Un anticipo del Cielo

Dios promete que nada hará mal ni dañará en todo Su santo monte (Isaías 11:9). Lo dice con referencia al Cielo, donde hallaremos perfecta paz. No habrá preocupaciones, ni llanto, ni dolor, ni muerte, y Dios enjugará todas nuestras lágrimas (Apocalipsis 21:4; 7:17). La felicidad colmará nuestra vida para siempre. Parece estupendo, ¿no? Pero Dios no quiere que esperemos a traspasar las puertas de perla del Cielo para empezar a disfrutar de esas maravillas. Tenemos la posibilidad de acceder ahora mismo a esa libertad, esa liberación de nuestros problemas, esa alegría, ese amor y esa paz. Hoy mismo toda tu familia puede gozar de un anticipo del Cielo en su propio Hogar. «La senda de los justos es como la luz de la aurora, que va en aumento hasta que el día es perfecto» (Proverbios 4:18).

Dios sabe que vivimos en tiempos turbulentos. Es consciente de que a veces la vida nos resulta harto complicada, y de que es particularmente difícil criar a los hijos según Sus preceptos habida cuenta de que en la sociedad hay tanta influencia en el sentido contrario. Sin embargo, esos obstáculos forman nuestro carácter, nos fortalecen y nos obligan a acercarnos a Dios en los momentos críticos. En la medida en que aprendemos a extender la mano de la fe hacia Él, Él alivia nuestras cargas y colma nuestra vida de amor y luz.

En tanto que fijes la mirada en aquel que vela por ti como un Padre, Él no permitirá que caigas. Si haces lo que puedes por seguir Sus consejos, Él bendecirá las obras de tus manos y bendecirá también a tus hijos. Tu alma se renovará bebiendo copiosamente del Agua de Vida, la Palabra de Dios. Haz lo que esté a tu alcance por vivir bien cerca de Él, y Él hará morada en tu corazón.

«[Jesús dijo:] El que me ama, Mi palabra guardará; y Mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él» (Juan 14:23).
«Por cuanto sois hijos [de Dios], Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de Su Hijo [Jesús]» (Gálatas 4:6).
«Bienaventurado todo aquel que teme al Señor, que anda en Sus caminos. Cuando comieres el trabajo de tus manos, bienaventurado serás, y te irá bien. Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa; tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa» (Salmo 128:1-3).
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