Altruismo

El arte de animar

Mientras escribo este artículo una muy buena amiga mía enfrenta sucesivas olas de malas noticias. Su marido acaba de ser despedido de un empleo que tuvo durante 27 años, a ella le salió un mamograma sospechoso, el aire acondicionado de su casa se descompuso y tuvieron que sacrificar a una mascota de la familia. Por el momento no se trata de nada trágico, pero son noticias desalentadoras, del tipo que lo llevan a uno a preguntarse: «Dios, ¿por qué?», o «¿Estás ahí, Dios mío? ¿No ves estas cosas? ¿Acaso te importan?»

El bebé de la otra incubadora

Charity —lectora de Conéctate desde hace muchos años— tenía un empleo bien pagado en el sector bancario. Acababa de terminar su segundo doctorado en una prestigiosa universidad internacional. Había dado a luz a mellizos, un niño y una niña. Con todo, en lugar de sentirse contenta, con lágrimas observaba el pequeño bultito detrás del cristal de la incubadora, que era su hijo dormido.

Invitación a cenar

Al cabo de 21 años de matrimonio descubrí una nueva fórmula de mantener viva la chispa del amor.

Hace poco salí con otra mujer.

En realidad, fue idea de mi esposa.

La hospitalidad de Nilda

Hace unos seis años nos mudamos a un nuevo barrio. Desde que llegamos hemos procurado tener un trato cordial y mostrarnos amables con nuestros vecinos. Los saludamos con una sonrisa, les preguntamos cómo están. Varias veces preparamos pizza en casa y fuimos a llevársela como gesto de amistad. Pensábamos que estábamos sacando nota alta en cuanto a consideración con los vecinos, hasta que conocimos a Nilda.

No podía defraudarlo

Se cuenta que durante la Primera Guerra Mundial dos hermanos que se habían enrolado en el ejército fueron asignados a la misma unidad. Al poco tiempo los destinaron al frente, a las trincheras. En la guerra de trincheras de aquel conflicto cada bando cavaba una red de zanjas frente a las líneas enemigas; luego sitiaba las trincheras del otro bando. De tanto en tanto uno de los dos bandos lanzaba una ofensiva con el objeto de penetrar en las defensas del adversario.

El superhéroe interior

¿Alguna vez has tenido una molestia o dolor que te sorprendió por lo debilitante que era? Quizá fue un dolor en un dedo de un pie o una molestia en el oído, que por pequeña que pareciera no te dio tregua todo el día. De pronto se aparece alguien por ahí que te dice: «Con frecuencia tengo infecciones en el oído y aunque me incomodan no dejo que me saquen de quicio. Lo que debes hacer es pensar positivamente y seguir adelante». La verdad es que aunque debemos esforzarnos por dar «gracias a Dios en toda situación»,1 en esos casos puede ser difícil no sucumbir ante las circunstancias.

Reciclaje solidario

Quedé perplejo al ver unas construcciones muy coloridas y con mucho cuidado por el detalle en un video de YouTube. Casitas muy pequeñas, apenas un poco más grandes que una casita para perros, con puertas, ventanas redondas y techos en ángulo para que corriera el agua de lluvia. Y todas montadas sobre ruedas para poder moverlas. En verdad se veían acogedoras

Una vida abnegada

La abnegación y la generosidad no solo consisten en dar dinero. A veces es más fácil entregar plata que entregarse uno mismo. Para brindar a otra persona nuestro tiempo, atención, compasión, comprensión y oraciones tenemos que ser auténticos. Es necesario dar el primer paso, entender, compadecerse y traducir en hechos nuestros sentimientos. A menudo son esos sacrificios de nuestro tiempo los que realmente cuentan, como cuando renunciamos a nuestro día libre para colaborar con una obra de beneficencia en nuestro barrio o cuando visitamos a un enfermo.

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