«¡Mamita, tengo hambre!»

«Y habrá hambres…»


¿Hay hambre en nuestra época?

La pobreza extrema sigue siendo una realidad cotidiana para los más de 1.000 millones de personas que subsisten con menos de 1 dólar al día. El hambre y la desnutrición están casi igual de extendidas: La ingesta diaria de calorías de más de 800 millones es insuficiente para satisfacer sus necesidades energéticas. Más de una cuarta parte de los niños menores de cinco años de los países en vías de desarrollo sufren de desnutrición.
Esa desnutrición es la causa de más del 50% de la mortandad infantil, no solamente por la carencia de alimentos, sino también por el efecto debilitante de las enfermedades infecciosas y la falta de atención. En los países en vías de desarrollo más de 150 millones de niños menores de cinco años están bajos de peso.
De los 13 millones de muertes causadas por conflictos a gran escala entre 1994 y 2003, más de 12 millones se produjeron en el África negra, Asia Occidental y Asia Meridional. No es de sorprenderse que en esas regiones habiten tres cuartas partes de los 37 millones de refugiados y desplazados que hay en el mundo, y que el número de personas hambrientas se esté incrementando.
En ese mismo período, 669.000 personas murieron a consecuencia de catástrofes naturales, casi el 75% de las mismas en Asia Oriental y Meridional12.

Todo esto se ve agravado por un profundo cambio climático que afecta —o pronto afectará— a todos los rincones del planeta. Sir John Houghton, climatólogo británico que fue copresidente del Grupo de Trabajo I del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, advierte que aún no se ha visto nada de los estragos que causará el calentamiento global: «Al volverse el clima más extremo, muchos bosques desaparecerán, se propagarán enfermedades como la malaria, y hordas de refugiados famélicos cruzarán las fronteras13. El impacto del calentamiento del planeta será de tal magnitud que no dudo en calificarlo de arma de destrucción masiva»14.

Aunque el planeta no alcanzó una población de mil millones de habitantes hasta el año 1830, en solamente 100 años más se agregaron otros mil millones (1930), en 30 años más se llegó a los tres mil millones (1960), en otros 16 a los cuatro mil (1976), y en 11 más a los cinco mil millones (1987). La población del mundo ha aumentado en más del 100% en los últimos 50 años. Actualmente supera ya los 6.600 millones, y se estima que en el año 2030 ascenderá a 8.500 millones. El aumento de la población trae consigo una disminución de la cantidad de agua y de tierra cultivable disponible per cápita.

Si el mundo continúa consumiendo agua al ritmo actual, para el año 2025 más de 2.700 millones de personas sufrirán una grave escasez del líquido elemento, y otros 2.500 millones habitarán en zonas en las que será difícil hallar agua dulce para cubrir sus necesidades15. A futuro se prevé que el control de los recursos hídricos será importante causal de conflictos armados16.

A raíz del Cuarto informe de evaluación del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, en el cual se confirmó el calentamiento global y el aumento de la acidez y del nivel de los mares, la Secretaría General de la Estrategia Internacional para la Reducción de Desastres (EIRD) hizo un llamado urgente para hacer preparativos para afrontar catástrofes. El director de la entidad, Silvano Briceno, afirma que eso se traducirá en un incremento de las catástrofes naturales: olas de calor, inundaciones, sequías, y huracanes y tormentas tropicales de mayor intensidad17.

Una simple solución

La cruel paradoja es que el mundo produce suficientes alimentos para su creciente población. Si bien ciertas hambrunas obedecen a sequías u otros flagelos naturales, la mayoría se podría evitar de no ser por el egoísmo y la crueldad de la humanidad. Las guerras, las sanciones comerciales, la corrupción administrativa y la opresión económica son síntomas del problema de fondo. Mientras niños inocentes mueren de inanición, algunos países prósperos destruyen millones de toneladas de alimentos para mantener altos los precios, y otros imponen barreras artificiales, como sanciones económicas, que perjudican más que nada a los pobres.

Un artículo de la AP recoge la opinión vertida en ese sentido por el prestigioso instituto Pan para el Mundo en su quinto informe anual:

«El hambre que aflige al mundo tiene su raíz en el deterioro de los valores humanitarios», afirma dicha organización, que aboga por programas más ambiciosos para combatir la pobreza. En su informe apunta a la violencia, la inoperancia de los políticos, la pobreza, la discriminación racial y los trastornos ambientales como las principales causas de la desnutrición18.

A nivel mundial, la agricultura produce hoy en día 17% más calorías per cápita que hace 30 años, pese al incremento de 70% de la población. Eso basta para proporcionar a cada habitante del planeta al menos 2.720 calorías al día19. La Food Standards Agency del Reino Unido recomienda una ingesta diaria de aproximadamente 2.500 calorías para los hombres y 2.000 para las mujeres. El principal problema radica en que muchas personas del mundo no disponen de suficiente tierra para producir alimentos ni de ingresos para adquirirlos.

Las desigualdades que hay en el mundo se hacen patentes al considerar que los ingresos anuales del 1% más rico de la población equivalen a los del 57% más pobre20. El 20% más rico consume las cuatro quintas partes de los recursos del orbe21.

El costo económico de terminar con el hambre es relativamente bajo. El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo estima que las necesidades básicas de salud y nutrición de la población más pobre del planeta podrían cubrirse con 13.000 millones de dólares más al año. Lo que se gasta anualmente en comida para animales de compañía en Estados Unidos y Europa supera esa cifra22.
925 millones de personas pasan hambre hoy en día en el mundo, 80 millones más que en 2004. Todos los días mueren más de 16.000 niños por causas asociadas al hambre. Es como decir uno cada cinco segundos23.

Si todos aprendiéramos a regirnos por la Regla de Oro e hiciéramos con los demás como deseamos que hagan con nosotros, podrían erradicarse flagelos tan imponentes como el hambre que azota al mundo.

El peor derroche: la guerra

Con frecuencia las hambrunas son consecuencia de las guerras, por lo que más conflictos bélicos se suelen traducir en más hambre. Dwight Eisenhower (1890–1969), que fue presidente de los EE.UU., puso de relieve el tremendo derroche que representa la guerra:

Cada arma que se fabrica, cada nave de guerra que se bota, cada cohete que se dispara, constituye en definitiva un robo cometido contra los que padecen hambre y no tienen comida, contra los que pasan frío y no tienen ropa. Al armarse, el mundo no solo malgasta dinero, sino también el sudor de los trabajadores, la inventiva de los científicos, la esperanza de los niños. […] Bajo la amenazante nube de la guerra, la humanidad pende de una cruz de hierro. […] ¿No podrá el mundo vivir de otro modo?24

Veamos algunos datos recientes que confirman lo dicho por Eisenhower:

* En marzo de 2012, el costo de la guerra de Irak solo para los EE.UU. superaba ya los 800.000 millones de dólares. Hay investigadores que afirman que dicha guerra les cuesta a los estadounidenses 341 millones de dólares al día25.
* A nivel mundial se emplea en gastos militares la cifra sideral de 2,1 millones de dólares por minuto.
* Un avión F-35 Lightning II costará alrededor de 50 millones de dólares.
* Un helicóptero de asalto Westland WAH-64 Apache cuesta 46,2 millones.
* Un tanque Abrams M1A2, 5,6 millones.
* Un misil Tomahawk, 1,3 millones.
* Un misil Sidewinder aire-aire, 200.000 dólares.
* Las municiones de tanque cuestan entre 2.000 y 36.000 dólares cada una.

Según el Programa Mundial de Alimentos de la ONU, 20.000 niños mueren de hambre todos los días, aunque con apenas 19 centavos de dólar se le puede servir una comida a un pequeño26. El dinero que se emplea para costear la guerra de Irak durante un minuto alcanzaría para servir tres comidas a más de 415.000 niños. Hay aproximadamente 400 millones de niños en el mundo que sufren de hambre crónica. A cada uno de ellos se le podrían ofrecer tres comidas con lo que se malgasta en 16 horas de combate. Los recursos empleados en la guerra de Irak desde el año 2003 hasta mayo de 2008 habrían podido alimentar a todos los niños hambrientos del mundo durante más de seis años.

En el año 2005 había en todo el orbe unos 37 millones de refugiados y desplazados, mayormente a causa de guerras, trastornos políticos, conflictos civiles y estallidos sociales.

En 2005 los desplazamientos internos de población a consecuencia de conflictos afectaron a unos 50 países de África, América, Asia y Europa. Solamente en África hubo más de 12 millones de desplazados27.

Muchos se indignan al enterarse de lo que gastan en armamento los países pequeños en vías de desarrollo, donde muchas personas viven en la pobreza; en cambio, adoptan una postura más tolerante con los países desarrollados que «se lo pueden permitir». Sin embargo, comparativamente lo que gastan los países en desarrollo es insignificante.

Se estima que los gastos militares a escala global en el año 2010 ascendieron a 1,630 billones de dólares, un aumento en términos reales del 1,3% desde el 2008 y del 50% desde el 2001. Eso equivale al 2,6% del PIB mundial y corresponde a un gasto de 236 dólares por cada habitante del planeta.
Los 15 países que más gastan en su aparato militar representan el 82% del total. EE.UU., cuyos gastos militares han aumentado en un 81% desde 2001, gasta el 43% del total mundial. Lo siguen de lejos China, el Reino Unido, Francia y Rusia, que gastan cada uno entre el 3% y el 8% del total28.
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