Introducción

Habiendo entrado ya en el tercer milenio después de Cristo, ¿será que estamos en el umbral de un nuevo orden mundial, una era de paz y prosperidad universales? ¿O se tambalea la humanidad al borde de un abismo que la sumirá en un caos sin precedentes? ¿O tal vez ambas cosas?

El presente libro ofrece algunas respuestas que pueden servir de preparación para lo que se avecina.

Los profetas de la Biblia predijeron acertadamente muchas características del mundo actual. En las siguientes páginas estudiaremos profecías que, pese a haberse registrado hace dos o tres mil años, retratan acontecimientos y situaciones que han tenido —o muy posiblemente tendrán— lugar en el transcurso de nuestra vida.

Algunos de esos vaticinios describen los veloces medios de transporte de la era moderna, el aumento sin precedentes de los viajes internacionales y la arrolladora multiplicación de todo tipo de conocimientos. Otros avances tecnológicos, como la banca electrónica y el sistema universal de intercambio e identificación que pronto entrará en vigor, también fueron predichos con impresionante exactitud.

Los efectos del cambio climático y la propagación de letales epidemias también fueron anunciados por los profetas de antaño.

Quien adquiera una conciencia clara de las predicciones presentadas en este libro verá con nuevos ojos la transformación que experimenta actualmente el mundo y estará prevenido para los cataclismos que se vislumbran en el horizonte.

La gran pregunta

A lo largo de la Historia, diversos maestros religiosos y videntes han tenido el singular don de percibir el futuro. Hace cerca de 2.000 años, en un monte de las afueras de la antigua ciudad de Jerusalén, tiene lugar una plática considerada por muchos como la más profunda y amplia de su género. Allí, un pequeño grupo de buscadores de la verdad se reúne en torno a su Maestro, un carpintero convertido en predicador y conocido sencillamente como Jesús de Nazaret. La pregunta que le formulan motiva una respuesta que los transporta dos milenios hasta la época en que vivimos ahora:

«Estando sentado en el monte de los Olivos, se acercaron a Él en privado Sus discípulos y le dijeron: “Dinos cuándo sucederá eso, y cuál será la señal de Tu venida y del fin del mundo”» (Mateo 24:3, BJ).

La pregunta de los discípulos era sobre lo que se conoce generalmente como la Parusía, el espectacular advenimiento de Cristo al fin de los tiempos para tomar posesión del mundo y establecer en la Tierra el Reino de Dios. El término fin del mundo no alude a la destrucción física del planeta, sino al fin de los gobiernos injustos e inhumanos de los hombres.

Jesús respondió a esta pregunta revelando no solo una, sino muchas señales que indicarían la proximidad del fin. Otras predicciones extraordinarias de diversos autores de libros bíblicos, unos anteriores a Jesús y otros posteriores a Él, complementan el panorama. Es precisamente en esas señales en las que centraremos nuestro estudio.

Las grandes respuestas

«Oiréis de guerras y rumores de guerras. […] Se levantará nación contra nación y reino contra reino; y habrá pestes, hambres y terremotos en diferentes lugares. Pero todo esto es solo principio de dolores». Jesús (Mateo 24:6–8).

El término dolores se empleó como traducción del vocablo griego ώδίν, odín, que aparece en el texto original del evangelio de San Mateo. Ese término se empleaba más comúnmente para referirse a los dolores de parto, es decir, a las intensas contracciones musculares que sufre una mujer durante el trabajo de parto hasta dar a luz.

El mundo viene sufriendo desde hace milenios esos dolores de parto por causa de las guerras, hambres, pestes y terremotos. El apóstol Pablo escribió: «Toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora» (Romanos 8:22). Sin embargo el trabajo de parto tiene una duración limitada.

Las contracciones aumentan en frecuencia e intensidad hasta que se produce el nacimiento; pero llegado ese momento, se detienen. El nacimiento del niño —que en este caso sería el regreso de Jesús y el fin de la era actual— no se hará esperar eternamente. Examinemos cómo se han incrementado esos dolores de parto en los últimos años.

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