Empezar temprano

Empezar temprano

Hace poco llevé a mi hijo a conocer un programa de ecoturismo en el gran grupo de favelas (barrios marginales) denominado Complexo do Alemão, en el sector norte de Río de Janeiro. Hay un teleférico con estaciones en los cinco morros, desde el cual se aprecia toda la bahía de Guanabara y la belleza de las sierras montañosas. Esparcidas por los cerros hay también miles de pequeñas chozas sin techumbre adecuada y con paredes de ladrillo a la vista, sin pintar. Son las favelas.

En determinado momento, mi hijo comentó:

—¡Es increíble que haya tantos más pobres que ricos!

Durante el descenso conversamos con una misionera que trabaja allí desde antes que se pacificara el lugar, cuando la policía y los carteles de narcotraficantes se enfrascaban en tiroteos todos los días. Otra señora nos contó que cuando era más joven iba todos los días a una fuente a buscar agua, hasta que su padre y otros hombres lograron cavar un pozo comunitario. Si bien la vida ha mejorado mucho en los últimos años, los relatos de esas mujeres fueron un recordatorio de las precarias condiciones en que viven muchas personas. La excursión causó honda impresión en mi hijo, que ahora se interesa más por ayudar a las familias desamparadas de nuestra ciudad en lugar de andar tan preocupado por satisfacer sus propios deseos.

Me parece de vital importancia enseñar a los niños desde temprana edad a tener consideración con los demás y compartir lo que tienen, a fin de que interioricen esa forma de comportarse. Hace poco leí que los niños que sobrevivieron a la Segunda Guerra Mundial aprendieron a ser solidarios por las circunstancias espantosas en que les tocó vivir. El compartir durante años cada mendrugo de pan o sobra de carne contribuyó a moldear de por vida su personalidad y se convirtió en parte de ellos.

Durante muchos años fui docente de hijos de trabajadores voluntarios en distintos países. Las condiciones no siempre eran ideales. A veces teníamos que alternar los materiales didácticos y juguetes con que contábamos, por lo que era imperativo que los niños aprendieran a turnarse y a colaborar en pequeñas tareas como guardar las cosas o levantar la mesa después de una merienda.

Los niños son capaces de aprender a compadecerse del prójimo realizando servicios para la comunidad, participando en grupos scouts o ayudando a los menos afortunados. Si se les enseñan esos valores desde temprana edad es más probable que se adhieran a ellos el resto de su vida.

Rosane Pereira

Rosane Pereira

Rosane Pereira es brasileña. Desde 1975 ha sido misionera de carrera junto con su difunto esposo, Carlos Córdoba. Tiene ocho hijos y cinco nietos. Es profesora de inglés y español, traductora y escritora. Es asimismo socia de Interconnect, pequeña empresa que vincula la traducción y el aprendizaje de idiomas con el turismo y el ecoturismo en la zona de Río de Janeiro.

Más en esta categoría: « Amar y amarse Valió la pena »
Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.