La comunicación empieza por casa

La comunicación empieza por casa

Pasaba por una mala racha en mis relaciones con los demás. En vez de «ganar amigos e influir sobre las personas», como propone el título del famoso libro de Dale Carnegie, los estaba perdiendo, y la gente se apartaba de mí. Era hora de buscar ayuda. Tomé el teléfono de la oración y marqué Jeremías 33:3: «Clama a Mí, y Yo te responderé, y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces».

Jesús contestó enseguida. Luego del acostumbrado intercambio de afables saludos, nuestra conversación se desarrolló más o menos así:

—Tengo un terrible defecto. Digo cosas que no debo, y a veces la gente me interpreta mal. Eso me complica mucho la vida, y no es realmente lo que quiero. Me gustaría llevarme bien con las personas; es más, quiero que mis relaciones con todos sean excelentes. Te pido que me des unos consejos. ¿Cómo puedo mejorar mis técnicas de comunicación?

—­Mira a tu alrededor.

—¿Quieres enseñarme algo?

—Sí. Muchas cosas.

Aunque estaba desconcertado, era tanta mi expectación que estaba dispuesto a probar lo que fuera.

—¿Te refieres a que debo darme una vuelta por la casa? Yo puedo hacerlo; pero ¿qué debo buscar?

—Abre bien los ojos y los oídos, nada más. Tal como te prometí, te enseñaré cosas grandes y ocultas.

Mientras recorría la casa —esto puede parecer totalmente descabellado—, Jesús fue una especie de guía invisible para mí.  

Al cruzar la primera puerta, me dijo:

—Recuerda para qué sirven las puertas. Conectan un recinto con otro. Si quieres conectar con los demás, tu comunicación ha de ser franca y sincera.

En la cocina me dijo:

—Hay varios artículos aquí que tienen especial importancia para nosotros hoy. El afilador de cuchillos deja la hoja más limpia y aguda. Verás que ahora corta esta zanahoria fácilmente, de un solo golpe. Tal vez recuerdes el proverbio que dice: “Hierro con hierro se aguza; y así el hombre aguza el rostro de su amigo”1. Las buenas conversaciones te aguzan. ¿Cuál es el opuesto de aguzado? Correcto… obtuso o embotado. Esas son dos características que conviene que evites en tus relaciones con los demás.

»Estos aparatos de cocina encierran otra enseñanza. Hubo que cavilar mucho para crearlos. Sus diseñadores se preocuparon de que los usuarios los entendieran y por eso redactaron manuales de instrucciones. Lo hicieron para que pudieras sacarles mejor partido y evitarte contratiempos. La buena comunicación se asemeja mucho a eso. Tienes que ser claro en tus explicaciones y escuchar cuidadosamente lo que te dicen los demás. De lo contrario seguramente habrá malentendidos.

»Ah, y ya que estamos aquí, ¿te apetece una taza de té? Pon a calentar el agua. Llevará un tiempo, así que tendrás que armarte de paciencia. Dicho sea de paso, esa es otra virtud necesaria para entablar buena comunicación. Cada persona es única; por ende, no hay dos personas que vean una situación dada desde la misma perspectiva. Para lograr ver las cosas como los demás y llegar a un acuerdo suele hacer falta paciencia.

»Una taza de té hirviente te ayuda a entrar en calor: el mismo efecto tiene el amor. El saberte amado te motiva a amar a los demás, ¿no es cierto? Si de todo esto no retienes nada más, acuérdate de que lo principal es comunicarte de tal forma que la otra persona se sienta amada. Hay muchas maneras de comunicarse con amor; algunas son muy sencillas, por ejemplo, demostrar a las personas que valoras su opinión o que disfrutas de su compañía, sonreírles o hacerles un cumplido sincero.

»Ahora vayamos al pasillo. Ten cuidado, pues acaban de trapear el piso. Lanzarse a caminar rápidamente por un suelo resbaladizo puede causar una ingrata caída. De igual modo, apresurarse a hablar —sobre todo en situaciones escurridizas— puede ocasionar un desastre.

»¿Estás a gusto? ¿Mucho calor o mucho frío? ¿Está bien así? Perfecto. Aquí a la izquierda tenemos un dispositivo muy interesante denominado termostato. Mantiene la casa a la temperatura deseada subiendo o bajando la intensidad de la calefacción según sea necesario. Asimismo, para que tu interlocutor se sienta cómodo y la comunicación no se enfríe ni se caldee demasiado, debes estar atento a sus necesidades.

»¿Ves ese reloj de pared? Sirve para recordarte lo importante que es el sentido de la oportunidad en la comunicación. Dale tiempo a la gente para terminar de despertarse en la mañana, o para calmarse si sabes que está alterada. Y naturalmente, el mejor criterio para saber si es el momento indicado para decir algo es tomarte la molestia de escuchar antes de hablar.

»Si guardas silencio, oirás el tic tac del reloj. Hay momentos en que tienes que acallar tus propios pensamientos para escuchar el tic tac de los demás. Si prestas ese grado de atención a la gente, descubrirás que eso conlleva un par de beneficios más: tus interlocutores se sentirán más cómodos conversando contigo, y es más probable que ellos también te escuchen. ¿Sabías que uno puede escuchar cinco veces más rápido de lo que es capaz de hablar? Por eso muchas personas cometen el error de interrumpir a los demás en medio de una frase.

»Pasemos a la sala. La sala no debe estar ni muy vacía ni muy atestada de cosas. Unos sofás confortables, unos pocos cuadros y adornos de buen gusto y una buena luz ambiental hacen que los invitados se sientan como en su casa y se distiendan. Así debería sentirse la gente en tu presencia; dale a entender que su comunicación contigo es bien recibida».

En ese momento tocaron a la puerta. Era hora de poner en práctica algunos de estos consejos.

1. Proverbios 27:17
Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder

Curtis Peter van Gorder es escritor, facilitador y mimo. Vive en Alemania. V. el sitio web Elixir Mime.

Más en esta categoría: « Los elogios El desplume »
Copyright 2019 © Activated. All rights reserved.