 por ciento. Dicho índice se triplicó en Suecia y se duplicó en Bélgica, Dinamarca, Escocia, Francia, Holanda, Hungría e Inglaterra. En los EE.UU. el índice de delitos violentos contra personas aumentó de 60 por cada 100.000 habitantes en 1957 a más de 440 a mediados de los 90, lo que equivale a un incremento del 700%.

«Si bien no debemos subestimar el abuso de menores, la pobreza y el racismo —dice Grossman—, solo hay una nueva variable presente en cada uno de esos países y que produce todas las veces el mismo resultado: la violencia en los medios de difusión, presentada como entretenimiento infantil»50.

En su libro High Tech/High Touch: Technology and Our Search for Meaning, John Naisbitt, aclamado analista social y autor también de Megatrends 2000, que llegó a ocupar el primer puesto en la lista de superventas del New York Times, afirma sin rodeos:

Muchos de los juegos de moda son despiadadamente violentos. Los mismos videojuegos que entretienen a nuestros hijos son los que se usan para entrenar a los militares. Pese a vivir en la zona tecnológicamente contaminada, negamos que la cultura de violencia promovida por la televisión, el cine, la Internet y los videojuegos sea real. Sin embargo, nos sorprendemos ante la violencia con que actúan nuestros jóvenes, tipificada por las masacres en los colegios. Cuando nos demos cuenta de que lo que aparece en nuestras pantallas es real, nuestra tolerancia de la violencia en los medios cambiará para siempre; y dejaremos de hacer lo que hacemos ahora: enviar a nuestros hijos todos los días a una zona de guerra electrónica con la esperanza de que no los afecte ni les deje secuelas51.
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.