El fruto irresistible: la amabilidad

El fruto irresistible: la amabilidad

La amabilidad es amor en acción, amor traducido a sencillos actos cotidianos. Es consideración. Es vivir la regla de oro, tratar a los demás como quieres que te traten1. Es hacer la vista gorda ante las pifias y flaquezas ajenas. Es tener un corazón compasivo y perdonar a los demás tanto como nos perdona Dios a nosotros2.

La amabilidad propicia buena voluntad. Nuestras palabras amables y gestos considerados les muestran a los demás que nos parecen importantes su felicidad y bienestar, y eso los mueve a responder de igual manera. La amabilidad es uno de los bienes más difíciles de regalar, porque casi siempre nos la devuelven. No cuesta nada, pero ¡cuántas cosas se alcanzan con ella! Una sonrisa o una palabra amable pueden ser decisivas para quien está pasando por un día difícil. ¡Un poco de amor llega muy lejos!

Todo el mundo entiende el lenguaje de la amabilidad. Los cristianos somos embajadores del amor de Dios; la amabilidad con que tratamos a los demás les hace notorio el amor de Dios y Su interés por ellos, y contribuye a acercarlos a Él.

(El fruto irresistible: la amabilidad es un extracto del libro Los dones de Dios, de la colección Actívate, en venta en la tienda virtual de Aurora.)

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El viento frío y el sol

Fábula de Esopo

Una vez el Viento y el Sol entablaron una conversación. El primero, bullicioso y discutidor, se declaraba el más fuerte de los dos.

—Te demostraré mi fuerza —exclamó rugiente—. ¿Ves ese hombre que viene por allí? ¡A que yo consigo arrancarle el abrigo que lleva puesto antes que tú!

El Sol exhaló un suspiro y se escondió tras una nube. El Viento entonces sopló y resopló hasta casi desatar un huracán. No obstante, cuanto más fuerte soplaba, más se aferraba el hombre a su abrigo para que no se le volara. Por fin el Viento se dio por vencido y amainó.

Salió entonces el Sol de su escondite y sonrió cálidamente al hombre. Este al rato se secó la frente y se quitó el abrigo.

Así el Sol demostró al Viento que la amabilidad y la calidez pueden más que la furia y la fuerza. 

Una sonrisa
Con una pizca de ternura
ya se siembra alegría,
con un sencillo gesto amable
que denote empatía.
Una palabrita cordial
da esperanza y aliento.
Con una sonrisa amistosa
muere el abatimiento,
Como irrumpe un rayo de sol
en una estancia oscura,
un rostro risueño ahuyenta
la mayor amargura.
Anónimo

1. Mateo 7:12
2. Efesios 4:32

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Rafael Holding

Rafael Holding es escritor. Vive en Australia. 

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