Resolución de crisis

Pregunta: Estoy separada y tengo a mi cargo a mi hija adolescente. Ella está muy resentida por el fracaso de nuestro matrimonio; cada vez tiene más mal genio y se pone más irrespetuosa conmigo. Por mucho que lo intento, no conseguimos llevarnos bien. No sé qué hacer. Quiero hablar con ella, pero ¿qué le puedo decir?

Nota de los editores: La respuesta que recibió del Cielo la madre que planteó esta pregunta no solo se puede aplicar a las circunstancias que acaba de detallar, sino a cualquier situación en que un adolescente esté resentido con sus padres por el motivo que sea o en que haya habido una grave ruptura en la comunicación entre él y sus padres.

Ámala aunque se porte feo

Manifiéstale un amor incondicional. Interésate por ella y trátala con compasión. Quiérela a pesar de esos momentos en que se porta feo y adopta una actitud desagradable contigo.

Yo, Jesús, velo por ti y te ayudaré a salir de este atolladero. Te haré ver las cosas desde otro ángulo. Observas en ella falta de respeto y rechazo. Sin embargo, y a pesar de su obstinación, tu hija necesita tener la seguridad de que puede contar contigo cuando te necesite; no solo cuando a ti te resulte conveniente, sino incluso cuando más te cueste dedicarle tiempo y prestarle atención. Si ve que te sacrificas por ella una y otra vez, se dará cuenta de que tu interés por ella es sincero, de que no lo haces porque no tienes más remedio que aguantarla.

Encuentros en territorio neutral

Procura salir con ella para hacer cosas juntas en territorio neutral. Busca actividades que se presten a una relación de simples amigas y evita las situaciones en que haya un forcejeo por llevar las riendas.

Comenzar de nuevo

Para romper el hielo, siéntate con ella y háblale sinceramente. Dile: «Volvamos a empezar en nuestra relación. Yo tengo la obligación de velar por ti lo mejor que pueda. Eso incluye ayudarte a evitar lo que me parece que puede ser perjudicial para ti. Quiero facilitarte la vida al máximo, pero tiene que ser algo recíproco. Tenemos que ser capaces de llevarnos bien, de ayudarnos y apoyarnos más la una a la otra. Yo necesito tu compañía y tu ayuda, y tú también me necesitas. Así que si las dos aprendemos a ceder un poco para llegar a un compromiso y nos preocupamos la una por la otra, viviremos más contentas.

»Voy a procurar ser más como tú quieres y tener más en cuenta lo que te agrada. Trataré de amoldarme en la medida de lo posible a tus preferencias; pero no todo va a ser color de rosa. La vida está llena de situaciones conflictivas y retos. No todo sale como uno quiere. Eso ya lo sabes. Hay que aprender a apreciar lo bueno y seguir adelante a pesar de los contratiempos y malentendidos. Ninguna de las dos puede tenerlo todo como le gustaría. Es un toma y daca.

»Tal vez te parece que tengo yo toda la culpa de que la situación sea como es; pero en realidad no es así. He cometido cantidad de errores de los que estoy muy arrepentida. Sé que habría podido hacer mejor las cosas y habría podido ser mejor madre. Pero ten presente que yo también tengo mucho que aprender. Tú aguántame a mí, y yo te aguantaré a ti. En realidad haré más que aguantarte: cuidaré de ti porque te quiero mucho y me preocupo por ti. Deseo lo mejor para ti. Quiero que sepas en todo momento que te amo mucho.

»Lamento que muchas veces no hayamos hablado abiertamente de las cosas tú y yo. Siento también que estés dolida y te disguste la situación; pero ese es el desafío que tenemos por delante. Es algo que tenemos que superar juntas. A pesar de nuestras dificultades y malentendidos, si queremos y estamos dispuestas a esforzarnos podemos salir adelante y vivir más felices.

»Sé muy bien que no siempre veo las cosas desde tu punto de vista; pero dame una oportunidad. Procura entender que siempre te amaré, pase lo que pase. Quiero que te sientas con libertad para sincerarte conmigo y contarme tu parecer. Y si te da la impresión de que me tomo las cosas muy a la tremenda y tengo que relajarme un poco, escríbeme una nota para explicármelo. Dime lo que piensas».

Escucha aunque te duela

Luego escucha todo lo que te quiera contar, sin preocuparte por la forma en que se exprese ni por las palabras ofensivas que diga. Si te tomas el tiempo que sea necesario para averiguar sus sentimientos y pensamientos, comprenderás mejor sus inquietudes. A pesar de su actitud odiosa, en el fondo le interesa saber lo que piensas. Quiere que la ames, y quiere poder contar contigo. Tienes que estar dispuesta a compartir tu vida con ella sin considerarla una molestia y sin disgustarte a causa de las circunstancias, y seguir poniendo de tu parte, aunque te duela. Disfruta de la vida con ella, de una relación de madre e hija en que cada una ame a la otra y procure su bienestar.

Pásalo bien con ella

No es necesario que te sientas en la obligación de esforzarte por granjearte su amor. Si amas, te amarán. Da, y se te dará. Aprende a pasarlo bien con ella, y ella contigo, y la vida se volverá más agradable. Sentirás satisfacción reservando ciertos ratos para estar con ella, para reírse juntas y soltarse la melena, ratos en que cada una le muestre a la otra que la ama y le gusta estar con ella.

Cada una necesita a la otra; no hay que tener miedo de reconocerlo. Eso afianzará la relación y ayudará tanto a la una como a la otra a salir adelante en los momentos difíciles. Anímala y dile lo mucho que la aprecias. Dile que te agrada su compañía, que lo pasas bien con ella. Sorpréndela de vez en cuando con algo divertido o con alguna muestra de afecto que le haga ver que te acuerdas de ella y quieres hacerla feliz. No se trata de comprar su cariño con regalos; simplemente muéstrale el tuyo con detalles.

A la larga todo tu esfuerzo se verá recompensado

Los hijos jóvenes dan mucho trabajo. Hay que luchar mucho para ser fiel a ciertos principios y ayudarlos a andar por donde uno considera que deben ir. Con todo, cada esfuerzo tuyo, cada muestra de consideración, cada decisión acertada que tomes, dará fruto al final. Todavía no tienes claro el panorama, pero puedes tener la certeza de que si le brindas amor a tu hija, si tienes fe, si te pones a su disposición, si eres franca con ella, si te interesas por ella, si la corriges, la alientas y haces verdaderamente de madre para ella, todo eso se verá recompensado.

Es como un diamante en bruto

He puesto en tus manos a alguien muy valioso, a una persona cuyo pleno potencial queda en ocasiones oculto por sus chiquilladas. Es como un diamante en bruto, como un tesoro enterrado a gran profundidad que con el tiempo, a base de cariño y trabajo minucioso, verá la luz.

Los hijos representan el futuro. El futuro depende de la formación que se les dé. Así pues, como quieres que lleguen a ser, vive ni más ni menos como quieres que vivan, y trátalos como quieres que traten a los demás. Y por encima de todo, hazles conocer Mi amor de maneras visibles y tangibles, que puedan sentir físicamente. Ni una pizca de amor caerá en saco roto. Así cumplirás el propósito por el que te puse donde estás; a saber, que transmitas Mi amor a esas personitas que te he encomendado. A cambio, Yo te mostraré amor a ti.

¡Ánimo!

No te inquietes por el día de mañana, que Yo proveeré cuanto te haga falta. Te ayudaré a sobrellevar las cargas y los problemas que te agobian, todo lo que te perturba e intranquiliza. Sabes que velo por ti, porque te he dado una hija preciosa para que veas, sientas y comprendas cuánto me preocupo por ti. Eres Mía, y no te abandonaré. Por muy incapaz que te consideres, Mi capacidad para ayudarte a salir adelante será siempre más que suficiente. El futuro está en tus manos, pues los hijos constituyen una parte muy importante del futuro de una persona.

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