Altruismo

Mis salvadores

Era el año 1977. Karl y yo habíamos partido de Alemania en una casa rodante el año anterior. Nuestro viaje ya nos había llevado por Italia, lo que en aquel entonces era Yugoslavia, Grecia, Turquía, Irán, Afganistán y la India. Teníamos la esperanza de llegar a Nepal, comprar una granja en las montañas y establecernos allí, para llevar una vida tranquila apartados de la sociedad moderna.

¿Honrado o bondadoso?

Bondad es una palabra de amplio sentido y, como muchas, fácil de teñir o malinterpretar. Significa tanto «inclinación natural a hacer el bien» como «dulzura y amabilidad de carácter», sentido que linda con el de bonachería.

Un amigo me señaló hace poco un versículo que arroja luz sobre el asunto. En su carta a los Romanos, Pablo dice: «Casi nadie se ofrecería a morir por una persona honrada, aunque tal vez alguien podría estar dispuesto a dar su vida por una persona extraordinariamente buena»1. La frase me quedó dando vueltas en la cabeza.

Amor traducido en hechos

Es un grave error creerse grande sin ser bondadoso; y estoy convencido de que no ha existido jamás un hombre verdaderamente grande que no haya sido a la vez verdaderamente virtuoso. 
Benjamin Franklin (1706–1790)

*

Haz todo el bien que puedas, por todos los medios que puedas, a todas las personas que puedas, en todos los lugares que puedas, tantas veces como puedas, con todo el fervor que puedas, por todo el tiempo que puedas. 
John Wesley (1703–1791)

El fruto irresistible: la amabilidad

La amabilidad es amor en acción, amor traducido a sencillos actos cotidianos. Es consideración. Es vivir la regla de oro, tratar a los demás como quieres que te traten1. Es hacer la vista gorda ante las pifias y flaquezas ajenas. Es tener un corazón compasivo y perdonar a los demás tanto como nos perdona Dios a nosotros2.

La cajera que se interesó por mí

No sé cómo lo hizo, pero los ojos de la cajera se clavaron en los míos. Me descubrió. Yo había tratado de evitar todo contacto visual mientras terminaba de hacer las compras en el supermercado. Más vergonzoso que ser vista en público extrañamente vulnerable sería que alguien descubriera el incidente tan insignificante que me había desmoronado.

Siempre y cuando no tuviera que hablar, podía controlarme. Mi marido intentó hablar conmigo por teléfono, pero yo no estaba en condiciones de responderle. Si hubiera tratado de explicarle algo, solo me habrían salido palabras enredadas y fuertes sollozos.

El don de escuchar

Me acababa de mudar a otro país con mi familia, lo que implicaba un cambio de colegio para los niños y de empleo para mi marido. Fue un momento difícil en que todos tuvimos que adaptarnos a la nueva situación, pero yo era la más afectada. Mi matrimonio también se estaba resintiendo. La lista de temas que mi marido y yo evitábamos iba en aumento, pues sabíamos que acabaríamos discutiendo.

Fue entonces que conocí a Tonia.

Buenas palabras y buenas acciones

Proponte hacer feliz al menos a una persona cada día, y en diez años habrás hecho felices a tres mil seiscientas cincuenta. Dicho de otro modo, habrás llevado alegría a todo un pequeño pueblo con tu contribución al fondo de bienestar general. 
Sydney Smith (1771–1845)

*

El principio más profundo del carácter humano es el anhelo de ser apreciado.
William James (1842–1910)

Convicción para obrar bien

Una tarde soleada hace unos setenta años, un grupo de amiguitos observaba, a través de una alambrada de púas, a unos hombres que jugaban al fútbol. El partido era emocionante, y disfrutaban viendo la habilidad de los jugadores. De golpe una patada mandó la pelota por encima de la valla. Aterrizó cerca de los niños.

—Sería genial tener una pelota —comentó uno de ellos—. Quedémonos con ella.

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