Altruismo

La amabilidad, bendición por partida doble

El día estaba nublado y lluvioso. De igual ánimo andaba yo, algo que nos pasa a todos, supongo.

Sentada a mi escritorio me acordé de que era el cumpleaños de una señora con la que mantengo una larga amistad. Es soltera, de mediana edad, enfermera desde hace treinta años, y le encanta su trabajo. Como sé que no tiene familia en esta ciudad, decidí llamarla. No me falló la intuición, pues resultó que ese día le tocaba un turno de trabajo hasta bien entrada la noche, lo que no le dejaría espacio para celebrar su cumpleaños. Así y todo, me contestó muy jovial, feliz de que la hubiera llamado.

El instinto de conservación

Hace poco vi un programa de la televisión británica ambientado en la primera parte de la Segunda Guerra Mundial. Los nazis habían derrotado a Francia, y la invasión de Gran Bretaña era inminente. La incertidumbre, el temor del futuro y el instinto de preservar su propia vida y la de los suyos condujo a algunos a mostrar menos consideración por sus semejantes que en circunstancias normales. Muchos acapararon, otros robaron, y otros más llegaron a cometer asesinatos.

Un borracho frente a mi ventana

Era casi medianoche cuando lo oí. Me estaba cepillando los dientes, medio dormida. El hombre gritaba y balbuceaba al mismo tiempo. Me imaginé que sería un borracho llamando a su compañero de tranca.

Media hora más tarde seguía gritando palabras ininteligibles. No pude más: decidí llamar a la policía.

Al pasar junto a la ventana vi que el hombre estaba de pie bajo una luz del alumbrado público. Era mayor de lo que me había imaginado. Aunque hacía frío, tenía el torso desnudo, y gritaba en dirección a mí.

La gente es buena

Conozco a Alex desde hace cuatro años. Él tiene 24 y sufre de parálisis cerebral. Es uno de los beneficiarios del programa de distribución de alimentos que gestiona el club de damas del que soy socia. Cada vez que le llevo comida, me paso cerca de una hora conversando con él.

—Si pudieras ir a cualquier parte —le pregunté varias veces—, ¿a dónde irías?

Hazlo porque puedes

El bien que hagas hoy, muchos lo habrán olvidado mañana; aun así, haz el bien.

Recuerdo que la primera vez que leí esas palabras, no me pareció que tuvieran sentido. Con el tiempo eso cambió. Mi madre y yo habíamos tomado un bus. Mientras avanzábamos por el pasillo buscando un par de asientos libres, observé a una joven madre con un niño de unos 2 años y un bebé. Se notaba que el niño estaba aburrido. La madre bregaba para mantenerlo sentado al tiempo que hacía lo que podía para tranquilizar al bebé.

El prójimo

Un hombre que descendía de Jerusalén a Jericó cayó en manos de ladrones, los cuales lo despojaron, lo hirieron y se fueron dejándolo medio muerto. Aconteció que descendió un sacerdote por aquel camino y al verlo pasó de largo. Asimismo un levita [asistente del Templo], llegando cerca de aquel lugar, al verlo pasó de largo.

El yugo de Jesús

He leído tantas veces este pasaje de la Biblia que ya perdí la cuenta. Años atrás me lo aprendí de memoria, y ha aparecido con frecuencia en estas páginas. Un compañero le puso música, y es una de mis canciones favoritas*: «Venid a Mí todos los que estáis trabajados y cargados, y Yo os haré descansar. Llevad Mi yugo sobre vosotros, y aprended de Mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas; porque Mi yugo es fácil, y ligera Mi carga» (Mateo 11:28-30). Ese pasaje siempre me ha fascinado, pero hace poco leí una exégesis que arrojó nueva luz sobre esos preciados versículos.

Amor desinteresado

Cuando le preguntaron a Jesús cuál era el mayor de los mandamientos, respondió: «“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente”. Este es el primero y grande mandamiento.

»Y el segundo es semejante: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”» (Mateo 22:37-39). Desde el punto de vista de Dios, el amor es la virtud suprema. Prevalece sobre todas las demás. Dios no nos exige perfección; no nos pide que jamás cometamos un error ni que acometamos grandes empresas de las que se entere todo el mundo. Solo nos pide que amemos al prójimo.—Shannon Shayler

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