Fe para hacer frente al futuro

Es innegable que vivimos en una época en extremo interesante. Nos encontramos en el umbral de grandes transformaciones.

La precisión con que estas ancestrales profecías describen las condiciones imperantes en nuestros días debiera infundirte ánimo. En primer lugar, inspira confianza el hecho de que Dios no solo tiene poder para prever el futuro, sino que además se preocupa por nosotros de tal manera que nos revela por adelantado lo que ha de suceder. Jesús dijo: «Ahora os lo he dicho antes que suceda, para que, cuando suceda, creáis» (Juan 14:29).

Asimismo, viendo que el estado en que se halla hoy el mundo fue certeramente predicho en los sagrados textos, es lógico suponer que los vaticinios bíblicos aún no cumplidos también se harán realidad. Surgirá un gobierno internacional encabezado por un demoníaco personaje que impondrá a la fuerza un sistema financiero ultramoderno. Los que se nieguen a colaborar con el régimen del Anticristo serán perseguidos. Dios, sin embargo, cuidará milagrosamente de los Suyos y los capacitará para protegerse sobrenaturalmente en esos tiempos difíciles. Luego intervendrá enviando a Jesucristo para rescatar a Su pueblo, derrotar a las fuerzas del mal en la Batalla de Armagedón y establecer Su eterno reino de amor en la Tierra.

No hay por qué temer

El desarrollo de estos sobrecogedores acontecimientos del fin de los tiempos no tiene por qué infundirnos miedo o causarnos desconcierto. Si bien Jesús advirtió que en los postreros días «los hombres quedarán sin aliento por el temor y la expectación de las cosas que sobrevendrán en la Tierra» (Lucas 21:26), también aseguró que quienes lo conocemos y lo amamos estaremos en condiciones de hacer frente a esos hechos con una actitud positiva y victoriosa.

Dejó muy claro que las últimas señales del fin serían una indicación de la proximidad de Su regreso para rescatar a los Suyos: «Cuando estas cosas comiencen a suceder, erguíos y levantad vuestra cabeza, porque vuestra redención [liberación] está cerca» (Lucas 21:28). Puede que no nos guste todo lo que va a ocurrir —parte de ello sin duda resultará inquietante—; pero sabemos que terminará bien. En las anteriores persecuciones de cristianos que ha habido a lo largo de la Historia —muchas de las cuales fueron casi tan despiadadas como las que se producirán durante la Gran Tribulación—, el pueblo de Dios en su conjunto se fortaleció, salió triunfante y en muchos casos se multiplicó en gran manera.

Si bien la Gran Tribulación será una época de grandes angustias, la mayoría de ellas les sobrevendrán al Anticristo y sus seguidores, no a los fieles de Dios. Jesús obrará muchos milagros para dotar de poder a los Suyos y protegerlos. «El pueblo que conoce a su Dios se esforzará y actuará» (Daniel 11:32).

Si tienes fe en Dios y en Su Palabra y has cultivado una estrecha relación con Él, aunque a tu alrededor haya guerra, confusión, caos y tribulación, puedes sentir tranquilidad por dentro gracias a Jesucristo, el Príncipe de Paz.

La mejor preparación para el futuro

Puedes prepararte para el futuro —y para la eternidad— aceptando ahora mismo a Jesús como tu Salvador. Él te ama. Permanecerá a tu lado y te guiará en todas las situaciones peligrosas que te toque afrontar.

La Biblia dice que «Dios es amor» (1 Juan 4:8). Es el mismísimo Espíritu del amor. Quiere que conozcas, que experimentes Su amor y te goces en él. Por otra parte, es un ser tan grande y tan poderoso que está fuera del alcance de nuestra limitada comprensión humana. Por eso envió a Su Hijo Jesús al mundo: para demostrarnos el gran amor que nos tiene y ayudarnos a entender Su esencia.

«De tal manera amó Dios al mundo [a ti y a mí], que ha dado a Su Hijo unigénito [Jesús], para que todo aquel que en Él cree no se pierda [no se vea privado del amor de Dios], sino que tenga vida eterna» (Juan 3:16). Es tal el amor que Dios abriga por ti que entregó a Jesús, el cual vino a este mundo a vivir y morir para que tú pudieras oír Su mensaje y Su verdad y acceder a la vida eterna en el Cielo que Él te ofrece gratuitamente.

Si aún no conoces a Jesús, recíbelo en este momento. Tiene cantidad de maravillas reservadas para ti. No te preocupes si albergas dudas o interrogantes acerca de Él. Jesús te comprende. Si haces el esfuerzo de comunicarte con Él, Él se manifestará en tu vida. Dice: «Yo estoy a la puerta [de tu corazón] y llamo. Si oyes Mi voz y abres la puerta, entraré a ti.» (Apocalipsis 3:20.)

¿Le darás una oportunidad? Él está a la espera de tu decisión. Basta con que hagas sinceramente esta sencilla oración:

Jesús, creo que eres el Hijo de Dios y te acepto como mi Señor y Salvador. Amén.

Jesús dijo: «Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia» (Juan 10:10). Aceptar a Jesús no solo nos garantiza un futuro más halagüeño, sino también un presente más satisfactorio. Que Su presencia llene tu vida y te bendiga en todo sentido. 

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