La marca de la Bestia

«Hizo que a todos, pequeños y grandes, ricos y pobres, libres y esclavos, se les imprimiese una marca en la mano derecha, o en la frente; y que nadie pudiese comprar ni vender, sino el que tuviera la marca o el nombre de la bestia, o el número de su nombre. Aquí está la sabiduría. El que tenga inteligencia calcule el número de la bestia, porque es número de hombre. Su número es seiscientos sesenta y seis» (Apocalipsis 13:16–18, NC).

Estamos frente a una extraordinaria profecía. Reflexionemos sobre su significado: Hace casi 2.000 años el apóstol Juan —que antes de conocer a Jesús se había desempeñado como un simple pescador y fue llamado un hombre «sin letras y del vulgo» (Hechos 4:13)— predijo que un día se instituiría un sistema económico internacional por el que se obligaría a toda persona a llevar un número sin el cual no podría comprar ni vender. El cumplimiento de este oráculo no habría sido posible antes de la era informática y el comercio electrónico.

Hoy en día existen diversas formas de pagar al adquirir bienes o productos. Se puede hacer en efectivo, extender un cheque, emplear una tarjeta de crédito o bien una de débito, que instantáneamente deduce el importe de la cuenta del cliente y lo acredita a la del establecimiento comercial.

La tarjeta inteligente llevo esto a un nivel bastante superior. En el plástico hay un pequeño circuito integrado. Este prodigioso dispositivo electrónico no solo da al portador acceso instantáneo a su cuenta bancaria, sino que además contiene (o puede acceder a) su identificación, su historial médico, su carnet de conducir, fotografías, datos biométricos, historial crediticio y otros detalles. En Europa ya se usan cientos de millones de tarjetas inteligentes en forma de tarjetas sanitarias, tarjetas SIM (acrónimo en inglés de Módulo de Identificación del Suscriptor), que convierten el teléfono móvil en un dispositivo inteligente95, y carteras electrónicas.

Un programa paralelo es el de los pasaportes biométricos, también denominados pasaportes electrónicos, que muchos países comenzaron a expedir a partir de 2006. Aunque no están ligados al comercio, constituyen una tentativa de establecer un medio de identificación a prueba de fraude. Además de llevar los datos de filiación del titular, el pasaporte electrónico incluye en la cubierta un chip RFID que contiene la misma información en formato electrónico y además datos biométricos.

El escollo de la identificación

Para poder eliminar por completo el papel moneda, los cheques y las tarjetas de crédito es imperativo crear un sistema de identificación a toda prueba.

Los comerciantes deben contar con la garantía de que quien presente una tarjeta para realizar una transacción sea en efecto el titular de la misma.

Ya se han ideado diversos sistemas biométricos de identificación, como por ejemplo los sensores de huellas digitales y los dispositivos para reconocer la geometría de la mano, la retina o el rostro. Pero para organizar una sociedad en la que se haya abolido por completo el papel moneda habría que homologar muchos sistemas dispares e instalar dispositivos estandarizados en cada tienda en la que se expenda algún producto y en cada oficina en que se ofrezca algún servicio, por muy pequeña que sea.

Instalar terminales ultraprecisos de identificación biométrica en cada punto en que harían falta sería muy costoso, eso sin contar lo onerosa que resultaría la infraestructura necesaria para acceder rápidamente a las bases de datos en que esté guardada la ficha biométrica de las personas. En cambio, los chips incluidos en las tarjetas inteligentes y los dispositivos para su lectura constituyen una opción mucho más barata.

Implantaciones de microchips con los datos personales

Una solución viable y muy económica podría ser ponerle debajo de la piel a cada hombre, mujer y niño un microcircuito similar a los de las tarjetas inteligentes. Ni siquiera sería necesario almacenar en él todos los datos de la persona; bastaría con un simple identificador. La información en sí estaría archivada en una red gigantesca de bases de datos. El código de identificación proporcionaría acceso a ella. Una vez implantado, el chip podría ser leído por un escáner de bajo costo muy parecido a los lectores de barras de los supermercados. Es decir, que uno mismo se convertiría en una tarjeta inteligente, sorteando así el gravoso obstáculo de garantizar que el titular de la tarjeta sea, en efecto, quien dice ser.

La implantación de microchips en personas se inició silenciosamente en los EE.UU. mediante el VeriChip, de la firma Applied Digital Solutions. En mayo de 2002 los Jacobs se convirtieron en la primera familia en llevar chips bajo la piel. Los miembros de esa familia y otros voluntarios se hicieron inyectar un chip con un identificador único96. El dispositivo tenía una cubierta de vidrio de unos dos centímetros de largo y podía leerse por medio de un escáner de mano. Los integrantes de la familia Jacobs sufren de diversas enfermedades, y lo que los llevó a ofrecerse para ese experimento fue precisamente la posibilidad de llevar siempre consigo su historial clínico.

Applied Digital Solutions lanzó una gran campaña para promocionar su producto.

VeriChip Corp. se propone meterse en el pellejo de 1.400.000 hombres y mujeres de las fuerzas armadas. La empresa aspira a que el Pentágono les conceda autorización para poner su chip RFID (identificación por radiofrecuencia) en el brazo derecho del personal militar estadounidense. Eso permitiría obtener la identidad y el historial clínico de cualquier soldado con un simple escaneo. Los mencionados microcircuitos sustituirían a la legendaria medalla de identificación que desde 1906 llevan los soldados norteamericanos97.

A pesar de que en 2004 la Agencia de Alimentos y Medicamentos (FDA) de los EE.UU. aprobó su implantación en seres humanos, por una serie de inquietudes surgidas, como ciertos informes que relacionaron los chips con la aparición de tumores en animales, la fabricación y comercialización del VeriChip se suspendió en 2010. No obstante, sigue haciéndose investigación sobre los implantes subdérmicos de chips RFID.

Es evidente que se está gestando a escala planetaria una sociedad desmonetizada. El control que hoy se puede ejercer en el mundo mediante la fibra óptica, los satélites y las bases de datos es alucinante. Muchos gobiernos y empresas privadas preparan ya medidas para eliminar los cheques y el papel moneda. Muchos otros prueban nuevas tecnologías para efectuar operaciones comerciales eludiendo el uso de efectivo. El caso es que existen los dispositivos de alta tecnología para que se cumpla la escalofriante visión que tuvo el apóstol Juan hace casi dos mil años.

El poder oculto

No hay que olvidar que el dirigente supranacional del que ya hablamos no exigirá que el mundo lo adore por simple egolatría. Es que estará poseído por el propio Satanás. «El dragón [Satanás] le dio su poder, su trono y gran autoridad» (Apocalipsis 13:2).

Satanás siempre ha querido ser Dios. Esa en un principio fue la causa de su caída. El profeta Isaías escribió: «¡Qué caída tuviste desde los Cielos, lucero de la mañana [Lucifer]! […] Tú que decías: “Subiré al Cielo, levantaré mi trono sobre las estrellas de Dios. […] Subiré bien arriba, por encima de las nubes más altas y seré como el Altísimo”. Pero has sido derribado hasta el lugar de los muertos, a las profundidades del abismo» (Isaías 14:12–15, PDT).

¡Ojo con el 666!

Lo que Satanás persigue al inducir al Anticristo a establecer este nuevo sistema financiero mundial es controlar a la gente del mundo y lograr que se postre delante de él y le rinda culto. Por eso la Biblia advierte: «Si alguno adora a la bestia y a su imagen y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios. […] No tienen reposo de día ni de noche los que adoran a la bestia y a su imagen, ni nadie que reciba la marca de su nombre» (Apocalipsis 14:9–11).

El libro del Apocalipsis explica en seis oportunidades que quienes adoren a la Bestia y además acepten su marca irán a la perdición. Aunque habrá un nexo entre esas dos cosas, en este momento no sabemos exactamente cuál será. A primera vista podrá parecer que la marca es simplemente un sistema económico y de identificación. Quizá no importe aceptarla siempre y cuando uno no adore al diabólico ser que impondrá su uso. Pero ¿será eso arriesgarse demasiado?

Cuando veamos surgir un gobierno mundial y su dirigente exija nuestra adhesión, nuestra lealtad y hasta nuestra veneración, no debemos acceder a sus exigencias. Por muchos que sean los incentivos económicos ofrecidos a cambio y las represalias con que se amenace a quienes rechacen su marca y su número, debemos más bien amar y adorar al Dios verdadero, el Creador, que nos quiere y vela por nosotros, y ha prometido sacarnos adelante en los tiempos que se avecinan si ciframos nuestra confianza en Él. La Biblia dice: «El pueblo de los que conocen a su Dios se mantendrá firme» (Daniel 11:32, BJ).

(Este tema se aborda con mayor detalle en el libro Ascenso y caída del Anticristo, también de Aurora Production.)

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