Mandamientos paradójicos

Mandamientos paradójicos

Las personas muchas veces son poco razonables, ilógicas, egocéntricas;
aun así, perdónalas.
Si eres considerado, quizá te acusen de tener segundas intenciones y motivos egoístas;
aun así, sé considerado.
Si tienes éxito, ganarás falsos amigos y verdaderos enemigos;
aun así, ten éxito.
Si eres franco y honrado, es posible que te engañen y te timen;
aun así, sé franco y sé honrado.
Lo que te ha costado años construir, alguien puede destruirlo de la noche a la mañana;
aun así, construye.
Si encuentras sosiego y felicidad, puede que envidien;
aun así, procura ser feliz.
El bien que hagas hoy, muchos lo habrán olvidado mañana;
aun así, haz el bien.
Por mucho que le des al mundo lo mejor de ti, no será suficiente;
aun así, dale lo mejor de ti.
Verás que a fin de cuentas todo queda entre Dios y tú;
nunca ha sido de otra manera.
* * * * *

Se ha atribuido la autoría de los Mandamientos paradójicos a la madre Teresa de Calcuta, dado que ella los tenía en la pared de su habitación. Sin embargo, los escribió Kent Keith cuando tenía 19 años, y la Harvard Student Agencies los publicó por primera vez en 1968.

Mientras podamos

Dormía y soñé que la vida era alegría. Desperté y vi que la vida era servicio. Serví y vi que el servicio era alegría.—Rabindranath Tagore (1861–1941)

Solo durante los breves años de esta vida se nos da el privilegio de servir a los demás y a Cristo. El Cielo lo tendremos para siempre; en cambio, aquí solo disponemos de un poco de tiempo para servir. No debemos malgastar la oportunidad.—Sadhu Sundar Singh (1889–1933)

Aunque supiera que mañana el mundo se haría pedazos, no dejaría de plantar mi manzano.—Martín Lutero (1483–1546)

Fórmula para construir un mundo mejor

¿No sería fantástico que todos hiciéramos lo que dijo Jesús y amáramos al prójimo como nos amamos a nosotros mismos (V. Mateo 22:39)? Cuando uno trata desconsideradamente a los demás, se acarrea conflictos. No es aventurado afirmar que todos los males del mundo moderno son causados por la falta de amor a Dios y a nuestros semejantes. Por consiguiente, esa es la sencilla solución, aun en una sociedad tan confusa y sumamente compleja como la actual. Amar a Dios nos capacita para amarnos y respetarnos unos a otros. Podemos entonces seguir Sus preceptos, que conducen a la libertad y la felicidad. Así todo marchará bien, y todos nos sentiremos contentos y en armonía con Él.—David Brandt Berg

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