Aclaremos cuentas

Aclaremos cuentas

Los primeros versículos del capítulo inaugural del libro de Isaías son aterradores. Dios emplea allí un lenguaje muy fuerte para ventilar las numerosas ofensas cometidas por el reino de Judá, entre las que destacan la opresión de los pobres, actos de corrupción y manos manchadas de sangre, todo lo cual los había distanciado y enajenado de Dios. Les espetó que sus prácticas religiosas se habían falseado y desvalorizado y que en sus corazones primaba la maldad y la rebeldía contra Dios. Como consecuencia, sufrían ignominiosas y categóricas derrotas a manos de sus enemigos.

No obstante, a pesar de su deliberado pecado, el sufrimiento de Su pueblo tocaba a Dios en Su fibra más íntima. No se explayó en cuanto al castigo que este merecía. «Abandonen sus caminos malvados» —les suplica—. «Aprendan a hacer el bien. Busquen la justicia y ayuden a los oprimidos.»1

Seguidamente pronuncia una de las promesas más sobrecogedoras de la Biblia, que además arroja luz sobre el grado de amistad que Él desea alcanzar con nosotros: «Vengan ahora. Vamos a resolver este asunto. Aunque sus pecados sean como la escarlata, yo los haré tan blancos como la nieve. Aunque sean rojos como el carmesí, yo los haré tan blancos como la lana».2

Esa promesa demuestra que Dios no solo está dispuesto a perdonar; desea ardientemente hacerlo. Y así como una nevazón cubre de blancura un pozo de sangre y lo hace ver como si nunca hubiera estado allí, el perdón de Dios es tan profundo y abarcador que da la impresión de que el mal que allí imperaba nunca hubiera existido. Él ni siquiera se acuerda de nuestros pecados.3

Un perdón de esa magnitud es sin duda sobrenatural y parte de la misma naturaleza de Dios. No es habitual que podamos asumir el dolor, la rabia y la injusticia que nos embargan y hacer como si el agravio nunca se hubiera producido. Esa flaqueza humana, sin embargo, no nos exime de poner de nuestra parte y hacer el esfuerzo para perdonar a otros. El secreto está en recordar lo que Jesús hizo por nosotros. Aunque no merecíamos que Él se echara sobre Sus hombros todos nuestros pecados y faltas, lo hizo cuando ofrendó Su vida por nosotros. Esmerémonos por ser más como Él concediendo a otros el perdón inmerecido que Él nos concedió a nosotros.

1. Isaías 1:16,17. NTV
2. Isaías 1:18 NTV
3. V. Hebreos 8:12

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Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso

Gabriel García Valdivieso —que firma algunos artículos con el seudónimo de Gabriel Sarmiento— es director de la revista Conéctate. Tiene una larga trayectoria como traductor e intérprete. Es además profesor, locutor, redactor de artículos motivacionales y escribe poesía. Ha vivido en tres continentes y desde hace 40 años es misionero voluntario de La Familia Internacional. En su cuenta en Twitter publica noticias, frases y reflexiones: @gabiconectate.

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