Un firme fundamento

Encamina a tus hijos hacia Jesús

Para dar a los niños un buen fundamento y prepararlos para la vida es de suma importancia ayudarlos a entablar una relación personal con Dios por medio de Jesucristo. Cuando son chiquitines es muy sencillo llevarlos a aceptar al Salvador. A continuación reproducimos un pasaje de Preescolares (publicado en esta misma colección) que puede ser de utilidad para abordar esta cuestión con niños pequeños:

Desde chicos los niños pueden rezar para aceptar la salvación eterna que Dios les ofrece y abrirle a Jesús la puerta de su corazón. Es tan sencillo que hasta muchos pequeños de dos años pueden hacerlo. Difícilmente puede encontrarse a alguien más sincero y dispuesto a creer que un chiquitín. Por eso dijo Jesús que debemos hacernos como niños para ir al Cielo (Mateo 18:3). Si un niño es capaz de hacer una oración sencilla —incluso a los dos años— ya está en condiciones de recibir a Jesús.

Cuando le hayas enseñado quién es Jesús —para ello es ideal una biblia infantil ilustrada—, explícale: «Jesús quiere vivir en tu corazón. Él te quiere mucho. Quiere ser tu mejor amigo y estar siempre contigo. Si le pides que entre en tu corazón, entrará. ¡Y ya nunca te dejará! ¿Quieres que entre en tu corazón?»

Luego haz una pequeña oración para que el niño la repita como buenamente pueda. Aunque no consiga decir más que la última palabra de cada frase, es suficiente, porque para Jesús lo que cuenta es la intención. La oración puede ser algo así como: «Jesús, entra en mi corazón. Perdóname por portarme mal a veces. Ayúdame a amarte y a portarme bien». Con eso, Jesús entrará en el corazón de tu hijo, y será salvo para siempre. Dios lo promote (Apocalipsis 3:20; Romanos 10:13). ¡Es así de sencillo!

A los niños mayorcitos conviene darles una explicación más completa de lo que es la salvación. Veamos un ejemplo de lo que se les puede decir. También puede ser algo más resumido:

Nadie es perfecto. Todos tenemos nuestros puntos flacos, y a veces hacemos cosas que no están bien. Pero Dios nos quiere tanto que desea perdonarnos y ayudarnos a cambiar. Para ello hizo un gran milagro: ideó un plan muy sencillo a fin de que cualquiera pueda salvarse. Lo único que tenemos que hacer es creer en Jesús y aceptarlo. Cuando él entra en nuestra vida, aparte de ayudarnos en la Tierra, también nos da vida eterna en el Cielo. La salvación es un regalo sensacional que Dios hace a todos los que aman a Jesús y creen en Él.

Dios desea que todo el mundo se salve, pero deja que cada uno escoja. Cada uno decide si acepta a Jesús y la vida eterna que Él nos ofrece.

• Jesús prometió: «He aquí, Yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye Mi voz y abre la puerta, entraré a él» (Apocalipsis 3:20).
• «De tal manera amó Dios al mundo que ha dado a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna» (Juan 3:16).
• «Si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. […] Todo aquel que invocare el nombre del Señor será salvo» (Romanos 10:9,10,13).
• «La paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro» (Romanos 6:23).
• «Esta es la promesa que Él nos hizo, la vida eterna» (1 Juan 2:25).

La salvación es así de sencilla. Una vez que tu hijo acepta a Jesús, ya la tiene. Para los padres es una experiencia maravillosa estar junto a sus hijos cuando estos descubren a Jesús y Su salvación.

Importancia de apacentar a los hijos con la Palabra de Dios

«La Palabra de Dios es viva y eficaz» (Hebreos 4:12). Vive en nosotros, nos habla y nos llena la vida de luz y entendimiento. A medida que ingerimos el agua viviente de la Palabra de Dios, comienza a transformar nuestro corazón, mente y vida. Empezamos a ver las cosas desde la perspectiva de Dios, que en muchos casos difiere sustancialmente de nuestra forma de pensar. Descubrimos cosas de nosotros mismos y de los demás que no habríamos alcanzado a ver de ninguna otra manera.

A nadie se le ocurriría decirle a un niño que se ha perdido en el bosque que busque por su cuenta el camino de regreso a casa. Nunca se nos pasaría por la cabeza no dar de comer a nuestros hijos, no vestirlos o no dejarlos salir a jugar, respirar aire puro y hacer ejercicio. Y tampoco debemos privarlos de las Palabras de vida, que imparten el poder, la luz y la vida de Dios. Jesús dijo: «Las Palabras que Yo os he hablado son espíritu y son vida» (Juan 6:63).

Con la Palabra de Dios los niños aprenden lo que está bien y lo que está mal y adquieren sólidos principios que los capacitan para hacer frente a las numerosas dificultades que se les presentarán en la vida. Y a medida que crezcan, sin duda tendrán que encarar muchas, porque la vida es un terreno de pruebas en el que aprendemos a tomar decisiones en consonancia con los preceptos del bien, en vez de escoger lo que es malo y perjudicial. Desde muy pequeños, los niños libran esta batalla espiritual y toman decisiones que pueden afectar en gran manera su vida y la de los que los rodean. Los padres podemos preparar a nuestros hijos para hacer frente a esas difíciles decisiones proporcionándoles una base de fe y un buen conocimiento de la Palabra de Dios.

• «¿Con qué limpiará el joven su camino? Con guardar Tu palabra» (Salmo 119:9).
• «En mi corazón he guardado Tus dichos para no pecar contra Ti» (Salmo 119:11).
• «Lámpara es a mis pies Tu palabra y lumbrera a mi camino» (Salmo 119:105).
• «Hermanos míos, fortaleceos en el Señor, y en el poder de Su fuerza. Vestíos de toda la armadura de Dios, para que podáis estar firmes contra las asechanzas del Diablo. Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este mundo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes» (Efesios 6:10-12).
• «Tomad toda la armadura de Dios, para que podáis resistir en el día malo, y habiendo acabado todo, estar firmes. Estad, pues, firmes, ceñidos vuestros lomos con la verdad, y vestidos con la coraza de justicia, y calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz. Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno. Y tomad el yelmo de la salvación, y la espada del Espíritu, que es la palabra de Dios» (Efesios 6:13-17).

Relatos de la Biblia para niños

Es muy beneficioso leer la historia sagrada a los hijos desde temprana edad; cuanto antes se empiece, mejor. Hasta los bebés pueden asimilar relatos acerca de Jesús y de hombres y mujeres de fe. Esto le servirá de cimiento para hacer descubrimientos más profundos de la Palabra de Dios cuando sea mayor. (En Disfruta de tu bebé y Preescolares se presentan ideas para enseñar la Biblia a niños pequeñitos.)

La Guía de actividades para estudiar la Palabra de Dios que aparece al final del presente librito enumera una serie de historias básicas de la Biblia que se pueden empezar a leer con los niños. Una actividad así estrecha las relaciones entre padres e hijos y los ayuda a crecer en la fe y entender la Palabra de Dios. Al leer y comentar esos relatos, sorprende la cantidad de enseñanzas que se sacan y son de aplicación en la vida cotidiana. El tomarse tiempo para hablar de los detalles y la moraleja de cada caso ayuda a los niños a aplicar esas enseñanzas a su propia vida.

Algunos relatos muy conocidos del Antiguo Testamento no son muy apropiados para niños pequeños porque tratan de violencia o inmoralidad, como por ejemplo la historia de Lot en Sodoma y Gomorra o el asesinato de Sísara a manos de Jael. Naturalmente, hay otros relatos de Antiguo Testamento que sí son apropiados para niños pequeños, como por ejemplo el de la creación, el del arca de Noé, el del llamamiento del niño Samuel, etc.

Explorar la Palabra de Dios constituye una aventura espiritual en la que puede participar toda la familia. No hace falta saberlo todo para empezar. Si tus hijos te hacen preguntas cuya respuesta desconoces, diles simplemente que aún no lo sabes, pero que si siguen leyendo seguramente lo averiguarán. Pídanle al Señor que los ayude a descubrir la respuesta mientras leen Su Palabra. A veces viene bien comentar las preguntas de los hijos con nuestro cónyuge o con algún amigo que sea lector de la Biblia. La Biblia es un libro muy extenso. Aunque se estudie a lo largo de toda la vida, nunca se llegan a extraer todos los tesoros que contiene.

Guardar la Palabra de Dios en el corazón

Un aspecto importante de estudiar la Palabra de Dios en familia es aprenderse de memoria ciertos versículos clave que sean alentadores y reconfortantes. Las promesas edificantes que memorizamos acrecientan nuestra fe y son una fuente de consuelo en los momentos difíciles, tanto para nosotros como para otras personas. En el Salmo 119:11 (al que hicimos referencia más arriba), la Biblia dice que debemos guardar la Palabra de Dios en nuestro corazón a fin de agradarlo y evitar hacer cosas que hieran o perjudiquen a los demás. Meditar en la Palabra de Dios y memorizarla purifica nuestros pensamientos y nuestro corazón. Las palabras textuales de Dios que nos aprendemos se convierten en lámpara para nuestros pies y ancla para nuestra alma. El conocimiento de las Escrituras nos hace crecer espiritualmente y nos permite entender mejor al Señor, a los demás y a nosotros mismos. Y el hecho de sabernos de memoria ciertos pasajes nos facilita la labor de transmitírselos a otras personas aun cuando no tengamos con nosotros una biblia. Si entendemos lo útil e importante que es conocer la Palabra de Dios, nos sentiremos motivados a estudiarla lo más a fondo posible y a no dejar de leerla y memorizarla con nuestros hijos.

En el apartado Versículos para memorizar en familia de la Guía de actividades para estudiar la Palabra de Dios que aparece al final del libro, se incluyen algunos versículos de utilidad para iniciar un programa de memorización con los hijos. Los mismos versículos se presentan con ilustraciones a todo color en los libritos de Apacienta Mis corderos, también de Aurora Production.

Si la memorización es algo nuevo para ti y para tus hijos, empieza con un versículo cada dos días. Lee el versículo del día mientras los niños desayunan. Conviene comentarlo brevemente con ellos para asegurarse de que lo entiendan y vean de qué manera lo pueden aplicar. De ser posible, hay que facilitarles una copia del versículo para que la lleven en el bolsillo o en su mochila escolar y puedan repasarlo a lo largo del día. Al final del primer día, todos pueden recitar el versículo juntos a la hora de cenar y repasarlo una vez más antes de que los niños se acuesten. Lo mismo se puede hacer el segundo día, y al final de la jornada podrías otorgar un pequeño premio a quienes se lo sepan de memoria. Los premios no tienen por qué ser gran cosa. Se trata simplemente de reconocer de un modo entretenido los avances realizados por los niños.

La colección Apacienta Mis corderos incluye una lista de control para ir anotando los versículos que se aprende cada niño. Otra forma de dejar constancia de los progresos que se hacen, si tienes más de un niño, es colocar un gráfico en la puerta del refrigerador o en algún otro sitio visible con sus nombres y la referencia de los versículos que estén memorizando. Cada vez que un niño se aprenda uno, pon un adhesivo o una señal en el sitio correspondiente. Los padres no deben olvidarse de incluir su nombre y ponerse un adhesivo o una señal —también pueden hacerlo los niños por ellos— cuando ya sean capaces de citar bien un versículo. La memorización debe ser un asunto de familia. Para que todos estén motivados e incentivados a seguir avanzando, tal vez convenga variar de vez en cuando de métodos o incentivos. Por ejemplo, se puede probar a colocar una señal junto a cada versículo memorizado, luego un adhesivo cuando se hayan aprendido cinco versículos, y hacer una salida o excursión juntos cuando todos hayan obtenido cuatro adhesivos (20 versículos).

Una vez que se vayan acostumbrando, probablemente podrán hacer un versículo al día. No te asombres si a los niños les resulta más fácil que a ti aprenderse los versículos. Eso debería incentivarlos. Aunque inicialmente memorizar sea un poco difícil, con el tiempo se irá haciendo más fácil y natural. Es como aprender a mecanografiar, conducir, tocar un instrumento musical o utilizar una computadora; la práctica hace al maestro.

Para que un programa de memorización dure, conviene disponer de un medio práctico de recopilar y repasar los pasajes aprendidos. Una idea podría ser escribir cada uno en una ficha, o fotocopiar la lista de control que aparece al final del libro, recortar los versículos y pegarlos en trocitos de cartulina. O bien fotocopiar la lista tal cual a fin de confeccionar un librito para cada niño. Si se escriben los versículos sobre una cara de la ficha y se anotan las referencias o palabras clave por el otro lado, pueden servir para hacer juegos de repaso de lo aprendido.

A veces es más fácil memorizar (y repasar) un salmo entero u otro capítulo de la Biblia que aprenderse un puñado de versículos separados, puesto que en un capítulo, generalmente los versículos tienen continuidad unos con otros; relatan algo o exponen un tema. Por otra parte, puede que resulte más útil contar con una serie de versículos variados y es una tarea de menos envergadura que aprenderse un salmo o capítulo entero, sobre todo al comienzo. Si bien es cierto que algunos pasajes extensos de la Biblia son muy alentadores y viene muy bien aprendérselos, una de las ventajas de memorizar versículos sueltos es que se abarcan más temas en menos tiempo: salvación, Espíritu Santo, curación, oración, fe, dar testimonio, protección de Dios, consuelo, etc. Prueba a aprenderte versículos que contengan promesas del Señor que significan mucho para ti, o que presenten verdades espirituales fundamentales, o que te hablen al corazón de un modo personal.

(El apartado Ideas para repasar los versículos memorizados, de la Guía de actividades para estudiar la Palabra de Dios que aparece al final del presente libro, contiene más consejos para no olvidar los versículos aprendidos.)

Dar a conocer a Jesús

Comprobarás que una vez que tú y tus hijos hayan aceptado a Jesús y comiencen a apacentarse de Su Palabra, sus vidas se transformarán. Empezarán a ver la diferencia en ustedes mismos, en sus actitudes y en su forma de encarar diversas situaciones. Es porque Dios les ha concedido el grandioso don de la salvación, el tesoro de Su Palabra y la paz y seguridad de Su amor. Han encontrado un tesoro inconmensurable que Dios quiere que compartan con los demás, para que ellos también puedan salvarse y gozar de las riquezas divinas que han descubierto ustedes.

El amor de Dios es infinito. Alcanza para todos, así que no dudes en abrir el cofre del tesoro a los demás. Una mirada amistosa, una sonrisa, un gesto de cariño o una palabra de aliento pueden brindarte la oportunidad de dar a conocer el mensaje del amor de Dios y Su salvación. Todo lo que has aprendido en este librito sobre aceptar a Jesús, Su salvación y Su Palabra puedes comunicárselo a tus familiares, amistades, compañeros de trabajo o de facultad y otras personas con las que te encuentres a diario. Lee y apréndete los versículos sobre salvación y dar testimonio del apartado Versículos para memorizar en familia que aparece al final de este libro, y deja que el Señor obre por medio de ti y de tus hijos para ayudar a otros a encontrar la salvación y una vida de alegría y satisfacción con Jesús, ahora y para siempre.

Si tus hijos (o tú) son tímidos y les cuesta hablar de Jesús a los demás, pidan juntos al Señor que los llene del Espíritu Santo, el maravilloso regalo que Él nos ha prometido a fin de capacitarnos para dar testimonio de Él. (Si quieres saber más sobre el Espíritu Santo y la forma en que puede ayudarte, lee Los dones de Dios, de la colección Actívate.)

Recibiréis poder cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo; y me seréis testigos (Hechos 1:8).

El mensaje que tus hijos pueden dar a sus amigos puede ser muy sencillo. Veamos un ejemplo: «Jesús es mi mejor amigo. Vive en mi corazón. Te quiere mucho y quiere vivir también en el tuyo. Será tu mejor amigo, y así un día todos estaremos juntos en el Cielo. Solo tienes que orar conmigo, y Jesús entrará en tu corazón».

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