Una riqueza diferente

Una riqueza diferente

El gran lingüista José María Zainqui decía en su diccionario razonado de sinónimos y contrarios que «se llama generosidad a la tendencia de un alma grande y noble a prestar ayuda, perdonar, sacrificarse y dar de lo suyo propio». Más adelante agrega: Abnegación es el nombre que se da al sacrificio del propio bienestar e interés en provecho de otros». Es decir que el concepto general de dadivosidad está centrado en los demás, en dar uno de sí mismo aunque duela y represente una renuncia a algo que para uno es valioso. Entre otros sinónimos, el autor menciona también el desprendimiento y el desinterés, la liberalidad, la largueza y la beneficencia, que no es otra cosa que hacer el bien a los demás.

El concepto va muy de la mano con lo que dijo Jesús: «Cuando des limosna no hagas tocar trompeta delante de ti […] para ser alabado por los hombres»1, ya que eso iría a contrapelo de la genuina generosidad, que pone el foco en los demás y no la propia bondad. El truco está en ser generoso sin ser ostentoso.

Los cristianos practicamos la generosidad para emular a Dios, que nos da generosamente todas las cosas y obra con tal desinterés, que incluso hace llover para los buenos y para los malos.

Todos conocemos gente magnánima, es decir de ánimo grande para dar. En cada uno de nuestros países hay personas públicas que ante una crisis, un suceso catastrófico o una necesidad acuciante sacan la billetera y demuestran con obras sus intenciones altruistas, a lo grande, sin escatimar. Los conocemos muy bien y tienen nuestro respeto. Dios los bendiga. Pero también hay en nuestro entorno gente de pocos recursos, gente pequeña, que nos sorprende con su liberalidad y grandeza y nos demuestra que para ser generoso no hacen falta ingentes recursos. Es más, como lo señala Marie Alvero en su artículo La monedita de la viuda, página 15, Dios premia más al que entrega de lo poco que tiene que al que da de lo que le sobra. Más vale ser pobre y liberal que rico y mezquino.

La paradoja de la generosidad es que cuanto más das, más recibes, no siempre en dinero contante y sonante o en bienes materiales, pero si en satisfacciones espirituales y caudales inmateriales. He ahí la verdadera riqueza. Y lo curioso es que por más que se da, más se tiene; de ahí el dicho de que «Al liberal nunca le falta qué dar».

«Aquel es rico que es dadivoso de corazón», reza el refrán. Esa es, pues, la verdadera riqueza. Hagámonos ricos siendo generosos. Y finalicemos sentenciosamente: «A dar no nos neguemos, pues Dios nos da para que demos».

1. Mateo 6:2

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Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso —que firma algunos artículos con el seudónimo de Gabriel Sarmiento— es director de la revista Conéctate. Tiene una larga trayectoria como traductor e intérprete. Es además profesor, locutor, redactor de artículos motivacionales y escribe poesía. Ha vivido en tres continentes y desde hace 40 años es misionero voluntario de La Familia Internacional. En su cuenta en Twitter publica noticias, frases y reflexiones: @gabiconectate.

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