Las moneditas de la viuda

Las moneditas de la viuda

Jesús y Sus discípulos se encontraban en el templo observando a la gente que daba sus ofrendas. Un hombre acaudalado se acercó al cofre haciendo alarde de la jugosa suma que donaba. A este le siguió una viuda, que echó sus dos moneditas de limosna, las de más pequeño valor que hubiera podido dar. Refunfuñando, los discípulos comentaron entre sí lo mísera que era su ofrenda; mas cuál no sería su sorpresa cuando Jesús les dijo que ella había dado más que todos, pues había dado todo lo que tenía.1

Si me pongo en el lugar de la viuda, no creo que se sintiera muy orgullosa de su ofrenda. Aunque sabía bien lo que se podía y no se podía comprar con un par de moneditas, no se planteó que su aporte fuera insignificante. La Biblia no nos cuenta nada más sobre aquella viuda, pero me imagino que si alguna vez tuvo más dinero probablemente fue generosa con él.

Eso es lo que sucede cuando se vive generosamente. Uno siempre puede preguntarse: ¿Qué puedo dar o compartir? ¿Qué tengo yo que alguien por aquí cerca necesita?

Cuando miro a mi alrededor veo que las necesidades son infinitamente grandes. Hay muchísimas personas, organizaciones y causas que necesitan ayuda y dinero con urgencia para llevar a cabo sus misiones. ¿Cómo sé quién merece realmente ayuda, quién es honrado y tiene un buen rendimiento, y quién no? El tema es tan complejo que a veces sinceramente me dan ganas de hacer oídos sordos a todas las peticiones y no darle a nadie.

En lugar de inventarme excusas, para mí ha sido muy práctico contar con un plan que garantice que damos contribuciones periódicamente. Lo hacemos así:

  • Automatización: Todos los meses donamos a ciertos entes fijos sin tener que someterlo a consideración.
  • Donar tiempo: Esto puede traducirse en trabajar voluntariamente para una obra, un colegio o una iglesia; aunque también puede ser invitar a alguien a cenar, reunirse con un amigo para tomar un café, ayudar a una persona a hacer su declaración de impuestos o llenar sus recetas médicas o cualquier cosa que nos mantenga activos brindándonos a los demás.
  • Oportunidades espontáneas: Si estás acostumbrado a dar aportes periódicos, reconocerás las oportunidades cuando se presenten. A veces viene bien exigirse más de la cuenta, aunque resulte un poco inoportuno o impráctico, como lo fue para la viuda.

Ya sea que demos desde una situación de abundancia o desde una de escasez, casi siempre podemos dar algo. Nos hace bien a nosotros y también a los demás.

1. V. Lucas 21:1–4

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Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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