Empatía

Empatía

Algo clave para entender a los demás es ponerse en su lugar. Cuando estuve en la Tierra hice eso por ti. Experimenté en carne propia las vicisitudes de la vida. Me cansaba, me enfermaba, me sentía solo o descorazonado. Me pasó todo lo que te pasa a ti. Habiendo vivido todo eso, estoy en condiciones de identificarme contigo, de ayudarte y consolarte como necesitas que lo haga. Ese mismo principio debes aplicar tú en tus relaciones con los demás. Aunque no puedes cambiar del todo tus circunstancias como hice Yo, sí puedes proyectarte mentalmente y ponerte en el lugar de tus semejantes.

Por ejemplo, antes de pedir a alguien que te haga un favor que a ti te parece muy sencillo y fácil, reflexiona: ¿Lo verá de la misma manera esa persona? O si alguien está un poco alterado o indispuesto, pregúntate qué puede estar ocasionando en él o ella esa agitación o malestar. Esa ruta es mucho más segura que dar por sentado que la otra persona percibe y ve las cosas igual que tú.

Ponte en el pellejo de los demás. Así los comprenderás mejor y te resultará más fácil brindarles apoyo cuando la situación lo amerite. Seguidamente, adapta tus expectativas y tu presentación de acuerdo con las circunstancias. Los demás se darán cuenta de que captas cuáles son sus necesidades o inquietudes y de que has tenido en cuenta sus limitaciones. Eso, a su vez, contribuirá a una mejor convivencia y relación. La empatía genera unidad de pensamiento y objetivos, algo que a todos les resulta grato.

Mensajes de Jesús

Estas palabras de Jesús las captaron hombres y mujeres como tú que simplemente pidieron a Jesús que les hablara. Invocaron la promesa bíblica, que reza: «Clama a Mí y Yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces» (Jeremías 33:3). Gracias a ello obtuvieron consejo, orientación y aliento.

Los mensajes de guía y consuelo que nos vienen en los ratos de oración personal expresan el gran amor y desvelo que nos prodiga Jesús. Él habla a todos los que crean en Él, le pidan que les hable y acepten que ese suave susurro (2 Reyes 12:9) que resuena en sus corazones es la voz de Él. Tú mismo puedes oír directamente a Jesús. Para interiorizarte más sobre el tema, te recomendamos que leas este libro.

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