Comprensión mutua

Pregunta: A veces me da la impresión de que mis hijos viven en otro planeta. No entiendo su conducta. ¿Es que no les caigo bien? ¿Por qué se molestan cuando les pido que me echen una mano en la casa? De verdad necesito su ayuda. ¿Es que no se dan cuenta?

Nota de los editores: A veces nos cuesta comprender los conflictos de nuestros hijos. Tendemos a ver de qué maneras nos afecta su conducta, y no siempre captamos la agitación, la confusión y las inquietudes que con frecuencia tratan de resolver por su cuenta. El siguiente clamor de un joven nos permite captar mejor cómo se sienten interiormente los chicos de esa edad, y puede servirnos para entenderlos mejor y mejorar nuestra relación con ellos.

Absortos en nuestros conflictos y dificultades personales, muchas veces los adultos olvidamos que la juventud es una edad turbulenta, llena de primeras experiencias dolorosas y de auténticas tragedias: el grano en la cara en el que todos se van a fijar; la vestimenta que nunca queda bien en un cuerpo desgarbado; la decepción tremenda que ocasiona un padre que no cumple lo prometido. Es la escuela de la vida adulta, en que uno prueba su independencia y conoce toda suerte de triunfos y fracasos.
Anónimo

El clamor de un muchacho

Dios, ¿puedes ayudarme Tú? ¿Quién puede ayudarme? No comprendo qué me pasa. Todo es tan difícil. Estoy por los suelos. No entiendo lo que me sucede por dentro, lo que siento; ¡son tantas emociones! Tanta presión me agobia. ¡Qué complicaciones!

Por más que me esfuerzo por hacer las cosas bien, no lo consigo. A veces ya no sé cómo complacer a mamá: quiere que lo haga todo a la perfección. No quiero quejarme, pero a veces me siento como un sirviente.

No sé si de verdad se preocupan por mí. Yo desde luego agradecería recibir algunas muestras de cariño y aprecio en vez de tantas críticas y reprensiones. Sé que meto la pata, pero ¿qué puedo hacer para cambiar? Estoy muy confundido; no me aclaro. Trato de complacer a mis padres y mis compañeros, pero ni con unos ni con otros me va bien. Nada me resulta, siempre lo echo todo a perder. Siempre la embarro y me gano un sermón.

Estoy en un hoyo, y no logro salir por más que lo intento. Además, ¿qué ganaría con ello? Todo el mundo ya me tiene encasillado. Por lo visto sólo prestan atención a los rebeldes. Quizá sea esa la onda. ¡Es tan difícil portarse bien!

No me gusta estar sin hacer nada. Cuando voy por ahí y me pongo los audífonos con la música bien fuerte, al menos me olvido de todo por un rato. Lo malo es que aun así me siento vacío, muy vacío. ¡Estoy tan desanimado!

Ojalá pudiera hablar de estas cosas con alguien; pero ¿quién me entendería? Estoy muy confundido, me siento como pez fuera del agua. ¿Qué será lo que me pasa? Estoy hecho un lío. Me siento muy solo. ¿Es eso lo que ocurre cuando uno se hace mayor? Los sentimientos que tengo y los cambios que se producen en mi cuerpo me inquietan y me asustan. ¿Comprenderá alguien lo que estoy viviendo? ¿Quién me podría ayudar? ¿Quién tiene tiempo?

¡A veces me dan ganas de huir de todo! Sin embargo, en el fondo quiero hacer algo en la vida. ¡Solo que me parece tan difícil! Me gustaría transformar el mundo, pero no sé cómo.

¡Necesito ayuda! Me da la sensación de que me están pasando muchas cosas por dentro, y nadie me escucha. Hay tanto que quiero hacer, lugares que quiero visitar, gente que quiero conocer, experiencias que quiero vivir. ¿Habrá alguien que me pueda ayudar a salir adelante? Necesito a una persona que me guíe.

Será que estoy haciendo algo mal; pero ¿qué? ¿Quién me puede ayudar? ¿Por qué me siento así? ¿Será que Tú, Dios, no me amas tanto como a los demás? Tengo miedo. El mundo me da miedo, y todo se ve muy difícil. ¿Qué va a ser de mí?

Nota de los editores: Después de leer esta muestra de los pensamientos y sentimientos de un joven, es posible que te preguntes qué medidas concretas puedes tomar para hacerles ver a tus hijos que los comprendes. ¿Qué puedes hacer para sintonizar más con ellos? A continuación encontrarás excelentes consejos prácticos para motivar a tus hijos a ser responsables y trabajadores.

Cómo superar las barreras

Todos sabemos que en el mundo de los adultos, cuando existe una desavenencia entre dos personas, por lo general cada una tiene que ceder en ciertos aspectos para poder llegar a un acuerdo. Pero en el caso de los adolescentes, es posible que para acercarte a ellos te toque hacer muchas más concesiones a ti, en el sentido de que debes tratarlos con mucha tolerancia y comprensión y procurar demostrarles que los amas y que te interesas por su felicidad; no por que tengan lo que a ti te parece que los hará felices, sino lo que les gusta hacer a ellos.

La vida es una dura escuela. Por eso, es comprensible que quieras que tus hijos adolescentes te ayuden con las labores del hogar o que cuiden a veces de sus hermanos. Al fin y al cabo —piensas—, dentro de poco tendrán que enfrentar la vida, y verán que nadie les hará la cama, ni les recogerá la ropa sucia, les hará la comida o los dejará dormir hasta tarde cada cuando. Es cierto que tus hijos necesitan autodisciplinarse y adquirir buenos hábitos de trabajo. Pero habiendo establecido eso, verás que también tienes que colmar el otro platillo de la balanza. ¿De qué manera? Sencillamente dejando que se diviertan.

La adolescencia es una edad de contradicciones. Los ritmos de desarrollo corporal, mental y emocional son diferentes, y no puedes saber con exactitud qué les pasa en un momneto determinado si ni ellos mismos lo saben. Pero es innegable que la mayoría tiene una gran avidez de divertirse y pasarlo bien. Bríndales muchas ocasiones de satisfacer esa necesidad, y así les darás a entender que eres consciente de ella. Una vez que hayas demostrado con tus actos que quieres darles todas las oportunidades posibles de disfrutar de la vida mientras son jóvenes, descubrirás que aceptan mucho mejor lo que representa el otro platillo de la balanza: el trabajo duro y la colaboración con las tareas de la casa. Si ven que reconoces sus necesidades y haces todo lo posible por atenderlas, estarán más dispuestos a reconocer la tuya de que echen una mano con las labores domésticas y el cuidado de sus hermanos, o incluso de que se hagan cargo de todo de vez en cuando para que tú te puedas tomar un día de descanso.

Si tienes dudas sobre la eficacia de estos consejos, ¡haz la prueba por un mes! Organiza bastantes actividades recreativas para tus hijos adolescentes —procura que sean por lo menos tres por semana— teniendo en cuenta lo que les resulta entretenido a ellos, no solo lo que te gusta a ti. Demuéstrales que tu vida no gira en torno a la lavadora y la cocina. Disfruta jugando con ellos como si tuvieras quince años. Cuando tus hijos descubran esa faceta tuya, se mostrarán más comprensivos con tu lado serio y estarán más dispuestos a ayudarte.

Un muchacho que estaba ahogándose en un río pidió ayuda a voces a un turista que se paseaba por la orilla. El hombre comenzó a reprenderlo por nadar solo en aguas peligrosas. «¡Rescáteme —gritó el chico—, y deje los sermones para más tarde!»
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.