El perdón

La cárcel

Se cuenta que el papa León XII realizó una visita a la cárcel del Vaticano en 1825. Según la anécdota, el Sumo Pontífice insistió en interrogar a cada uno de los reclusos para averiguar las circunstancias en que habían ido a parar allí. Como era de esperarse, todos alegaron inocencia, todos excepto uno, que admitió ser falsificador y ladrón. Volviéndose hacia el carcelero, el Papa ordenó con severidad: «¡Ponga inmediatamente en libertad a este sinvergüenza, no sea que su presencia corrompa a todos estos nobles caballeros alojados aquí!»

Aprender del dolor

Hace ya veinte años que vivo y trabajo en lo que antes era Yugoslavia. Ya había vivido aquí antes, justo después de la muerte del presidente Tito en 1980. Sus fotos todavía estaban por todos lados y, aunque el país se encontraba en medio de una crisis económica de proporciones, parecía que nadie cuestionaba la unidad yugoslava. Habiendo vivido aquí antes y después, todavía es un enigma para mí cómo es posible que una sucesión de guerras civiles particularmente brutales y sangrientas derivara en la formación de siete países.

Un puente que cruzar

Sed benignos unos con otros,misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
Efesios 4:32

*

El perdón es la llave para abrir la puerta del resentimiento y las esposas del odio. Es la fuerza que rompe las cadenas del rencor y los grilletes del egoísmo. 

La magia del perdón

—¡Me gustaría que hubieras sido varón!

No sé cuántas veces le oí decir eso a mi madre en mi niñez. Teniendo en cuenta la cultura en que se crió y las actitudes de la sociedad argentina de aquel entonces, ahora entiendo mejor lo desalentador que fue para ella tener solo una hija y ningún hijo varón. De todos modos, en esa época me dolió muchísimo. Como además yo me enfermaba durante meses seguidos en los helados y húmedos inviernos de Buenos Aires, y no podía ir al colegio y jugar con mis amigas, me sentía sola y aislada.

Estremecedora perspectiva

Hace poco me topé con un conocido pasaje de la Biblia que he leído, oído y hasta citado un montón de veces; pero en esa ocasión, al meditar sobre su aplicación práctica y las enormes consecuencias de hacer caso omiso de él, comprendí más cabalmente su importancia.

Mateo 6:14,15 dice: «Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti. Pero, si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados»1.

El fruto conciliador: la paciencia

«El fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, amabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre y dominio propio. Contra estas cosas no hay ley»1.

—Si mi hermano me ofende, ¿cuántas veces he de perdonarlo? —le preguntó un hombre a Jesús.

Acto seguido aventuró una respuesta:

—¿Siete veces?

El color del amor

En años recientes hemos visto o leído los horrores que pueden derivar de una escalada de animosidad entre pueblos de distinta raza, ideología o religión. Los enfrentamientos étnicos en el Cuerno de África, la violencia política en el norte de ese mismo continente, los continuos derramamientos de sangre en Oriente Medio y las innumerables rivalidades raciales que hay en muchas otras partes del planeta siembran dudas sobre el estado actual de la sociedad humana. La mayor parte de estos conflictos son contiendas intestinas entre los habitantes de un mismo país, y la mayoría de las víctimas son civiles.

Perdonar y olvidar

Me duele en el alma verte sufrir. Conozco y comprendo tu angustia, la rabia que tienes, tu pesar, tu remordimiento, el enojo que albergas por las faltas, errores y pecados de los demás. Por otra parte, sé que es propio de la naturaleza humana el ánimo de desquitarse, de vengarse y de resistirse a la voz interior que te aconseja perdonar y olvidar las discrepancias. Es muy difícil perdonar y olvidar de verdad.

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