Cultivar la relación

Pregunta: Como trabajo, no dispongo de mucho tiempo para mis hijos adolescentes. Por la noche quieren mirar la televisión o realizar alguna actividad con sus amigos, o bien tienen tareas escolares pendientes. Yo por lo general tengo mucho que hacer, y para colmo estoy que me caigo de cansancio. Yo diría que a consecuencia de ello nos hemos distanciado. Me gustaría volver a tener una relación más estrecha y pasar más tiempo con ellos, pero ¿cómo lo hago? ¿Por dónde empiezo? ¿Qué puedo hacer para que se sientan a gusto conmigo y perciban que los quiero y aprecio mucho?

Nota de los editores: Muchos nos encontramos en la misma dificultad. Los que tenemos hijos de esa edad nos preocupamos por ellos, pero por otro lado no sabemos bien cómo ayudarlos. Una madre recibió los siguientes consejos de Dios cuando le planteó sus inquietudes en ese sentido.

Manifiéstales cariño

Lo más valioso que puedes dar a tus hijos es amor. Sé cariñosa con ellos, para que no les quepa duda de tu amor. Eso se aplica en particular a los adolescentes. Tus hijos deben tener la certeza de que los amas. Es necesario que sientan y vean tus expresiones de cariño.

Ven tu amor manifestado en el hecho de que les proporcionas vivienda y comida; pero están tan acostumbrados a ello que muchas veces no lo aprecian. No son conscientes de los sacrificios que haces para ello, ni comprenden que has organizado tu vida para poder atender a sus necesidades físicas. Por consiguiente, lo que les hace falta es ver y sentir la faceta espiritual de ese amor, el afecto y cariño que sientes por ellos. Así se establecerá un vínculo de amor y confianza. Te preguntas: «¿Cómo hago para crear ese lazo de amor con ellos?»

Remedia las necesidades de tus hijos remediando las tuyas

El primer paso para establecer vínculos más amorosos con tus hijos y hacer que se sientan queridos, apreciados y a gusto contigo es que tú te sientas así conmigo. Así es como deseo que sea tu relación conmigo. Quiero que percibas Mi amor, pues eres Mi hija, y deseo manifestarte Mi amor de Padre.

Quiero hacerte ver que te amo y te acepto tal cual eres, y que deseo que tengas una relación más estrecha conmigo. Una vez que haya más intimidad entre nosotros, te haré sentir la aceptación, el amor incondicional, la seguridad y la confianza que tanta falta os hace a todos. Cuando conozcas y percibas el amor inmenso e inconmensurable que te tengo —un amor que llega hasta los confines del universo—, tú misma podrás brindar más amor. Y tus hijos lo notarán. Tu esposo también. Y asimismo otras personas.

Crea oportunidades de estar juntos

Deja que te infunda un amor más profundo por tus hijos, un amor que supere las barreras, un amor incontenible, un amor que seas capaz de manifestar y que tus hijos perciban.

Un amor así anhela expresarse, busca oportunidades de evidenciarse. Si sientes un profundo amor por tus hijos, ellos lo notarán, y las ocasiones de conversar y hacer cosas juntos surgirán espontáneamente. Ellos dirán: «Papá, ¿quieres que te enseñe este juego?», «Mamá, te voy a mostrar lo que hicimos hoy en el colegio», «Mamá, ¿qué crees que debo ponerme para la fiesta?», «Papá, ¿me ayudas a arreglar esto?»

Busca oportunidades. Puede que no sean tal como te las imaginabas. Tal vez tengas que reajustar tu horario. Cuando tus hijos vean que quieres participar más en su vida, se alegrarán de poder contar contigo. Te verán como una amiga que desea ayudarlos.

Todo puede empezar con algo tan simple como mirar juntos la televisión; pero no dejes que la cosa termine ahí. Procura que haya oportunidades de conversar. Por ejemplo, acompáñalos a sitios a los que quieran ir y luego comenta con ellos la experiencia. Averigua qué les gustó y qué impresión se llevaron. Si su punto de vista difiere del tuyo, no insistas para que vean las cosas como tú.

Que puedan contar contigo cuando te necesiten

Ponte a pensar en cómo son ahora las cosas: ¿A qué te dedicas por las noches? ¿Qué hacen ellos en esas horas? ¿Y los fines de semana? ¿Es posible hacer que tu vida se entrecruce más con la de ellos? ¿Puedes cambiar algo para que así sea? Busca puntos en común, actividades que puedas realizar con ellos.

Hazte presente con amor. No les hagas pensar que buscas oportunidades de fisgar en su vida, de sermonearlos o reprobar lo que hacen, de imponerles más reglas o darles más instrucción. Se trata de que estés a su lado como una amiga, de que te puedan expresar libremente sus ideas, de que te vean como alguien a quien recurrir, alguien que los apoya.

¿Hay algún deporte en el que se interese tu hijo? ¿Alguna manualidad que le guste a tu hija? ¿Puedes participar de alguna forma en esas actividades? Observa qué les atrae. Averigüa qué aficiones y experiencias puedes compartir con ellos.

Un padre descubre el secreto
Veamos el testimonio de un padre que descubrió el secreto de la comunicación con su hijo adolescente:
En los últimos meses he logrado grandes avances en la relación con mi hijo. La clave fue el deporte. Dedicando más o menos una hora diaria a jugar al fútbol con él lo estoy ayudando a superar una etapa difícil. Tomás es un chico bastante dinámico de catorce años. Últimamente se estaba metiendo en muchos líos.
Tanto él como su hermana, que siempre habían sido buenos chicos, se estaban echando a perder. Mi esposa y yo estábamos angustiados y comprendimos que había que hacer algo. Teníamos que empezar a dedicarles más tiempo a cada uno por separado. Yo me concentré en Tomás, y mi esposa en nuestra hija de 17 años.
Tomás desahogaba su enojo y su frustración poniéndose agresivo y competitivo, y era tan mal perdedor que resultaba difícil aguantarlo. En otros aspectos era irresponsable. Las tareas que le asignábamos y las cosas que empezaba las dejaba a medias. Constantemente le llamábamos la atención. Al principio, no había forma de hacerlo entrar en razón. Nos había cerrado a mi esposa y a mí la puerta de su vida. Buscamos afanosamente la llave, algo en lo que coincidiéramos y que nos sirviera de punto de partida.
Tomás tenía un único interés en la vida: el fútbol. No formaba parte de ningún equipo, y yo no sabía si en realidad le convenía practicar dicho deporte más en serio, pues no conseguía llevarse bien con nadie. Finalmente, con la esperanza de lograr un acercamiento a él, decidí entrar en su mundo y jugar un rato al fútbol con él cada día. Sólo con ese poco de comunicación y participación conjunta en una actividad, fue sorprendente lo rápido que empezó a transformarse y abrirse. Al cabo de un tiempo otras personas también nos comentaron que Tomás estaba cambiando mucho y convirtiéndose en un muchacho muy extrovertido, comunicativo, seguro de sí mismo y agradable. (Francamente, yo también me siento mucho más saludable y feliz. Practicar un deporte al aire libre no sólo es bueno para que los jóvenes quemen energías acumuladas; también es una válvula de escape para las frustraciones de los padres). Es innegable que Tomás está ahora mucho mejor que cuando siempre andaba metiéndose en peleas o planeando alguna travesura, y parecía que iba camino de convertirse en un teleadicto apático o en un joven huraño enviciado con la computadora.

Ingeniería

Ingéniate situaciones que te acerquen a tus hijos, como ir juntos a sitios que les gusten y hacer cosas que les resulten entretenidas.

Es posible que prefieran no hacer ciertas cosas contigo por miedo a que sus amigos critiquen el hecho de que realicen actividades con sus padres. En ese caso, una solución puede ser ofrecerte de vez en cuando a llevarlos en automóvil cuando salgan con sus amigos. De esa forma, por lo menos estarás presente. Otra idea es que tus hijos inviten una noche a un grupo de amigos, incluso a quedarse a dormir. Así también tú estás ahí con ellos.

La comunicación con la generación joven sería menos complicada si los padres estuvieran un poco más al tanto de lo que pasa. Una forma de averiguarlo que he descubierto es hacer de chofer para un grupo de chicos. No abras la boca, y al poco rato se olvidarán de que estás ahí y conversarán con toda libertad, como si fueras un piloto automático. No sé si eso se considera una violación de su intimidad, pero lo cierto es que da resultado.
Consejo de una madre de adolescentes.

Busca maneras de integrar tu vida a la de ellos. Eso puede requerir que ambas partes hagan algunos ajustes. Pero si lo intentas, Yo te indicaré formas de establecer comunicación. Una de ellas puede ser trabajar juntos en algo: construir un objeto de madera, hacer una labor de costura, preparar una comida, cuidar de un animal doméstico o arreglar el jardín.

Descubre el arte de escuchar

Una de las principales formas de ayudar a tus hijos es escucharlos. Aprende a escuchar de verdad. Cuando les preguntes cómo les fue en el colegio, deja lo que estés haciendo y presta atención a lo que te cuenten. Cuando te presenten problemas, no siempre tienes que dar tu opinión en el momento. En vez de emitir un juicio, tómate tiempo para meditar en el asunto, o reza para encontrar una solución. Lo principal es escuchar, prestar atención, aparte de brindar amor, ánimo y apoyo.

Se les preguntó a ciertos adolescentes: «¿Cómo saben cuándo sus padres no los escuchan?» Dieron las siguientes respuestas: «No me miran», «Leen el periódico mientras les hablo», «Mi mamá continúa aspirando el piso o cocinando y me dice: "Sigue, sigue; te escucho"».
Después se les preguntó: «¿Y cómo saben cuándo sus padres les están prestando atención?» La mayoría contestó: «Porque dejan lo que están haciendo cuando les hablo».

Recurre a la guía celestial

Cuando te enfrentes con un problema y ores, te ayudaré, me pondré a tu disposición, porque soy tu Padre. No tienes que ir a ningún lugar en particular ni ponerte de rodillas. Puedes hablarme de tus dificultades en cualquier sitio. Hazlo interiormente —en tu corazón, en tus pensamientos—, donde sea que estés, a cualquier hora, en cualquier circunstancia. Vuelve tu corazón hacia Mí, pues te amo más que nadie y escucho el clamor de tu alma. Siempre estoy presto a responderte, en cualquier momento y lugar. Te guiaré, te orientaré y te indicaré qué hacer, paso a paso. Basta con que me preguntes y creas que las respuestas que afloran en tu mente provienen de Mí.

Con los adolescentes se presentan muchas situaciones que requieren una gran medida de comprensión. Los juicios severos y las censuras farisaicas puede cortar la comunicación. Piensa que quizá tus hijos no tenían ninguna mala intención. Si tienes dudas sobre algo que ha sucedido, consúltame, y Yo te indicaré los motivos que tuvieron.

Cuando me consultes, haz silencio y espera a que Mis pensamientos te vengan a la mente. Pregúntame, y Yo te responderé. Te transmitiré ideas y soluciones que te reconfortarán y ayudarán.

Juzga a tus hijos con Mi sabiduría, no según reglas y patrones inflexibles. Uno de los mayores impedimentos para la comunicación con los jóvenes es el juzgarlos duramente. Es muy frecuente que los padres apliquen a sus hijos los patrones estrictos con que ellos se criaron. Pero cada edad es diferente, cada época y cada generación son distintas, y los chicos deben probar sus alas y expresarse de acuerdo con su personalidad. Naturalmente, eso no significa que deba haber una tolerancia absoluta, sin límites, reglas ni obligaciones. La clave para corregir los malos comportamientos está en inducir un cambio de actitud, no en obligar a los hijos a cumplir las reglas.

Pídeme que te revele lo que sienten tus hijos; así podrás ver más allá de las apariencias. Es mejor tratar de resolver las inquietudes que albergan que querer cambiar su aspecto. Ocúpate de lo que sucede en su interior, escucha lo que te diga su corazón, trata con ternura sus sentimientos.

La mejor red de seguridad

Muchos chicos no necesitan sino que sus padres les proporcionen una base firme de amor y aceptación. Esa base de amor puede guardarlos de peligros y malas influencias, como la droga y el alcohol, e incluso del sufrimiento que pudiera causarles el rechazo de sus amigos. En tales ocasiones, el amor y la aceptación son como la red de seguridad de los trapecistas. Si tus hijos saben que no los rechazarás aunque metan la pata o hagan alguna estupidez, acudirán a ti, y así se formará ese vínculo que deseas.

Los adultos estamos acostumbrados a hablar y a dar órdenes; pero si vivimos con adolescentes, no solo debemos escuchar con los dos oídos, sino también con el corazón.

También Yo deseo crear ese vínculo entre padres e hijos, a fin de que estos tengan a quién recurrir. Tú sabes que puedes contar en todo momento conmigo, que soy tu Padre. Nunca te rechazo, aunque hayas cometido errores garrafales u obrado muy mal. Siempre te presto oído y te sigo amando y apoyando. Siempre estoy pronto a estrecharte en Mis brazos.

Es muy importante que tengas esa misma actitud con tus hijos. Deben saber que, hagan lo que hagan, siempre los amarás, y nada podrá alterar ese amor. Tienen que saber que siempre pueden conversar contigo; que aunque no estés de acuerdo con ellos, aunque no coincidas con su punto de vista, aunque pienses incluso que han hecho algo muy malo o dañino, nunca dejarás de considerarlos tus hijos. Tienen que saber que siempre los amarás, que siempre podrán recurrir a ti, que aunque ocurra la peor calamidad, siempre podrán contar con tu amor. Así además aprenderán cómo soy Yo y cómo es Mi amor.

Para llegar a pasar mejores ratos con nuestros seres queridos, lo mejor es dedicarle buenos ratos a Dios, nuestro Padre celestial.
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