El dador alegre

El dador alegre

Típica mañana en nuestro hogar. Andábamos a las carreras preparándonos para la jornada. Los niños se alistaban para ir al colegio, había que cocinar el desayuno, ordenar la casa, mientras yo metía la comida en la olla de cocción lenta, me ponía el maquillaje y pare usted de contar. La más pequeña trataba de servirse un vaso de leche y aún no conseguía dominar la técnica, así que le pedí a su hermana mayor que la ayudara. No sé por qué, pero esa mañana la mayor no estaba con ganas de dar una mano. Con expresión de fastidio tomó la taza, sirvió presurosamente la leche y la colocó delante de su hermana con aspereza. Eso suscitó en ella una reacción de mal genio que derivó en una discusión entre las dos. Lo menos deseable en ese momento.

A punto estuve de perder la compostura nuevamente. En cambio decidí convertir aquello en un momento didáctico.

—Cariño —le dije—, ¿sabes que hay una diferencia entre dar y dar alegremente?

Por lo visto aquel concepto le resultó un tanto novedoso.

Me recuerda a una anécdota que me contaron sobre un hombre rico pero muy tacaño. Ese señor no quería saber nada de las necesidades económicas de su pueblo. Cuando donaba algo, lo hacía enteramente por deber. Un domingo por la mañana fue a la iglesia y cuando pasaron la bandeja de las ofrendas buscó en su monedero, sacó la moneda más pequeña que podía palpar y la tiró en la bandeja. La cuestión es que al verla caer de su mano se percató con horror de que se trataba de una moneda de oro.

Cuando estiró el brazo para recuperarla, el monaguillo puso su mano sobre la bandeja y le dijo:

—Una vez que la dio, ahí se quedó.

El acaudalado hombre se consoló en voz alta:

—Pues al menos me la reconocerán en el Cielo.

—Nada de eso —replicó el agudo monaguillo—. Solo se le reconocerá lo que usted tenía intención de dar.

La Biblia dice que «Dios ama al dador alegre».1 Me parece que Él valora que nos ayudemos unos a otros con amor y buena voluntad, pues es así como nos trata Él a nosotros. Sin embargo, ¿por qué motivo nos hace felices dar algo o servir a alguien? ¿Acaso no es difícil practicar la generosidad, aunque no sea otra cosa que el gesto de servir una taza de leche? ¿Qué nos mueve a hacer eso con alegría?

Jesús lo explicó cuando dijo: «De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos Mis hermanos más pequeños, a Mí lo hicisteis».2 Al servir a los demás nos convertimos en conductos del amor que Dios no puede manifestar personalmente. Es como si tuviéramos esos gestos de cariño y consideración para con Jesús mismo. No siempre me resulta fácil recordar eso en medio del quehacer cotidiano. A veces ni quiero recordarlo.

No me gusta que me interrumpan cuando estoy ocupada. Supongo que a mi hija tampoco le hizo gracia que la interrumpiera para que sirviera un vaso de leche a su hermana. Aun así, lo hizo. Entonces, ¿por qué no hacerlo con alegría? Así uno no solo bendice a otra persona, sino que se bendice uno mismo.

A medida que hacemos el ejercicio de atender alegremente las necesidades de otros, quizá vayamos notando un cambio en nosotros mismos. Tal vez no nos moleste tanto tener que dejar lo que estemos haciendo para ayudar a alguien. Hasta puede que nos guste esa versión más jovial y generosa de nosotros mismos. Tengo que decir que cuando doy con alegría se me abre el mundo entero. Mis hijos me tratan mejor y se tratan mejor entre ellos. Mis amigos están felices de visitarnos. La compañía de mi marido me resulta más entretenida. Con alegría todo mejora.

* * *

Hay quienes piensan que solo un gran poder puede mantener a raya el mal. Pero no es eso lo que yo he visto. He descubierto que son las cosas pequeñas, los pequeños actos cotidianos de gente común y corriente, los que impiden que prevalezca la oscuridad: los sencillos gestos de amor y bondad (Gandalf, en El hobbit: un viaje inesperado, Warner Bros., 2012).

1. 2 Corintios 9:7
2. Mateo 25:40 (NVI)

Mara Hodler

Mara Hodler es escritora independiente. Este artículo es una adaptación de un podcast transmitido en Just1Thing, portal de internet de formación cristiana para jóvenes.

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