¿Cómo efectuar un cambio positivo?

¿Cómo efectuar un cambio positivo?

Cada vez que echo un vistazo a mi página de Facebook, a un portal de noticias o a los periódicos exhibidos en un quiosco, da la impresión de que estamos plagados de sucesos horrendos. Tengo sentimientos encontrados: por un lado, rabia; por el otro, de desesperanza.

Mientras voy avanzando en la pantalla por los textos y noticias de las redes sociales, leo comentarios de este tono: «¡Qué cosa tan triste!» u «¡Odio que pasen esas cosas!» Aunque concuerdo con esas afirmaciones, me embarga la sensación de que son inútiles. Decir que nos disgustan esos sucesos catastróficos, ¿en qué va a ayudar a las personas cuya vida ha sido trastornada a raíz de eso?

Entonces, ¿qué puedo hacer? ¿Empaco un gran botiquín de primeros auxilios y viajo a una zona de conflicto? ¿Recibo en mi casa a familias que no tienen hogar? ¿Subo a YouTube un video que muestre la maldad del acoso escolar? ¿Cómo puedo ser un factor de cambio?

Creo que es una pregunta universal que la humanidad se ha planteado por miles de años: ¿Qué debemos hacer ante los espantosos sucesos que ocurren en el mundo?

Algunas personas prefieren no enterarse ni preocuparse del asunto. No miran las noticias; levantan una barrera ante todos los males y sufrimientos y se pasan todo el día tarareando mentalmente «Todo es fabuloso».

Otros se imaginan que el mundo es un lugar feroz donde el pez grande se come al chico. Que está bien pisotear a los demás, porque si no lo haces, otro te pisoteará a ti.

También ves personas que, desesperadas, llegan a la conclusión de que todo es una pérdida de tiempo. Que esta vida es un asco. ¿De qué sirve tratar de ayudar a alguien? Si eso no va a cambiar nada.

Últimamente le he dado muchas vueltas al asunto, pues es algo con lo que tengo que reconciliarme. No quiero vivir con temor y depresión, y en ignorancia en cuanto al destino del mundo y el rumbo que lleva.

Por eso, en mi búsqueda, decidí explorar la vida de Jesús. En la antigua Palestina, donde Él vivía, existían un sinfín de dificultades, muy parecidas a los que actualmente enfrentamos: pobreza, enfermedad, sufrimiento, opresión, crueldad e indiferencia.

Jesús actuó ayudando a quienes lo rodeaban día tras día sin falta. Se dedicó a sanar, alentar, bendecir y regenerar. A cambio, esas personas que fueron bendecidas y curadas salieron a propagar el gozo, las buenas nuevas y la bendición. Y los destinatarios de ese ánimo y esa bendición seguramente hicieron a su vez lo mismo por otras personas. Así, el efecto dominó que inició Jesús, sigue teniendo lugar hasta el día de hoy.

Aunque no puedas cambiarlo todo, al menos haz algo. Sé amable. Sé una luz. Sé un faro en este oscuro mundo. Sigue velando por los demás.

Considera a cada persona con la que te relacionas en tu vida cotidiana como una oportunidad de entregar algo hermoso. Habla con la cajera del supermercado, sonríe al niño en el parque, da las gracias al profesor, al policía, al cartero, al camarero. Sé cortés con la señora indigente de la esquina.

Incluso ve un poco más lejos siendo además generoso. ¿Te imaginas qué distinto sería este mundo si cada persona actuara de esa forma?

Es posible que ni tú ni yo podamos influir en el mundo entero, pero sí podemos influir enormemente en el pedacito de mundo que nos rodea. Cuando somos amables con algunas personas y ellas a su vez lo son con otras, la onda expansiva de esas acciones puede propagarse por todo el orbe.

Por tanto, he llegado a la conclusión de que, a pesar de que existen problemas en el mundo ante los que soy impotente, siempre hay alguien o algo cerca de mí que precisa de mi ayuda. Ahí puedo ser factor de cambio, y me esforzaré por seguir siendo alguien que se preocupa por los demás.

Cuando pueda prestar una gran ayuda, la prestaré. Cuando pueda aportar mi granito de arena, lo aportaré. Y sea cual sea la ayuda que ofrezca, recordaré las palabras de Jesús: «Les aseguro que todo lo que hicieron por uno de Mis hermanos, aun por el más pequeño, lo hicieron por Mí.»1

* * *

Una persona puede marcar la diferencia, y todas deben intentarlo.
John F. Kennedy (1917–1963)

Si no puedes dar de comer a cien personas, da de comer a una.
Madre Teresa (1910-1997)

Podemos cambiar el mundo y hacer de él un lugar mejor. En nuestras manos está aportar al cambio.
Nelson Mandela (1918–2013)

Ojalá la gente comprendiera que todo es posible si hace el intento. Los sueños se cristalizan si la gente pone de su parte.
Terry Fox (1958–1981)

Es increíble lo que Dios puede hacer con lo que se perfila tan pequeño, como ustedes y yo.
John M. Sheehan

1. Mateo 25:40

Podcast

Mara Hodler

Mara Hodler es escritora independiente. Este artículo es una adaptación de un podcast transmitido en Just1Thing, portal de internet de formación cristiana para jóvenes.

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