El perdón

Gestos de perdón

Siempre me han impactado mucho las personas que logran perdonar. Cuando era niña, siempre había alguno que no se tomaba revancha cuando los demás se burlaban de sus rarezas o de su cara llena de granos. Más tarde yo misma tuve que aprender a perdonar cuando mi novio me dejó sin motivo aparente y sin explicación alguna. Luego vino mi matrimonio, que me ofreció un sinfín de oportunidades de perdonar y ser perdonada. El trabajo en equipo también es idóneo para practicar el perdón.

Perdonar es divino

La capacidad de perdonar forma parte de la naturaleza y esencia de Dios, y cuando ejercitas ese don te elevas por encima de las limitaciones de tu condición humana.

El que no cojea renquea

En general me considero una persona afable y presta a perdonar. Sin embargo, en la universidad pasé por una experiencia que puso a prueba mi capacidad de perdón. Resulta que me encargaron que preparara una presentación sobre literatura inglesa moderna juntamente con un compañero de curso, Matt; pero él desde el principio me crispaba los nervios.

El perdón según la óptica divina

Jesús contó una parábola sobre el perdón que me punza el corazón y la conciencia cada vez que la oigo1. Habla de un buen rey a quien su contador le recuerda que uno de sus súbditos le debe una enorme suma de dinero, equivalente a miles de millones de dólares de hoy en día. Se trata de un monto tan grande que no hay ninguna posibilidad de que el hombre lo pueda pagar.

Fuerzas para perdonar

Descubrí la fuerza del perdón una tarde de julio de 1976. Fue durante el régimen de Idi Amin, cuando Uganda se había paralizado. El trabajo, la economía, la infraestructura, la educación, todo se detuvo. Yo estudiaba en la Universidad Makerere, acababa de casarme y estaba embarazada.

No tomar represalias

Jesús comenzó el Sermón del Monte con las Bienaventuranzas1, que auguran bendiciones para los pobres en espíritu, los que lloran, los mansos, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los de limpio corazón, los pacificadores y los que padecen persecución. Con ello nos enseñó cómo deben ser los que forman parte del reino de Dios. De ahí pasó a hablar de otro tema:

Tras el tiroteo

Llevaba una temporada difícil. No podía dejar de pensar en ciertas personas que me habían ofendido, y a ratos casi explotaba de rabia y resentimiento.

Lo único que consigo alterándome y enojándome es que se me nuble el pensamiento y se enturbie mi perspectiva de la situación, no que se resuelva el problema. Mi reacción natural es desquitarme y pedir satisfacción, pero a la larga eso no hace sino empeorar las cosas.

La cárcel

Se cuenta que el papa León XII realizó una visita a la cárcel del Vaticano en 1825. Según la anécdota, el Sumo Pontífice insistió en interrogar a cada uno de los reclusos para averiguar las circunstancias en que habían ido a parar allí. Como era de esperarse, todos alegaron inocencia, todos excepto uno, que admitió ser falsificador y ladrón. Volviéndose hacia el carcelero, el Papa ordenó con severidad: «¡Ponga inmediatamente en libertad a este sinvergüenza, no sea que su presencia corrompa a todos estos nobles caballeros alojados aquí!»

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