La hospitalidad de Nilda

La hospitalidad de Nilda

Hace unos seis años nos mudamos a un nuevo barrio. Desde que llegamos hemos procurado tener un trato cordial y mostrarnos amables con nuestros vecinos. Los saludamos con una sonrisa, les preguntamos cómo están. Varias veces preparamos pizza en casa y fuimos a llevársela como gesto de amistad. Pensábamos que estábamos sacando nota alta en cuanto a consideración con los vecinos, hasta que conocimos a Nilda.

Los dos nietos adultos de Nilda sufren de una enfermedad genética degenerativa que los tiene incapacitados. Para ayudar con el cuidado de sus nietos Nilda decidió mudarse a vivir con su hija y su familia. Atender a personas con discapacidad física genera mucho trabajo y estrés. Nadie culparía a esa familia por centrarse en los problemas y dificultades que deben superar. No fue el caso de Nilda, sin embargo. Es la persona más hospitalaria que he conocido jamás: casi siempre se encuentra uno su casa con una o dos visitas. Mientras unos se levantan y se van despidiendo, nuevas visitan entran. Es un flujo constante de personas.

Siempre hay a la mano bebidas y pasteles, o se ofrecen meriendas y platos sencillos que se preparan en minutos. A pesar de las pruebas y apuros que enfrenta esa familia, reina en su hogar un ambiente alegre y optimista.

Hasta nuestra perrita, que de vez en cuando nos acompaña en las visitas que hacemos, no sale de ahí sin que le ofrezcan un tazón de agua y uno o dos manjares para perros. Es más, nuestra perrita reconoce a Nilda desde lejos y espera con ansia las delicias que ella le tenga reservadas. Cuando atiende a sus visitas, a Nilda no se le escape ni el menor detalle.

No sé si en unos pocos párrafos puedo describir con propiedad la alegría, la amabilidad, la atención amorosa, la ayuda y la hospitalidad que ella brinda. Pero sí sé que estas palabras de J.R. Miller me recuerdan de ella:

Nuestro Señor […] nos dice que los pequeños detalles que hacemos, como dar de comer a los hambrientos, dar de beber a los sedientos, ser hospitalarios con el desconocido, visitar a los enfermos y otras labores anónimas de amor que no tomamos en cuenta, si se hacen en el espíritu debido, ¡se reciben como si las hubiera practicado el mismo Cristo! […] Lo mejor que podemos hacer con el amor que tenemos es no esperar la oportunidad de realizar un acto espléndido que reluzca delante del mundo, sino más bien llenar todos los días y las horas con pequeños actos de bondad que ennoblecen, fortalecen y alegran a incontables corazones.
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No se olviden de practicar la hospitalidad, pues gracias a ella algunos, sin saberlo, hospedaron ángeles. Hebreos 13:2 (NVI)

Ayuden a los hermanos necesitados. Practiquen la hospitalidad. Romanos 12:13 (NVI)

Irena Žabičková

Irena Žabičková trabaja de lleno como voluntaria en Per un Mondo Migliore en Croacia e Italia.

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