Prefacio

Desde el comienzo de los tiempos, los seres humanos nos hemos caracterizado por nuestro hondo amor y desvelo por los hijos. Todos queremos que nuestros chicos aprendan, que crezcan bien y tengan sus necesidades cubiertas, que estén sanos, sean felices y triunfen en la vida. Desgraciadamente, suelen surgir problemas que obstaculizan o complican esta labor. En efecto, los padres tenemos que aprender a lidiar con dificultades tanto fuera como dentro del hogar —desde pérdidas y reveses devastadores hasta fracasos matrimoniales—, buscar soluciones a cada contrariedad, salir adelante y ayudar a nuestros hijos a hacer lo mismo. Con frecuencia, en las situaciones más negras e imposibles, muchos alzaron los ojos al Cielo, acudieron a Dios en busca de soluciones que no eran capaces de descubrir por sí mismos. Y Él no los decepcionó. Se hizo presente, se puso a su disposición, les tendió la mano, los estrechó en Sus amorosos brazos y les demostró que Él siempre vela por Sus hijos, los protege y está deseoso de responder a sus preguntas y prestarles auxilio.

En estos tiempos duros que vivimos, Dios todavía está con nosotros, todavía está a nuestra disposición. Muchos padres están descubriendo que pueden plantear sus preguntas más difíciles directamente a Dios; que pueden recurrir al Cielo; que es posible dar con soluciones. Tal vez algunos lo consideren sumamente descabellado, casi absurdo; ¡pero están sucediendo cosas increíbles! La gente clama a Dios y descubre que Él está cercano, siempre presto a responder a nuestros interrogantes, por el gran amor que nos tiene y Su vivo deseo de vernos felices.

Si no sabes qué hacer, si te sientes agobiado y no encuentras a nadie que te ayude, ¡no te des por vencido! No pierdas la esperanza. Puedes encontrar el remedio para la situación consultando directamente al Cielo. Hay soluciones, y están a tu alcance en este preciso momento.

En este libro ofrecemos una selección de respuestas que recibieron padres comunes y corrientes al recabar la ayuda del Cielo en momentos de meditación y oración. Presentamos sus inquietudes en forma de preguntas, seguidas de las formidables respuestas que obtuvieron mientras reflexionaban en silencio, con una actitud expectante. Dichos padres fueron anotando las palabras, ideas y pensamientos que les venían. En la mayoría de los casos, Dios les dio instrucciones haciéndoles oír una voz interior que les hablaba al corazón. En el texto, los pronombres de primera persona escritos con mayúsculas indican que es Jesús o Dios quien aconseja directamente a la persona. (Si quieres aprender a escuchar tú también la voz de Dios, solicita el librito Escucha palabras del Cielo, de la colección Actívate.)

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