El bebé de la otra incubadora

El bebé de la otra incubadora

Charity —lectora de Conéctate desde hace muchos años— tenía un empleo bien pagado en el sector bancario. Acababa de terminar su segundo doctorado en una prestigiosa universidad internacional. Había dado a luz a mellizos, un niño y una niña. Con todo, en lugar de sentirse contenta, con lágrimas observaba el pequeño bultito detrás del cristal de la incubadora, que era su hijo dormido.

La niña nació sanita, pero el médico había advertido algunas anomalías en su hijo y se lo habían llevado rápidamente a la incubadora poco después del parto. Si bien no podían determinar con claridad la causa de su deficiencia, decidieron que lo mejor era tenerlo en observación.

En los días siguientes Charity visitó sin falta a su hijito en aquella urna de cristal. Rezaba, se preocupaba, se preguntaba si podría llevárselo finalmente a casa y cuánto más duraría aquel trance.

Sus propias turbaciones se vieron interrumpidas por los sollozos de una mujer en un rincón de la sala. Al darse la vuelta vio a una madre que apoyada en el borde de la incubadora lloraba desconsoladamente.

Pobrecita —pensó Charity, momentáneamente distraída por la congoja de otra mujer—. Su bebé no debe de estar nada bien.

Al aproximarse a ella, la mujer alzó la mirada. Estaba despeinada y sus ojeras eran clara señal de que no había dormido mucho en varios días. Un rasgón en la cartera y los zapatos desgastados evidenciaban que la señora probablemente provenía de una familia de escasos recursos.

—No sé qué hacer, no sé qué hacer —decía quedamente entre llantos.

—¿Por qué? ¿Qué te pasa? —preguntó Charity.

Entre lágrimas la señora explicó que había dado a luz hacía una semana y que por algunas complicaciones su bebé tuvo que quedarse en la incubadora. Me confesó que su familia estaba pasando por un apretón económico. No tenían seguro médico, su marido había perdido su empleo hacía unos meses y aunque habían logrado ahorrar algo para el parto, nunca previeron que habría complicaciones con el bebé. Cada día continuaba abultándose la cuenta por el uso de la incubadora y ya no les quedaban recursos. El personal del hospital la había intimado a pagarla al día siguiente so pena de retirar al bebé de la incubadora.

—Pedimos ayuda a todas las personas que conocemos —familiares, amigos, vecinos, conocidos. Pudimos recolectar algo, pero no alcanza ni para la mitad que nos piden.

Charity permaneció en silencio. Pensó en su propio bebé dentro de la incubadora y supo lo que tenía que hacer. Sin mediar palabra, cruzó la sala para buscar su cartera y extrajo su chequera.

Al regresar, ya junto a la señora, le preguntó:

—¿Cuánto necesita?

La señora se quedó mirándola fijo por un momento. De golpe exclamó:

—¡Que Dios la bendiga! Usted es la respuesta a mis oraciones. ¡Dios se lo pague!

Una vez que Charity la hubo tranquilizado, procedió a hacerle el cheque por el monto restante y se lo entregó a la señora, que enmudecida le dio un caluroso abrazo.

La mañana siguiente el doctor anunció que el bebé de Charity ya podía salir de la incubadora. La felicidad que sintió por poder llevárselo a casa se vio aún más acentuada por la satisfacción de haber contribuido a la vida de otro pequeño.

Es muy fácil enfrascarnos en nuestros propios problemas y no darnos cuenta del sufrimiento de otras personas a nuestro alrededor por cosas mucho peores de las estamos pasando nosotros mismos.

Para Charity la respuesta a sus plegarias por la recuperación de su hijo se materializó cuando ella misma respondió a las plegarias de otra persona que necesitaba ayuda.

* * *

Insistamos más y más en recaudar fondos de amor, de bondad, de comprensión, de paz. El dinero vendrá si buscamos primeramente el reino de Dios. Lo demás será concedido. Madre Teresa (1910–1997)

El amor y la bondad nunca se malgastan. Sus consecuencias siempre se hacen notar. Bendicen al receptor, y te bendicen a ti, el dador. Bárbara de Angelis (n. 1951)

Mucho da quien poco da, si lo da con voluntad. Refrán español

Li Lian

Li Lian es un profesional certificado por CompTIA. Trabaja en África como administrador de oficina y sistemas para una organización humanitaria.

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