La subida al poder del Anticristo

«El Anticristo viene» (1 Juan 2:18).

La señal más sobresaliente y aciaga del fin del mundo tal como lo conocemos hoy, a la que la Biblia dedica varios capítulos clave, será el surgimiento de un perverso tirano al que se conoce como el Anticristo o la Bestia, el cual establecerá un gobierno supranacional «sobre toda tribu, pueblo, lengua y nación» (Apocalipsis 13:7). Existen indicios de que el mundo se encamina hacia un gobierno planetario como el que parece sugerir ese versículo.

La Unión Europea se compone actualmente de 27 países. Varios más han solicitado su admisión. Existe un Parlamento Europeo, una Comisión Europea, una moneda común —el euro— que ya ha sido adoptada por muchos países del continente y, desde la ratificación del Tratado de Reforma de la UE, un presidente de Europa.

La Unión Africana, que comprende a 54 naciones de dicho continente, se formó en 2001 y a la larga se propone contar con una sola moneda, una fuerza de defensa integrada y diversos órganos supranacionales, entre ellos un gabinete ministerial para el presidente de la organización.

En 2004 los países de América del Sur firmaron la Declaración del Cuzco, por la que anunciaron el establecimiento de la Comunidad Sudamericana de Naciones, inspirada en la Unión Europea, con la que se pretende llegar a una moneda, parlamento y pasaporte comunes. El Diálogo de la Cooperación de Asia —que incluye a 31 países de ese continente, entre ellos los megaestados de Rusia, China y la India— declara que su objetivo final es transformar a Asia en una Comunidad Asiática.

Las Naciones Unidas son un ente planetario con 193 estados miembros. Aglutinan a muchos organismos que afectan —y en algunos casos regulan— nuestra vida, tales como la Organización Mundial de la Salud, el Organismo Internacional de Energía Atómica, la Organización Internacional del Trabajo, la UNESCO, la Corte Internacional de Justicia, el Tribunal Penal Internacional y el Banco Mundial.

La globalización económica es hoy por hoy un hecho. Funcionan ya numerosos organismos y tratados comerciales, tales como la Organización Mundial del Comercio, la ASEAN, el TLCAN y el Mercosur. Muchos prominentes comentaristas políticos impulsan el concepto de un gobierno planetario en el que el comportamiento de los países se rija por acuerdos y protocolos. Un análisis un poco más detenido revela la existencia de muchas instituciones, tratados y protocolos internacionales con el propósito de promover la cooperación e integración regional y, a la larga, mundial.

El acuerdo de paz en torno a Jerusalén

Es previsible que el Anticristo llegue al poder impulsando un programa político de paz, seguridad y estabilidad económica. A la usanza del propio Satanás, que a veces se disfraza de ángel de luz, este personaje deslumbrará a buena parte del mundo presentándose como un gran héroe y pacificador.

El profeta Daniel, aludiendo al Anticristo, escribió: «En plena paz, destruirá a muchos», y «se apoderará del reino a base de intrigas» (Daniel 8:25 y 11:21, BL). También confirmará con muchos dirigentes un protocolo internacional que Daniel denominó el Pacto Santo (Daniel 9:27; 11:22–32).

Por lo pronto desconocemos si cuando se firme ese documento el gobierno internacional conducido por el Anticristo ya ostentará el poder o si accederá a él en ese momento. Lo que sí dicen las Escrituras es que dicho pacto tendrá una duración prevista de 7 años y que será fundamental para afianzar su liderazgo en el mundo. El acuerdo resolverá al menos transitoriamente la crisis de Oriente Medio, algo que no han logrado los dirigentes mundiales desde la creación del estado de Israel en 1948 y que hoy por hoy se perfila imposible. Por lo visto algunas de las concesiones que harán israelíes y palestinos estarán relacionadas con Jerusalén y sus lugares sagrados. Uno de los puntos en disputa será el monte Moria, por el hecho de que los judíos lo consideran sagrado  (allí se encontraba su templo antes que fuera destruido por los romanos en el año 70 d.C.) y los musulmanes también (es donde se levanta actualmente el tercer santuario más importante del islam, la Cúpula de la Roca, que forma parte del complejo Al-Haram ash-Sharif). La Escritura indica que el acuerdo permitirá a los judíos reconstruir su templo, en el cual reanudarán sus antiguos ritos de sacrificios de animales (Daniel 8:23–25; 9:27; 2 Tesalonicenses 2:1–4), suspendidos después de la destrucción del Templo. «La escatología judaica contempla la construcción del Tercer Templo en Jerusalén antes de la venida del Mesías. Por ende, quienes abrazan el judaísmo ortodoxo y conservador aguardan un Tercer Templo»93.

Gran parte de la parafernalia religiosa para el templo ya se ha fabricado. Los materiales de construcción están listos, y los sacerdotes y auxiliares ya han recibido la formación correspondiente94.

Más pistas

El profeta Ezequiel (c. 623–571 a.C.) llama al Anticristo «Gog, de la tierra de Magog, príncipe de Ros, Mesec y Tubal» (Ezequiel 38:2, LBLA). Los exégetas coinciden en que la antigua tierra a la que se conocía como Magog era una poderosa nación o región ubicada al norte de Israel. Si bien Rusia no existía en tiempos de Ezequiel, el término ros —que algunos autores escriben rus— se asemeja mucho al nombre de los pueblos que entre 700 y 800 d.C. se establecieron junto a los principales ríos que bañan el territorio que hoy ocupa dicho país y del que derivan el nombre de Rusia y el gentilicio ruso. Mesec y Tubal podrían ser Moscú y Tobolsk, ciudades que no se fundaron sino mil o dos mil años después de la época en que vivió Ezequiel. Moscú es la capital de Rusia; y Tobolsk, hasta hace poco, una de las poblaciones más importantes de Siberia. Dado que esas ciudades no existían en tiempos de Ezequiel, es comprensible que empleara nombres que le eran familiares y que sonaban muy parecidos. De ahí que algunos estudiosos de la Biblia consideren que el Anticristo bien podría surgir de Rusia.

La Escritura también ofrece indicios de que el Anticristo podría guardar alguna relación con Egipto (Daniel 8:22–26). Las visiones registradas en los capítulos 2 y 7 del libro de Daniel sugieren que el Anticristo tendrá vínculos con diez reyes de naciones que estuvieron incluidas en el imperio Romano, el cual abarcó una parte considerable de Europa Occidental y Meridional. El libro del Apocalipsis refiere que estos «entregarán su poder y autoridad a la bestia» (Apocalipsis 17:13).

La Gran Tribulación

Si bien la mayor parte del mundo acogerá inicialmente al Anticristo como una especie de mesías político, transcurridos tres años y medio desde la entrada en vigor del acuerdo de paz (que debería regir por siete años), él lo revocará. A partir de ese momento el carácter satánico de ese personaje saldrá a la luz. Por lo visto entonces invadirá Israel y se instalará en Jerusalén, convirtiéndola en su capital internacional (Daniel 11:45).

Su régimen abolirá todas las religiones, a excepción del culto al Anticristo y a su imagen, la cual estará de algún modo habilitada para hablar y hacer matar a todo el que no la adore (Apocalipsis 13:14,15). Jesús dijo que cuando viéramos «en el lugar santo [el templo] la abominación desoladora de la que habló el profeta Daniel [la imagen del Anticristo], habrá gran tribulación, cual no la ha habido desde el principio del mundo» (Mateo 24:15,21). De ahí el nombre de «Gran Tribulación» que se da a dicho período. Será una época de feroz persecución y represión de los creyentes a manos del Anticristo y su régimen (Daniel 7:21,25; 8:23,24; 11:31–35; 12:7,10; Apocalipsis 13:5–7).

Será entonces cuando el régimen del Anticristo intentará instaurar a escala mundial un nefasto sistema económico asociado al número 666. De ello nos ocuparemos en el siguiente capítulo.

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