Convicción para obrar bien

Convicción para obrar bien

Una tarde soleada hace unos setenta años, un grupo de amiguitos observaba, a través de una alambrada de púas, a unos hombres que jugaban al fútbol. El partido era emocionante, y disfrutaban viendo la habilidad de los jugadores. De golpe una patada mandó la pelota por encima de la valla. Aterrizó cerca de los niños.

—Sería genial tener una pelota —comentó uno de ellos—. Quedémonos con ella.

Sin embargo, una de las chiquillas se opuso.

—No está bien que nos quedemos con ella —dijo devolviendo el balón por encima de la valla.

Ese simple gesto de bondad e integridad tuvo lugar en el corazón de Alemania en la década de 1940, durante la Segunda Guerra Mundial. Los jugadores eran prisioneros de guerra británicos recluidos en un campo en las afueras de la ciudad. Algunos de los amigos de la niña rezongaron. Al fin y al cabo, los hombres eran prisioneros: ¿por qué habían de tener ellos un balón y no los niños?

La bondad requiere consideración, esfuerzo y tiempo. También valor. Valor para ir a contracorriente, para ser generoso, sobre todo cuando no se tiene mucho. Valor para decir que no a la indiferencia y para ser consecuente con lo que uno sabe que está bien, sobre todo cuando es tan obvio que uno puede pensar: «Seguramente alguien con más tiempo y recursos que yo se dará cuenta y hará algo».

La bondad exige entereza, integridad moral y mental para dar un paso al frente, para creer, perseverar y ser fiel a las propias convicciones, aun cuando eso tenga un costo y signifique soportar difíciles pruebas. Esa es la bondad que tiene un efecto duradero.

Si bien han pasado ya casi tres cuartos de siglo desde aquel día, puede que algunas de las personas que presenciaron ese incidente aún sigan vivas. Si es así, me imagino que se acordarán de mi abuela, la chiquilla de pueblo que devolvió el balón de fútbol.

* * *

El hierro es fuerte, pero el fuego lo funde. El fuego es fuerte, pero el agua lo apaga. El agua es fuerte, pero las nubes se la llevan. Las nubes son fuertes, pero el viento las aleja. El viento es fuerte, pero el hombre lo aguanta. El hombre es fuerte, pero el miedo lo doblega. El miedo es fuerte, pero el vino lo elimina. El vino es fuerte, pero el sueño lo anula. El sueño es fuerte, pero la muerte lo es más. Y el amor bondadoso sobrevive a la muerte. 
Judah bar Ilai, siglo ii

La consideración con el prójimo hará más por tus hijos que ningún título universitario. 
Marian Wright Edelman (1939–    )

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Olivia Bauer

Olivia Bauer es asesora de comunicaciones. Vive en Winnipeg (Canadá).

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