Conclusión

Se requiere mucho amor y mucha ayuda de Dios para caminar por la vida, y por lo general más todavía para hacer frente a todas las exigencias a que están expuestos los padres de adolescentes. Tarde o temprano, la mayoría descubre que le faltan fuerzas o le falta amor. Al final del día, suelen sentirse con las pilas bastante descargadas. ¿Dónde pueden refugiarse un padre o una madre agotados para someterse a una recarga rápida, o una recarga total, o incluso a un cambio de pilas si es necesario?

Ahí es donde entra Dios en escena. Él nos creó, nos dio la vida y el ser. Él es la fuente de toda vida, de todo amor, de toda energía, es un torrente inagotable de fuerzas e inspiración. El secreto para ser padres verdaderamente eficaces es aprender a desconectarnos de nuestro deficiente paquete de pilas y conectarnos directamente a la corriente de Dios.

¡Conéctate a Dios ahora mismo! Es como una corriente que nunca se corta. Páralo todo, guarda silencio, relájate, respira hondo, despéjate la cabeza. Deja de lado por un momento tus preocupaciones e inquietudes. A continuación, apunta tu antena hacia Dios. Dirige hacia Él tus pensamientos y oraciones. Pide a Jesús que te ayude, que te dé luz, que llene de vida tu corazón, tus pensamientos y todo tu ser. Deja que te tome en Sus brazos y te asegure que siempre te amará y cuidará de ti.

¿Quieres tener un vínculo directo y personal con Dios que te permita obtener soluciones muy concretas para los problemas con que te topas? ¡Dios te ofrece eso y muchísimo más! Empieza por aceptar a Su Hijo Jesucristo en tu corazón.

Jesús vino por amor, vivió con amor y murió por amor, y ahora quiere formar parte de tu vida. Te dará amor, paz y gozo, y será tu mejor amigo y compañero. Te ama tanto que expió tus pecados y murió en tu lugar para que tuvieras vida eterna. Todo lo que te pide es que lo recibas como Salvador.

La decisión está en tus manos. Aunque Su amor es todopoderoso, Él no entra en nuestra vida a la fuerza. Nos dice: «Mira que estoy a la puerta y llamo; si alguno escucha Mi voz y abre la puerta, Yo entraré a él y cenaré con él y él conmigo» (Apocalipsis 3:20, NC). Él llama suavemente a la puerta de tu corazón, y espera humilde, amorosa y pacientemente a que le abras y lo invites a entrar.

Si todavía no has aceptado a Jesús, lo puedes hacer ahora mismo con esta sencilla oración:

Jesús, gracias por morir por mí. Perdóname todas las cosas malas que he hecho y dame vida eterna. Te invito a entrar en mi corazón. Amén.

Si has orado sinceramente para recibir a Jesús, ten la seguridad de que Él te ha escuchado y respondido. «A todos los que lo recibieron, les concedió ser hijos de Dios: éstos son los que creen en Su nombre» (Juan 1:12, Edición Pastoral). ¡Felicitaciones! ¡Has dado el primer paso en una nueva y maravillosa vida de amor que nunca terminará!

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