No faltan las oportunidades

No faltan las oportunidades

Hay una forma importante de amar que fácilmente se pasa por alto. Consiste en expresar amor mediante detallitos. Puede ser, por ejemplo, echar una mano a una persona, anteponer sus necesidades a las nuestras, manifestar interés en ella si está estresada o preocupada, ofrecerle una oración, o prestarle oído y procurar comprenderla.

Cuando decidimos hacer una pausa para ayudar a alguien, cuando manifestamos amor e interés por alguien que sufre, cuando damos de lo que tenemos, nos volvemos más amorosos. Vamos dejando una estela de amor en nuestro paso por la vida.

En cambio, cuando optamos por concentrarnos exclusivamente en nuestras metas, obligaciones e intereses, haciendo caso omiso de las personas que nos rodean, nos volvemos más egocéntricos y nos aislamos. Hasta es posible que terminemos divagando sin rumbo en nuestro propio universo. Al final, somos el resultado de las decisiones que tomamos a diario.

Cada uno de nosotros tiene oportunidades de tomar decisiones basadas en el amor al prójimo y el deseo de ayudar a la humanidad. Todos los días podemos realizar actos de bondad. Ponernos en el lugar de los demás y tratar de imaginarnos los motivos por los que actúan como lo hacen es mucho más gratificante que criticarlos. Además, genera compasión, tolerancia y benevolencia. Un sabio dijo en cierta ocasión: «Dios mismo no tiene pensado juzgar a las personas hasta el fin de sus días. ¿Por qué habríamos de hacerlo nosotros?»

Hay muchas formas de manifestar amor. Es deber de cada uno de nosotros reflexionar sobre cómo podemos hacerlo. Tal vez nos vendría bien tomar un cuaderno o diario y plantearnos algunas preguntas como estas:

• ¿Cuánto amor y abnegación demuestro diariamente? ¿Me detengo a manifestar amor a los que lo necesitan?
• Si Dios me pidiera que hiciera un sacrificio, grande o pequeño, por puro amor y altruismo, y yo supiera que me reportaría poco o ningún beneficio, ¿lo haría?
• Cuando no tengo ganas de tomar la iniciativa y me parece que debe ser el otro quien dé el primer paso y se acerque a mí, ¿igual me animo a darlo?
• ¿Estoy dispuesto a escuchar a los demás e interesarme en sus pensamientos, ideas y preferencias?
• ¿Cómo puedo entregarme más al prójimo y dar más sentido a su vida?
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Más dulce que el perfume de las rosas es la reputación de tener un carácter bondadoso, caritativo y altruista, la predisposición a hacer todo el bien que esté dentro de nuestras posibilidades. Orison Swett Marden (1850–1924)

Adaptación de un artículo del curso Roadmap de liderazgo cristiano.

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