Suave con la franqueza

Suave con la franqueza

Pregunta: Soy una persona franca y directa. Digo las cosas sin rodeos, pero a veces termino ofendiendo a los demás, sobre todo a aquellos que más aprecio: mi familia, mis amigos y mis compañeros de trabajo. De más está decir que no me gusta hacer eso; por otra parte, tampoco quiero ser hipócrita o dejar de actuar con espontaneidad. ¿Qué me recomiendan?

Respuesta: Se trata de un dilema bastante generalizado, que refleja una tendencia existente hoy en día en ciertos sectores de la sociedad: una compulsión por ser muy franco y directo respecto de lo que uno siente u opina. En muchos casos es fruto de un sincero deseo de no ser falso o hipócrita —lo cual está bien—; pero también tiene sus inconvenientes. Tal como te sucede a ti, puede generar tirantez y dolor por parte y parte.

En definitiva, es cuestión de determinar qué es más importante: actuar con espontaneidad o conducirnos con amor. Si lo uno equivaliera siempre a lo otro, no habría problema. Pero lo cierto es que, por naturaleza, no siempre obramos con amor. Dios sí, pues «Dios es amor» (1 Juan 4:8). De modo que en resumidas cuentas se trata de optar entre actuar conforme a nuestra manera de ser o actuar conforme a la voluntad de Dios y el mensaje de Cristo. Cuando nuestra reacción automática sea decir algo que puede resultar ofensivo o hiriente, en lugar de hablar sin tapujos debemos orar para que el Espíritu Santo nos inspire palabras oportunas y amorosas. «El amor de Cristo nos constriñe» (2 Corintios 5:14). Dicho de otra manera, nos impide soltarle cuatro verdades a un prójimo y nos mueve en cambio a actuar con amor.

Lo primero que debes hacer es proponerte obrar con amor en vez de dejarte llevar por lo que te nazca en el momento. En segundo lugar, pídele ayuda a Dios. Y para terminar, tienes que cultivar el hábito de comportarte así. Para la mayoría de las personas, esa es la parte más difícil y la que más tiempo lleva. Aquí tienes unos consejos que te ayudarán a adquirir antes esa costumbre:

• Pregúntate: «¿Estoy actuando con amor?»
• Ponte en el lugar de la otra persona.
• Elige con cuidado las palabras que vas a decir. Ora antes de hablar.
• Sé cortés.
• Respeta los puntos de vista, las preferencias y los sentimientos ajenos.
• Aborda los problemas constructivamente.
• Lee, absorbe y aplica la Palabra de Dios. «El hombre bueno, del buen tesoro de su corazón saca lo bueno; [...] porque de la abundancia del corazón habla la boca» (Lucas 6:45).

El siguiente pasaje es muy apropiado como punto de partida: «Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros. Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús» (Filipenses 2:3-5). ¡Que tengas una feliz transformación! 

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