Como el durián

Como el durián

¿Cómo es posible que a algunos se les antoje una fruta como el durián? ¿Por qué se les ilumina el rostro cuando ven atados de esos caparazones espinosos de color marrón verdoso colgando de los puestos de frutas? ¿Cómo soportan su olor acre y repulsivo? ¿Qué los motiva a forcejear para abrir el grueso caparazón?

Lo que pasa es que se han enamorado de lo que hay dentro. Saben que detrás de esa coraza espinosa y una vez superado el olor hediondo, se encuentra una pulpa exquisita.

Amar a las personas y descubrir sus cualidades y posibilidades puede parecerse un poco a llegar hasta la pulpa de un durián. Hay gente difícil de tratar, malhumorada, que se encierra en un grueso caparazón. Su presencia repele en vez de atraer. Hay personas apestosas, que hacen o dicen cosas hediondas, o que pecan, como nos sucede a todos de vez en cuando. Esas barreras, sin embargo, no son más que un acicate para llegar hasta la dulce pulpa que hay en el interior de la persona.

Para algunos el durián es el rey de las frutas. De la misma manera, los seres humanos son la creación suprema de Dios en la Tierra. Cada uno posee un corazón y un alma mucho más valiosos que ninguna otra cosa de este mundo. Toda persona que ausculte le pecho de otra descubrirá el enorme potencial que allí se esconde, la bondad y las posibilidades latentes que allí hay: solo hace falta que alguien demuestre fe en ellas y las ponga de relieve.

Todo ser humano necesita amigos y parientes que lo amen, que sepan que guarda en su interior cosas buenas y grandes posibilidades y que estén dispuestos a esforzarse para llegar a su magnífica pulpa.

Charles Schwab, un exitoso empresario, dijo en cierta ocasión: «Aún no he conocido a un hombre, por elevada que sea su posición, que no se desenvuelva mejor y ponga mayor empeño cuando se encuentra en un ambiente de aprobación que cuando está bajo una nube de críticas».

Todo el mundo quiere y necesita que se lo elogie por sus logros. Un niño que jugaba a los dardos con su padre le dijo: «Juguemos a los dardos. Yo los lanzo, y tú dices: “¡Buen tiro!”» Eso hace por los demás una persona motivadora.

Tendemos a convertirnos en lo que la persona más importante de nuestra vida cree que llegaremos a ser. Piensa lo mejor de los demás, cree lo mejor y expresa lo mejor que hay en ellos. Con esa clase de afirmaciones no solo te volverás más atractivo, sino que cumplirás un importante papel en su desarrollo personal.

* * *

Es inadmisible que nosotros, los cristianos, privemos a los demás del apoyo que podemos prestarles con nuestras palabras. Si no apoyo a un hermano, ambos perdemos.  John Maxwell (n. 1947), escritor, orador y pastor estadounidense que ha escrito más de 60 libros, principalmente sobre liderazgo

Podcast

Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.