Estremecedora perspectiva

Estremecedora perspectiva

Hace poco me topé con un conocido pasaje de la Biblia que he leído, oído y hasta citado un montón de veces; pero en esa ocasión, al meditar sobre su aplicación práctica y las enormes consecuencias de hacer caso omiso de él, comprendí más cabalmente su importancia.

Mateo 6:14,15 dice: «Si perdonas a los que pecan contra ti, tu Padre celestial te perdonará a ti. Pero, si te niegas a perdonar a los demás, tu Padre no perdonará tus pecados»1.

Esos versículos no admiten ambigüedades. Conceder o negar el perdón a quienes nos ofenden incide directamente en nuestra relación con Dios.

Era de esperar que poco después de esa declaración de Jesús, el apóstol Pedro le preguntara:

—Señor, ¿cuántas veces debo perdonar a alguien que peca contra mí? ¿Siete veces?

—No siete veces —respondió Jesús—, sino setenta veces siete2.

Es decir, 490 veces. Con esa abultada cifra Jesús quiso subrayar que no hay justificación alguna para no perdonar a alguien.

A fin de recalcar todavía más ese punto, continuó con el relato de un rey que deseaba arreglar cuentas con sus siervos o súbditos, en el cual empleó también cifras muy elevadas.

Un hombre le debía al rey 10.000 talentos. Un talento equivalía a 57 kilos, por lo que aquel hombre le debía al rey 570 toneladas, muy probablemente de oro o de plata. Al precio de hoy, si fueran de plata equivaldrían a 400 millones de dólares; de ser de oro, el valor ascendería a unos 25.000 millones de dólares. En cualquier caso, era una deuda enorme. Puesto que el hombre no puede pagar, el rey ordena que él, su esposa, sus hijos y todas sus pertenencias sean vendidos. El súbdito le implora paciencia al rey, y este, por lástima, no solo aplaza la deuda, sino que se la perdona en su totalidad.

Lamentablemente, el siervo exonerado encuentra luego a un consiervo suyo que le debe 100 denarios. Se calcula que un denario equivalía a unos 20 dólares actuales, por lo que la deuda del consiervo ascendía a unos 2.000 dólares, es decir, una suma muchísimo menor que la deuda que se le había perdonado al primer siervo. A pesar de la enorme diferencia, el siervo exonerado manda encarcelar a su colega por atrasarse en sus pagos.

Cuando el rey se entera de aquel atropello, manda llamar al siervo exonerado y le dice:

—¡Siervo malvado! Te perdoné toda esa deuda porque me lo rogaste. ¿No deberías haber tenido compasión de tu compañero así como yo la tuve de ti?

Entonces el rey, indignado, hace encarcelar también a ese siervo.

Jesús termina el relato con una alarmante declaración: «Así tratará también Mi Padre celestial a cada uno de ustedes si no perdonan a sus hermanos»3.

Hay ocasiones en que los demás pecan contra nosotros o nos hieren, ya sea con intención o sin ella. Lo mismo se da a la inversa: a veces somos nosotros los que herimos a nuestros semejantes o pecamos contra ellos. Si alguna vez alguien nos trata injustamente, nos engaña, nos roba o nos desacredita a nuestras espaldas, si nos estafa o no cumple su palabra con nosotros, sea como fuere, sea cual sea la ofensa o el daño sufrido, se nos manda perdonar.

Perdonar no significa que le demos la razón a la otra persona, ni que haya quedado subsanado el perjuicio o el daño que nos causó. Simplemente quiere decir que en vez de tratar de determinar quién tiene razón y quién no, dejamos eso en manos de Dios, junto con las repercusiones que hayan tenido las acciones de la persona. Uno adopta una actitud noble y perdona.

Todos pecamos; ninguno alcanza la gloria de Dios4. Al igual que el siervo inclemente, cada uno de nosotros tiene una deuda descomunal con Dios, tan grande que nadie podría pagarla jamás. Por medio de Jesús, Dios nos dispensa de esa deuda; pero a la vez nos insta a dispensar a los demás.

Desde esa óptica, puede resultar desconcertante que si no perdonamos a quienes pecan contra nosotros, Dios no nos perdonará cuando pequemos contra Él. Lo bueno es que también podemos considerarlo como una promesa: Si perdonamos a los demás, Dios nos perdonará a nosotros5. Si somos misericordiosos, se nos tratará con misericordia. Si perdonamos, seremos perdonados.

«Dado que Dios los eligió para que sean Su pueblo santo y amado por Él, ustedes tienen que vestirse de tierna compasión, bondad, humildad, gentileza y paciencia. Sean comprensivos con las faltas de los demás y perdonen a todo el que les ofenda. Recuerden que el Señor los perdonó a ustedes, así que ustedes deben perdonar a otros. Sobre todo, vístanse de amor, lo cual nos une a todos en perfecta armonía»6.

* * *

Los débiles no son capaces de perdonar. El perdón es el atributo de los fuertes.  Mahatma Gandhi (1869–1948)

1. NTV
2. V. Mateo 18:21,22
3. V. Mateo 18:23–35
4. V. Romanos 3:23
5. V. Marcos 11:25
6. Colosenses 3:12–14 (NTV)

Podcast

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam

Peter Amsterdam se dedica activamente al servicio cristiano desde el año 1971. En 1995 accedió al cargo de codirector —junto con su esposa María Fontaine— de la comunidad de fe conocida como la Familia Internacional. Es autor de una diversidad de artículos sobre fe y teología cristiana. (Los artículos de Peter Amsterdam publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

Copyright 2021 © Activated. All rights reserved.