Willie y los favores de cinco minutos

Willie y los favores de cinco minutos

Ya terminábamos de distribuir cincuenta paquetes de diez kilos de ayuda a gente de bajos recursos —la mayoría viudas y discapacitados— en un salón a las afueras de uno de los barrios pobres más grandes de África Oriental.

Satisfecha por la labor realizada, yo estaba a punto de partir cuando Sally, una colega, tomó el último paquete y propuso:

—Antes de cerrar llevémosle rápido este paquete a Willie que vive arriba del cerro, pues él no puede caminar hasta aquí.

Yo estaba cansada, sudorosa y con dolor de espalda. Arriba del cerro no sonaba muy exigente, pero a causa de la lluvia el camino que llevaba a los tugurios estaba lleno de barro y había que sortear piedras y basura para llegar a la casucha de Willie.

Cuando estaba a punto de dejar la tarea para otro día, recordé el nuevo propósito que me había hecho, favores de cinco minutos, motivado por algo que había leído en Internet.

¿Te gustaría hacer algo para mejorar el mundo? […] Incorpora el concepto de los favores de cinco minutos que es tan sencillo como su nombre lo indica: Dedica cinco minutos del día para hacer algo en beneficio de otra persona. […] A ti no te costará mucho, pero podría tener un notable efecto en la vida de otra persona.

Adam Grant, del Wharton School de la Universidad de Pennsylvania, es otro promotor de los favores de cinco minutos. Plantea un modo muy grato y novedoso de ver la vida y el éxito que uno por lo general no identificaría con un profesor de una escuela de comercio. Su obra se enfoca en la premisa de que, si uno es un dador —es decir, el que ofrece su ayuda a los colegas— a la larga será más exitoso y respetado que el recibidor o tomador. Incluso escribió un libro sobre el tema. En sus investigaciones sobre personas de excelente desempeño en el campo de las ventas, por ejemplo, encontró que estas tienden a obtener calificaciones «excepcionalmente altas […] en cuanto a su deseo de ayudar a los demás».

La idea de la generosidad en el ámbito laboral suena muy linda; el inconveniente que muchos le ven a dicha filosofía es que nadie tiene tiempo para practicarla. Grant, no obstante, manifiesta que no todo acto de generosidad necesariamente lleva mucho tiempo.

Reflexionando un poco sobre el tema, se me ocurrió que además de difundir felicidad, ser generoso también contribuye a que uno se sienta mejor consigo mismo y más a gusto con la vida en general. Hay quien dice que está vinculado a la longevidad. Después de todo, cuando damos se cumple el conocido principio: «Den, y se les dará; medida buena, apretada, sacudida y rebosante se les dará en su regazo. Porque con la medida con que miden se les volverá a medir».1

Volviendo a Willie, en efecto subimos el cerro y al llegar a su chocita supe que el esfuerzo había valido la pena. Lo encontramos sentado en una desvencijada cama, el único mueble que le quedaba luego que sus pertenencias fueran arrastradas por la súbita crecida de un río sucio que corre por el tugurio. A Willie lo lograron rescatar y lo instalaron en una pieza estrechísima en la parte alta del cerro.

Supimos que Willie había sido caddie en un club de golf de la localidad y que camino a su trabajo fue atropellado por un auto. El accidente le costó una pierna. El conductor huyó, pero posteriormente, cuando fue capturado, resultó que no tenía seguro ni la posibilidad de compensar a Willie por el accidente.

Debido a su discapacidad, Willie perdió su empleo, no ha podido pagar el arriendo y teme ser desalojado. Sueña con abrir un pequeño negocio al borde la carretera frente a su choza para vender productos de limpieza a personas de la vecindad o a transeúntes, pero carece de los medios para la inversión inicial.

Willie recibió el paquete de ayuda con una gran sonrisa.

—¡Dios las envió! —exclamó mientras una lágrima le rodaba por la mejilla.

El favor nos tomó algo más de cinco minutos, pero tuvo una enorme repercusión en la vida de ese hombre, puesto que no solo satisfizo una necesidad inmediata, sino que también creó una oportunidad para Willie. A consecuencia de nuestra visita logramos comunicarnos con personas interesadas en ayudarlo. Hasta la fecha ya se han recaudado los fondos para tres meses de arriendo. Además, todos los meses recibe paquetes de alimentos que le llegan a su puerta.

—Gracias a ustedes he hallado nueva esperanza y un sentido en la vida —exclamó cuando le llegaron productos donados por gente deseosa de ayudarlo a echar a andar su pequeño negocio al borde de la carretera.

Nunca se sabe qué maravillas pueden surgir como consecuencia de un favorcito de cinco minutos en el curso de un día normal, en el lugar de trabajo o simplemente mientras vamos caminando por ahí.

* * *

No fijes nunca la atención en las cantidades. Ayuda a una persona a la vez y empieza siempre por la que tienes más cerca de ti. Madre Teresa (1910-1997)

Ama como puedas, ama a quien puedas, ama todo lo que puedas. No te preocupes de la finalidad de tu amor. Amado Nervo (1870-1919)

El trato que das al que de ningún modo está en situación de ayudarte, promoverte o beneficiarte, revela el verdadero estado de tu corazón. Mandy Hale

La felicidad que se vive deriva del amor que se da. Isabel Allende

El sentido de la vida no es ser feliz. Es ser útil, ser honorable, ser compasivo, que el hecho de que hayas vivido y vivido bien sea un aporte. Ralph Waldo Emerson (1803–1882)

1. Lucas 6:38

Iris Richard

Iris Richard

Iris Richard es consejera. Vive en Kenia, donde ha participado activamente en labores comunitarias y de voluntariado desde 1995.

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