La decisión de perdonar

La decisión de perdonar

Tal vez Pedro pensó que iba a complicar a Jesús cuando le preguntó: «Señor, ¿cuántas veces he de perdonar a mi hermano o hermana que ha pecado contra mí?». Quería que le diera un número, que se lo cuantificara para saber hasta qué punto era tolerable y en qué momento ya no había más espacio para el perdón. Entonces aventura una cifra: «¿Siete veces?» «No, siete veces no —le responde Jesús—, sino setenta veces siete».1

Una rápida operación nos dice que 490 parece ser el número mágico, que era mucho mayor de lo que Pedro proponía. Sin embargo, no se trata de un valor aleatorio. Como siempre, las palabras de Jesús eran precisas y certeras. En la numerología hebrea cada letra tiene un valor numérico y las palabras que poseen el mismo valor numérico suelen estar conectadas en cuanto a significado. Tamim, que en hebreo significa «completo» o «perfecto» tiene un valor numérico de 490. Dicho de otro modo, se espera un perdón pleno. No se le fija un límite.

Diré una obviedad: ¡Eso cuesta! A veces el perdón es inmerecido o ni siquiera nos lo piden. Hay ocasiones en que no hay arrepentimiento. Aun así, la decisión de perdonar ya está establecida. Sé que perdonaré porque eso es lo que Jesús me pide. Es más, es lo que Él hizo por mí. Me perdonó mis pecados pasados, presentes y futuros. De ahí que me esforzaré por perdonar de igual manera.

Una de las cosas más importantes que aprendí sobre el perdón es que se trata de un proceso continuo. Puedo decidirme a perdonar a alguien por algo y ser sincera en mi deseo de hacerlo. Pero más adelante puede que me enfade con esa persona otra vez por la misma ofensa. ¿Será que esa es otra de las aplicaciones que tiene lo de 490? Perdonar continuamente la misma ofensa hasta que la memoria de la misma ya no me altere, perturbe o me motive a buscar revancha.

A veces perdonar requiere más fortaleza y amor de los que me siento capaz de dar. Menos mal que el perdón no es una emoción. Es una decisión y una acción. Dado que Jesús nos salvó, contamos con la gracia para tomar la decisión de perdonar a los demás.

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Quien no es capaz de perdonar destruye el puente por el que él mismo ha de pasar; pues todos los hombres tienen necesidad de que se los perdone. George Herbert (1593–1633)

1. V. Mateo 18:22

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Marie Alvero

Marie Alvero ha sido misionera en África y México. Lleva una vida plena y activa en compañía de su esposo y sus hijos en la región central de Texas, EE. UU. 

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