El perdón

Aclaremos cuentas

Los primeros versículos del capítulo inaugural del libro de Isaías son aterradores. Dios emplea allí un lenguaje muy fuerte para ventilar las numerosas ofensas cometidas por el reino de Judá, entre las que destacan la opresión de los pobres, actos de corrupción y manos manchadas de sangre, todo lo cual los había distanciado y enajenado de Dios. Les espetó que sus prácticas religiosas se habían falseado y desvalorizado y que en sus corazones primaba la maldad y la rebeldía contra Dios. Como consecuencia, sufrían ignominiosas y categóricas derrotas a manos de sus enemigos.

Perdón transformador

Perdonar no es un acto emocional; es una decisión. No es que al decidir perdonar todo el dolor desaparezca; sin embargo, esa decisión tuya me permite obrar en tu corazón.

La decisión de perdonar

Tal vez Pedro pensó que iba a complicar a Jesús cuando le preguntó: «Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano o hermana que ha pecado contra mí?». Quería que le diera un número, que se lo cuantificara para saber hasta qué punto era tolerable y en qué momento ya no había más espacio para el perdón. Entonces aventura una cifra: «¿Siete veces?» «No, siete veces no —le responde Jesús—, sino setenta veces siete».1

El proceso continuo

«Perdónanos el mal que hemos hecho, así como nosotros hemos perdonado a los que nos han hecho mal».1 La primera vez que leí ese versículo de la Biblia me punzó la conciencia y sentí vergüenza. ¿Por qué? Porque sabía que había personas a las que no había perdonado. Y, sin embargo, quería que Dios me perdonara por actitudes mías que habían ofendido a otros.

Misericordia

Él nos salvó, no por nuestras propias obras de justicia, sino por su misericordia.
Tito 3:5 (NVI)

*

Sean compasivos, así como su Padre es compasivo.
Lucas 6:36 (NVI)

¿Bien conservado o avinagrado?

Mi sabor preferido es el ácido: caramelos ácidos, pepinillos, cualquier cosa que sea con limón, las cerezas agrias, todo eso me encanta. Hay quienes prefieren lo dulce, lo salado o el recién llegado al barrio, el umami de los japoneses. En fin, cada uno tiene sus gustos y sabores preferidos, pero el que creo que no es favorito de nadie es el amargo. No me sorprende. De hecho, la palabra que más he visto empleada en las definiciones de amargo es desagradable.

Pedir perdón

Hace años me vi en una situación laboral complicada y desagradable con un compañero de trabajo. Las cosas no mejoraron y fue un alivio cuando finalmente él se trasladó a otro lado. Un tiempo después recibí un breve correo electrónico suyo con tres palabras: «Te pido disculpas».

El llamado a perdonar

Los Evangelios describen que Jesús fue azotado, golpeado y finalmente clavado a una cruz. Mientras pendía de aquel madero, aguardando la muerte, algunas de Sus últimas palabras fueron: «Padre, perdónalos».1 El perdón fue Su respuesta a un juicio injusto, a la flagelación que tuvo que soportar con un azote de puntas de hueso o metal que le laceraron la piel, causándole un dolor inimaginable, y a los clavos con que le perforaron las manos y los pies para luego ser dejado ahí en la cruz agonizante.

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