Qué enseñar a los preescolares

Actividades que estimulan el desarrollo

Experimentación con los sentidos

• Las actividades relacionadas con el agua suelen ser muy divertidas para los niños pequeños, ¡aunque hay que estar preparado para mojarse! Después de comer les gusta lavar sus platos. (Para ello puedes colocar al chiquitín a tu lado sobre una silla firme, junto a la pila; ¡pero no lo dejes solo!) Limpiar ventanas o lavar el auto juntos también puede ser muy entretenido. Otra posibilidad es regar las plantas.

• Se le puede ayudar a experimentar con el sentido del gusto, preparando una bandeja con alimentos variados que pueda probar y conversando sobre la diversidad de sabores.

• Los juegos que tienen que ver con el sentido del oído son muy entretenidos y pueden jugarse en casi cualquier momento y lugar. Se puede enseñar al niño a hacer silencio un rato para escuchar los sonidos que se producen a su alrededor y tratar de identificarlos. Otra idea: Sentarlo de espaldas a uno y hacer algo que produzca un sonido particular. Se le pide que preste atención y adivine —por el sonido— lo que está pasando. Pronto querrá hacer algo él mismo para que el adulto adivine de qué se trata. ¡Es entretenido! Se puede jugar a los sonidos en los paseos; es sólo cuestión de ayudarle a identificar todos los sonidos que se oigan.

• Juego de los susurros: Si hay más de un niño de edad preescolar, el adulto se coloca de espaldas a ellos y pronuncia el nombre de uno de ellos en susurros, junto con una instrucción de algo que quiere que haga si logra oírlo. Otra idea: De un niño a otro se van pasando en susurros unas instrucciones que el último de la cadena debe llevar a cabo. Esta actividad les enseña a escuchar atentamente y a recordar lo que les dijeron. (Si en esto se descubre que uno de los niños no oye bien, tal vez convenga que lo vea un especialista. Lamentablemente, a veces sucede que se diagnostica mal a un niño que tiene problemas auditivos y se atribuye el origen de sus problemas a una deficiencia mental, cuando en realidad se trata simplemente de que no oye bien.)

• Tras colocar en una bolsa no transparente objetos domésticos que no entrañen peligro, se invita al niño a meter la mano en la bolsa e identificar los artículos uno por uno antes de ir sacándolos. Se le enseña el nombre de cada artículo y para qué sirve, o bien a describirlo en términos de tamaño, peso, color, uso, material del que está hecho, etc.

• Juego: Copiar las voces de los animales e imitar sus movimientos.

• Un buen ejercicio para mejorar sus aptitudes auditivas consiste en poner diversos materiales (sal, porotos, canicas, arroz, etc.) en pequeños recipientes opacos (como por ejemplo, tubos de película fotográfica). Pídele que sacuda el recipiente y adivine qué contiene, o que paree los recipientes que hacen el mismo sonido, o que los ponga en orden según si hacen más o menos ruido. (Asegúrate de que los recipientes estén bien cerrados o sellados para que no se salga su contenido mientras juega con ellos o los menea.)

• Dale al niño amplias oportunidades de aplicar el oído para descubrir determinado sonido. ¿Es capaz de identificar ciertos sonidos, palabras, etc.?

• Otra buena idea es hacer unas pruebas sencillas con la vista. (Cúbrele un ojo y pídele que lea una letra o palabra, o que identifique un dibujo o indique en qué dirección se mueve un objeto.) Ten en cuenta que algunas personas son daltónicas, y unas en mayor medida que otras. Si tienes cualquier duda acerca de la vista de tu hijo, consulta con un oftalmólogo. Las deficiencias visuales pueden afectar muchos aspectos de su desarrollo, mientras que normalmente son bastante fáciles de corregir.

• Muchos ejercicios consisten en establecer o comparar la forma y el tamaño de los objetos. Dale al niño una tarjeta con la imagen de un círculo y pídele que en un montón de tarjetas con diversas figuras geométricas, encuentre otra con un círculo. Más adelante puede encontrar la tarjeta que tiene un círculo del mismo tamaño entre varias con círculos de mayor y menor diámetro. Un ejercicio de este tipo le exige pensar y observar cuidadosamente. En las tiendas de juguetes venden juguetes de plástico y de madera que enseñan esas importantes aptitudes perceptivas; entre ellos: vasitos apilables que encajan unos dentro de otros, juegos de anillos de diversos tamaños que se colocan sobre un eje, caja con huecos de diversas formas por los que se meten las figuras, etc. También puedes confeccionar tus propios materiales con cartón o lo que encuentres a mano.

• Inventa juegos a partir de actividades cotidianas. Por ejemplo: Puedes hacer un paquetito con su refrigerio, esconderlo y decirle: «A ver si encuentras tu bolsita de la merienda». Ve dándole pistas de dónde puede encontrarlo. A los niños pequeños les encantan las búsquedas de tesoros y los misterios, ¡y las sorpresas comestibles!

• El juego de «Veo, veo» es uno de los favoritos de los niños pequeñitos y es una forma excelente de enseñarles toda suerte de aptitudes que tienen que ver con la discriminación y clasificación visual y auditiva de objetos. Por ejemplo, pide al niño que busque todos los objetos de una habitación cuyo nombre empiece con cierto sonido, que sean de cierto color o tengan determinada forma: «Veo, veo [...] una cosita en esta habitación que es azul y cuadrada».

Ver y palpar para comprender

Los juguetes que más tardan en aburrir a los niños suelen ser los más sencillos, los que les permiten ejercer dominio sobre la situación, realizar actividades y desarrollar su creatividad. Algunos juguetes costosos o de alta tecnología pronto son descartados, apenas dejan de ser novedad o de ofrecer al niño algo más que aprender. Una vez que ya no queda nada nuevo que hacer con cierto juguete o que el juguete ya hizo todo lo que es capaz de hacer, el niño vuelve a la sencillez de los juguetes con los que puede hacer cualquier cosa: cajas de arena con baldes y palitas; autitos de juguete; crayones y papel; muñecas y juegos de té; agua y recipientes con los que verterla; canicas; bloques y pelotas.

Los niños hacen muchos descubrimientos básicos y desarrollan numerosas aptitudes esenciales de forma espontánea, por medio de sus juegos y las actividades cotidianas más comunes. Es importante dar a los niños ocasión de ver, palpar y probar muchas cosas. Un ejemplo: A los niños pequeños les gusta hacer comparaciones y descubrir diferencias y parecidos entre las cosas. A algunos adultos les cuesta entender o incluso creer que un niño pequeño no siempre es capaz de comprender o apreciar las relaciones de proporción entre los objetos simplemente con mirarlos. Conviene dejar que los niños palpen las cosas lo más posible además de verlas, ya que así captan mejor el concepto de tamaño y entienden —por ejemplo— por qué un objeto grande no cabe dentro de un recipiente más pequeño. Piénsese no más en lo difícil que puede resultarle a una persona que no está familiarizada con las herramientas dar con la llave apropiada para determinado perno o tuerca. Y eso que todos los adultos contamos con años de experiencia, de observación y de tanteos.

Todo objeto presenta diversas características: puede ser liso o áspero, grande o pequeño, largo o corto, frío o caliente, ruidoso o silencioso, de bordes curvos o rectos, blanco o negro o de algún color, etc. Enseñemos al niño a apreciar y describir esas diferencias. Para ayudar a un niño pequeño a entender algo, es beneficioso proporcionarle muchas experiencias y ejemplos. Por ejemplo, si se desea que el niño capte el concepto de lo que es grande, se pueden hacer muchas comparaciones a lo largo del día: compara su camita con una grande, un plato llano con uno de postre, una cuchara con un cucharón, un autito de juguete con uno de verdad, etc.

María Montessori (1870-1952), educadora de renombre por sus avances en materia de educación preescolar, propuso presentar a los niños objetos y materiales que exhibieran claramente alguna cualidad física y permitirles compararlos con otros de características generales similares aunque con algunas diferencias. Sostenía que para facilitar el óptimo desarrollo intelectual del niño, éste necesita un cimiento de experiencias físicas que den a sus sentidos ocasión de ejercitarse evaluando diversos objetos y experiencias. A medida que el niño progresa a lo largo de una serie de actividades guiadas, se le enseñan las palabras y expresiones apropiadas para describir esos objetos y experiencias. Algunos de los materiales didácticos que diseñó son:

• Regletas, bloques y cilindros de madera de diverso tamaño, color y peso para enseñarles a hacer comparaciones y operaciones matemáticas elementales.

• Juegos de tablillas pintadas para enseñarles los nombres de los colores.

• Frascos pequeños con diferentes fragancias.

• Telas y superficies de variadas texturas a fin de enseñarles a distinguirlas e identificarlas por medio del tacto (concepto de liso y áspero, por ejemplo).

• Objetos que parecen iguales pero son de diferente peso.

• Cilindros opacos, idénticos, con diverso contenido, que suenen diferente al sacudirlos (también pueden hacerse dos de cada, a fin de emparejar los que producen el mismo sonido).

• Piezas de madera de diverso tamaño, estilo rompecabezas armables, que los niños pueden aprender a colocar de vuelta en su lugar.

• Rompecabezas con tiradorcitos, que estimulan el desarrollo de la motricidad fina.

No es necesario poseer materiales sofisticados. Simplemente los mencionamos a fin de exponer los principios didácticos que conviene tener en cuenta cuando uno se topa con piedras de diverso tamaño, hojas de diferente color, telas de diferente textura, muestrarios de colores, etc. Así los aprovecha para aportar al niño experiencias que le permitan descubrir muy diversas cualidades y contrastes en los objetos que los rodean.

Actividades que fomentan la coordinación muscular

Todo niño necesita desarrollar la coordinación necesaria para caminar, correr y mantener el equilibrio. Pero no sólo eso: también está la motricidad fina, que le posibilitará escribir, moverse con soltura y emplear las manos y otras partes del cuerpo en funciones específicas.

• Es importante inculcarles a los niños la costumbre de hacer ejercicio. Conviene hacerlos correr, saltar, gatear, rodar, brincar a la pata coja, lanzar y agarrar pelotas, esquivarlas, etc.

• Los movimientos más específicos se llegan a dominar con la práctica. Para que aprenda a mantener el equilibrio, se puede hacer que el niño camine sobre una pequeña tabla de madera o una línea dibujada en el piso con tiza o hecha con cinta adhesiva. Hasta podría llevar algo en las manos al mismo tiempo. Se le puede hacer practicar el verter agua (inicialmente se puede hacer con porotos, para evitar que el agua se derrame): desde una jarra a una taza, desde una taza a otra, transferir el agua con una cuchara, verterla en un embudo, etc. A medida que mejore se puede incrementar el peso o la cantidad de agua o de granos con que vaya a trabajar.

• La coordinación entre la vista y las manos es una parte integral de la educación inicial. Sin ella, un niño tendrá dificultades en muchos campos. Los juguetes de construcción que le exigen esa coordinación son ideales. Hay muchas actividades y juegos que un niño puede hacer para desarrollar la motricidad fina. Por ejemplo, poner de punta fichas de dominó una junto a otra (si se tira una se caen todas); juguetes en los que haya que conducir una canica a lo largo de cierta trayectoria evitando que caiga en algún hueco, o bien conseguir que varias canicas entren en un conjunto de huecos. Recomendamos buscar ejercicios que supongan un reto en ese sentido y animar a los niños a ejercitar su coordinación. (Advertencia: ¡Las canicas pueden ser muy peligrosas! Si un niño se traga una se puede asfixiar, pues a veces resulta muy difícil sacársela de la garganta. Antes de darle canicas a un niño hay que estar seguro de que ya dejó atrás la etapa en que se metía todo en la boca.)

• Se puede preparar al niño para aprender a escribir dándole muchos ejercicios para los dedos pulgar, índice y medio de la mano derecha (o izquierda): animándole a agarrar objetos pequeños con esos dedos, haciéndole sostener crayones y otros objetos con forma de lápiz como si se dispusiera a escribir. Los rompecabezas y juguetes con tiradorcitos pequeños son buenos también para esto.

• Es muy fácil confeccionar bolsitas con calcetines viejos o retazos de tela. Se rellenan de frijoles, arroz, lentejas o palomitas de maíz, y luego se termina de cerrar la última costura. El niño puede arrojarlas dentro de un balde o papelero. También se le puede enseñar a equilibrar las bolsitas de lentejas sobre la cabeza mientras camina. Además se pueden usar para que practique atraparlas cuando se le arrojan.

• Algo que fomenta mucho la buena coordinación entre la vista y las manos en los niños muy pequeños es hacer rodar pelotas en dirección a ellos. Basta con conseguirse un juego de tres o cuatro pelotas de goma de diferentes colores que se puedan usar para jugar dentro de la casa. Se pueden inventar y adaptar toda clase de juegos que interesarán a los chiquitines: bowling con botellas plásticas (hay que colocarlas en triángulo, como los bolos); hacer rodar las pelotas por un plano inclinado para derribar un objeto que se haya colocado en el camino; arrojar todas las pelotas a una bañera y adivinar cuál de ellas será la primera en detenerse en el desagüe (hay que asegurarse primero de que las pelotas son más grandes que el desagüe); juegos sencillos de canicas; hacerlas rodar de una mesa tratando de que caigan dentro de vasos, bandejas de huevos, etc.

• El congelado es un juego muy divertido para jugar con niños pequeños: Todos bailan mientras se oye la música. Cuando esta se detiene todos deben quedarse congelados, evitando todo movimiento.

• Es bueno practicar con los hijos juegos que entrañen mucho movimiento, toma de decisiones y observación: brincar al ritmo de una canción, imitar al líder, atrapar la pelota, las escondidas, la mancha, etc.

Adquisición de las destrezas necesarias para la vida cotidiana

La vida entraña aprender miles de cosas —desde verter agua hasta apagar las luces cuando ya no las necesitamos—, y los niños de 2 y 3 años están en una edad ideal para empezar a hacerlo. El hogar ofrece incontables oportunidades a los niños pequeños en ese sentido. Con solo detenerse un minuto para enseñarle cómo funciona algo y después dejar que lo intente él, se puede hacer de cada cuarto y de cada objeto de cada cuarto una actividad didáctica. Cuando los niños escuchan explicaciones, intentan hacer cosas nuevas y aprenden a usar algo por primera vez se desarrollan física e intelectualmente.

El cuidado de las cosas

Es muy importante aprender a cuidar bien de las pertenencias personales y del entorno. Se debe tener un sitio donde poner los juguetes después de usarlos, donde guardar la ropa cuando el niño se la quita, etc. Conviene ayudar al niño a habituarse a recoger sus cosas cuando termina con ellas; a colgar su chaqueta, a doblar y guardar sus pijamas en la mañana, etc. Haz que lo disfrute prodigándole abundantes elogios cuando haga bien la tarea.

Un entorno ordenado hace que el niño se sienta más seguro y le ayuda a empezar desde muy pequeño a adquirir buenos hábitos. El entorno en que vive lo afecta directamente (y también a sus padres), así que hay que procurar mantenerlo limpio, luminoso y alegre. Si se le hace participar en la labor de mantenerlo así —empezando por quehaceres muy sencillos— se le enseña a ser responsable. Al mismo tiempo desarrolla nuevas destrezas, mejora su coordinación y aprende a tener consideración por los demás.

Normalmente a los niños pequeños les encanta colaborar en la casa. Son capaces de asistir en pequeños quehaceres que les proporcionan experiencias de aprendizaje. Desde los dos años se les puede enseñar el arte de mover las cosas en forma segura y silenciosa (su mesita y sillitas, por ejemplo). Mientras se cuelga la ropa se le puede enseñar a contar a medida que él te va pasando las pinzas. Que ayude a su papá a lavar el auto. Mientras preparan juntos la ensalada se le puede ir hablando de los alimentos, las vitaminas y la importancia de la higiene.

Los quehaceres domésticos pueden resultar actividades didácticas muy divertidas para los niños pequeños: vaciar los papeleros, limpiar, ordenar, barrer, lustrar, desempolvar, doblar la ropa, poner la mesa y hacer las camas. A la hora de hacer el aseo de su cuarto, el niño puede pasar el trapo a la estantería de los juguetes y lavar los juguetes de plástico. Si se colocan unos ganchos y estantes a su altura para que pueda tomar y dejar solito su toalla, su guante de baño, su cepillo de dientes y su ropa es probable que, de ser un nene dependiente y quejica, ¡se transforme en una personita satisfecha y servicial!

Se les puede enseñar a realizar cada tarea concienzudamente, bien y hasta el final. Para los niños de dos años y medio a cuatro años de edad, estudiar todos los detalles relativos a doblar la ropa o quitar el polvo puede resultar muy interesante, hasta fascinante. Le llevará tiempo aprender a hacerlo solo. No se puede pedir que sus primeros intentos sean muy eficientes. Sin embargo, a los niños les encanta imitar la forma correcta de hacer las cosas si se les indica detenidamente cuál es.

Herramientas y utensilios

Es importante que el niño aprenda a usar adecuadamente herramientas sencillas y utensilios. El empleo de los cubiertos, por ejemplo, es uno de los primeros. Las actividades cotidianas como clasificar objetos, llevar una bandeja cargada y guardar la comida que se acaba de comprar, o la que sobré del almuerzo, son muy buenos ejercicios que lo preparan para el aprendizaje de la escritura e incluso la lectura.

Para emplear correctamente muchos implementos y utensilios del hogar el niño debe practicar hasta adquirir habilidad. Por ejemplo para tomar trozos de pan con las tenacillas; verter agua en un vaso hasta cierto nivel; emplear un gotero; medir ingredientes; servir una cantidad determinada de cucharadas; usar unas pinzas; untar pan con mantequilla; desenroscar una tuerca; abrir diferentes cerraduras, puertas y cajones; abrir y cerrar diversos recipientes. (Se debe aprovechar para explicarle qué líquidos y recipientes son peligrosos y no se deben tocar, además de mantenerlos fuera de su alcance. Aprovechemos todas las ocasiones que podamos para enseñarle medidas de seguridad.)

Observando detenidamente la habitación del niño y el entorno donde vive se descubren cientos de actividades con las que podrá practicar sus destrezas, así como detalles de seguridad y prevención que enseñarle.

La vida con ojos de niño

Recuerda que por lo general los niños hacen las cosas por diferentes motivos que los mayores. No suelen pensar tanto en el propósito de una actividad, sino que hacen las cosas porque disfrutan haciéndolas. La actividad en sí suele ser motivo suficiente para hacer algo. Terminar lo que empezaron no es tan importante para ellos. A veces los mayores nos impacientamos con los niños por la lentitud con que hacen las cosas. No vemos por qué simplemente no se apuran y terminan de una vez. Es posible que un niño tenga una buena capacidad de concentración para su edad, pero tal vez no se esté concentrando en lo mismo que tú. Puede que a ti te interese que termine porque tienen que pasar a otra cosa, pero a lo mejor a él no le interesa terminar rápidamente una actividad que le resulta entretenida o poner fin a un momento agradable sólo para empezar otra cosa. Si es necesario darse prisa, tenemos que tomarnos la molestia de explicarle por qué y en qué se beneficiará él.

No conviene andar metiéndole prisa todo el día ni impedirle que absorba las experiencias y disfrute de las actividades que realiza, sino más bien darle tiempo para aprender, observar, explorar y experimentar. Al salir de paseo con él para observar la naturaleza no hay que apurarlo. Puede que tanto él como tú se pierdan algo importante. ¡Ojalá disfruten plenamente la creación divina: las vistas y sonidos, las criaturas pequeñas y grandes, el viento, el sol y la lluvia! Viene bien hacer memoria y evocar las experiencias que tuvimos de niños que se nos quedaron grabadas en la memoria: chapotear descalzos en los charcos, imaginar que las hojas arrastradas por la corriente de un arroyo eran barcos en un río caudaloso... Demos a los niños tiempo y oportunidades para aprender del más fabuloso de todos los maestros: el Creador y Su creación.

Aseo personal / autosuficiencia

Cuanto más se le enseñe a un niño a cuidar de sus cosas y ser independiente, más tiempo tendrán los padres para realizar otro tipo de actividades con él. Por otra parte, hay que tener en cuenta que mientras los pequeños estén aprendiendo, a nosotros nos parecerá que cada tarea —como la de vestirse— les toma una eternidad. Y es fácil impacientarse cuando se están preparando para salir, por ejemplo. (Naturalmente, habrá ocasiones en que habrá que hacerlo por ellos, ¡pero por lo general no les hace gracia!)

Para que aprenden lo que deben hacer para cuidar y proteger sus cuerpecitos necesitan instrucción y práctica. Hay que explicarles y repetirles muchas veces los principios y pautas de salud, higiene y seguridad: el aseo personal; el cuidado de los dientes, el cabello y la ropa; la limpieza de los oídos (para lo cual no deben usar bastoncillos, sino una toallita y el dedo); el uso del inodoro y lavarse las manos cada vez; el abrochamiento de botones, hebillas, cierres de presión y cremalleras; peinarse y trenzarse el pelo; lustrarse los zapatos; vestirse; comer con buenos modales; cruzar la calle en forma segura, etc.

Aprender a atarse los cordones de los zapatos suele ser un logro mayúsculo. Se puede usar un zapato de cartón para que practique. Primero se dibuja el contorno de un zapato con cordones en un trozo de cartón. Luego se dibujan los detalles del diseño marcando claramente los ojales por donde pasan los cordones. Se agujerea el cartón en esos puntos, se pasa un cordón por ahí, y ya está listo.

Desenvolvimiento social (interés y consideración por los demás)

Son muchas las destrezas sociales que puede adquirir un niño pequeño. Al permitirle incorporarlas a su conducta canalizamos parte de sus energías en algo positivo. Además hace que se sienta útil y una parte integral de la familia o de una iniciativa determinada emprendida por ésta.

Desde temprana edad se debe enseñar a los niños a ser considerados con los demás. Conviene, por ejemplo, que aprendan a respetar los cuartos privados, a pedir las cosas por favor, a dar las gracias, a decir «perdón» cuando tienen que interrumpir una conversación, a saludar a la gente y a guardar su lugar cuando están en presencia de otras personas que están conversando.

Otra cosa que pueden aprender a hacer por los demás es poner la mesa debidamente, así como preparar y servir ciertas comidas y bebidas (jugos, leche, sandwiches, etc.). Conviene que usen jarras, platos y vasos irrompibles. Les encanta tomar el té con todo el servicio, para lo cual se puede servir agua, leche, jugo o infusiones de yerbas en lugar de té cafeinado.

Si uno se quiere aventurar a preparar alguna comida sencilla con niños pequeños, hay que recordar que no se les debe quitar la vista de encima en la cocina. Pueden ayudar a dar forma de bolita a galletas que no necesiten cocción (hechas con mantequilla de maní, avena, leche en polvo o cosas así), a cortar o mezclar la fruta para una macedonia, a colocar rebanadas de pan en una bandeja para preparar sandwiches, a mezclar los ingredientes para hacer una torta o panqueques. (La parte del fuego es demasiado peligrosa para esta edad.)

Es bueno alentar a los niños a tener gestos de consideración con los demás. Se les puede ayudar a preparar una sorpresa para alguien a quien quieren o que necesita una muestra de cariño o un detalle. A los niños les encanta tener gestos bondadosos porque es muy gratificante. La amabilidad y la consideración se aprenden mayormente viendo un buen ejemplo, y cuando la gente espera de uno que manifieste esas cualidades y le estimula en ese sentido. Los niños aprenden enseguida a ser serviciales, a ordenar el cuarto cuando mamá se siente cansada, a traerle a papá sus pantuflas, etc. Cuando sean amables y considerados con otras personas conviene recompensarlos con una gran muestra de afecto, prodigarles elogios y darles las gracias por el bien que han hecho. Eso refuerza el buen comportamiento y fomenta la adquisición de buenos modales.

Preparación para la escuela

A continuación ofrecemos algunas ideas de lo que se puede hacer para canalizar parte de las ilimitadas energías y aptitudes de los niños chicos hacia actividades provechosas y didácticas.

Importancia de los libros

Los libros contribuyen a ampliar el vocabulario del niño y lo introducen en nuevos mundos de experiencias acerca de personas, lugares y cosas que se extienden más allá de su ámbito cotidiano. Inicialmente los chiquitines se interesan más por imágenes de objetos que les son familiares.

Cuando se está con niños pequeños y bebés es importante tener en cuenta la orientación de izquierda a derecha del español impreso (y también de las demás lenguas occidentales). Cuando un niño observa un libro, no lo hace automáticamente de izquierda a derecha. Se trata de algo que hay que enseñarle. A fin de facilitarle la lectura más adelante, conviene enseñarle al niño a dar vuelta las páginas en sentido correcto y, cuando se le lee, señalarle que se está leyendo las palabras en orden, de izquierda a derecha. También se le pueden indicar los puntos al final de las oraciones y explicarle: «Este puntito significa que aquí termina la oración. Entonces, cuando veo un puntito de ésos, hago una pausa. Repasa toda la página empezando por la línea de arriba y de izquierda a derecha, como hago yo cuando te leo, y señálame todos los puntos». (Si es necesario, se le puede tomar el dedito y guiarlo por las líneas, deteniéndose en cada punto.)

Un niño pequeño es capaz de aprender a manipular un libro correctamente. Si uno siempre trata los libros de la misma manera cuando le lee a un niño, al poco tiempo él la imitará. Hay que enseñarle a respetar los libros y no permitirle que arranque páginas ni los deje tirados en el piso. (Si un libro se rompe o rasga sin querer, lo ideal es repararlo junto con el niño.) Hasta a los niños muy pequeños se les puede enseñar a guardar sus libros de vuelta en la estantería. Cultivar buenos hábitos en un niño pequeño requiere tiempo y esfuerzo, pero en poco tiempo disfrutará del sentido de la disciplina y de las ventajas de vivir en un ambiente de orden.

Cuando se le relata una historia o un suceso a un niño pequeño, conviene hacerlo en el orden temporal en que se produjeron los acontecimientos. Para él puede resultar todo un desafío comprender y seguir una secuencia de hechos. Se puede contribuir a desarrollar esa aptitud relatándole narraciones breves (de la historia sagrada, por ejemplo) y luego pidiéndole a él que las cuente. Es útil contar con un libro ilustrado que muestre claramente la secuencia de los acontecimientos. Incluso un juego de dibujos o esquemas sencillos de los sucesos sirve de mucho; sólo hay que pedirle que ponga las imágenes de la historia en el orden en que se la contaste.

Preparación para la lectura y la escritura

Prepara tarjetas con las palabras nuevas que esté incorporando a su vocabulario o las que más le gusten —con letra minúscula bien clara, trazos grandes y gruesos— y pégalas o cuélgalas en el rincón donde habitualmente juega. Por ejemplo, pon los nombres de sus juguetes favoritos. Eso lo estimula a empezar a leer. Si se pegan tarjetas así a fotos interesantes recortadas de revistas, se le pueden enseñar en momentos en que esté tranquilito, o se le pueden fijar a las paredes de su dormitorio o sala de juegos.

El empleo de juegos y juguetes didácticos que le den ocasión de practicar la lectura y el conteo, así como también otras destrezas, puede resultar muy beneficioso.

Otra idea es ayudar al niño a confeccionar un álbum de recortes pegando en un cuaderno sus mejores dibujos, fotos y recortes de cosas que le gustan. A cada cosa se le puede poner un pie de foto, para que vaya practicando la lectura. Le encantará crear un libro propio.

A los niños pequeños les encanta escribir cartas a todo tipo de gente, tanto real como inventada (a una niñita hasta se le ocurrió escribirles a sus hijitos imaginarios). Se les puede animar a que nos dicten una carta mientras nosotros la vamos escribiendo palabra por palabra. Luego se les dice que lleven la carta a otra persona y le pidan que se la lea. Esta actividad refuerza enormemente la conexión entre el lenguaje escrito y el lenguaje oral, e incentiva al niño a leer y escribir.

Una actividad fácil y rápida de preparar en la cocina es colocar un poco de sal en una bandeja o plato de color oscuro o que haga contraste y dejar que el niño dibuje con los dedos en la misma. Solo hay que sacudir el plato para borrar el último dibujo y volver a empezar.

Interpretación de dibujos

Da al niño una ilustración o fotografía sencilla de algún acontecimiento y pídele que te diga lo que ocurre o lo que va a suceder en la misma. Si el niño logra comprenderla demuestra que tiene la capacidad mental de la interpretar imágenes y que está preparado para apreciar y comprender cosas y relatos más abstractos.

Comprensión

La forma más eficaz de ayudar a un niño a comprender lo que le dices es ponerle un ejemplo en vez darle un sermón. Los actos son más elocuentes que las palabras, aunque también hay que incluir estas últimas.

Hablar con un niño pequeño se asemeja mucho a tratar de comunicarse con alguien que habla otra lengua; hay que valerse de todas las formas posibles para hacerse entender. El que alguna vez haya tenido que echar mano de papel y lápiz y dibujar lo que quería expresar para que alguien lo comprendiera sabe a qué nos referimos. Eso es lo que hay que probar con los niños a veces. Cuando haya que explicarles algo, conviene tener a mano un bloc. Si se puede apelar a dos o más sentidos durante una explicación, mejor. Representar con mímica lo que se quiere decir es también muy eficaz.

Si el niño intenta algo pero le sale mal, tenemos que mostrarle nuevamente la manera de lograrlo. Si se trata de algo que se hace con las manos, da buen resultado sentárnoslo en la falda y rodearlo con nuestros brazos de modo que nuestras manos queden en la misma posición que las suyas para realizar la tarea (por ejemplo atarse los zapatos). Conviene mostrarle las cosas desde su perspectiva.

Lenguaje

Demos a los niños buen ejemplo de hablar correctamente. Conviene, además, procurar que nos respondan con palabras y ayudarlos a construir bien las oraciones.

Es beneficioso jugar a hacer los sonidos con los que tienen mayor dificultad. Se les puede enseñar a taparse la boca con las manos para conseguir un efecto sonoro diferente, o dar un tubo para que emitan el sonido por él y así generar un efecto de eco. Hasta los niños mayores cantan en voz alta cuando se dan cuenta de que hay un eco.

Vale la pena grabar al niño hablando y luego hacerle escuchar su propia voz; se mostrará sorprendido y en muchos casos eso lo estimulará a emitir más sonidos.

A los niños de edad preescolar les encantan las rimas. Les parece divertido tratar de encontrar palabras que rimen.

Manualidades

No es que queramos promover que los niños desperdicien alimentos, pero de vez en cuando resulta entretenido hacer otras cosas con los alimentos que no sea comerlos. El arroz, los macarrones, los espaguetis y las papas bien pueden contribuir a evitar que un niño pequeño se trepe por las paredes en un día lluvioso porque no puede salir. Con ellos se pueden realizar actividades tranquilas y muy entretenidas sin necesidad de encender la televisión.

Con papas: Se talla en la superficie de cada papa o trozo de papa una figura plana que se usará a modo de sello o tampón (pueden ser cuadrados, rombos, círculos, corazones, estrellas, signos de suma y resta, el signo igual, etc.) Hasta se puede hacer una almohadilla con una esponjita empapada de pintura lavable.

Con papas y palillos escarbadientes, trocitos de pajitas o ramitas: clavando los palitos en las papas a modo de piernas y brazos se pueden formar figuras muy graciosas.

Con fideos o macarrones huecos (crudos): Se pintan y se ensartan en un hilo para hacer un sencillo collar.

Con granos de arroz, lentejas, espaguetis, semillas de lino, etc.: Se sitúan los diversos materiales en un cartón o cartulina —en el que se puede haber trazado un dibujo de antemano— y se crea un collage en relieve. La superficie sobre la que se colocan las semillas se cubre primero con una mezcla de harina, sal y agua, para que se queden pegadas.

Para todo este tipo de actividades conviene usar delantales. Un beneficio de ellas es que favorecen el desarrollo de la motricidad fina, de la coordinación de los dedos, pues el niño tiene que tomar cada piececita y ponerla en su lugar.        

Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.