Igualdad de género

Igualdad de género

Al hablar de igualdadde oportunidades y derechos para el hombre y la mujer, en muchas ocasiones lo que nos planteamos en realidad —lo admitamos o no— es: ¿Quién manda? Hoy por hoy, la competencia, el orgullo, las comparaciones y el descontento ofuscan a mucha gente. ¡Cuánto más agradable sería que en el trabajo y en nuestra vida personal simplemente reconociéramos las dotes, aptitudes y virtudes de los demás; y que sin hacer discriminación de sexo nos esforzáramos por que cada persona estuviera en un puesto en que pudiera sentirse incentivada, a gusto y en condiciones de aportar lo más posible al equipo!Me dirás que es más fácil decirlo que hacerlo, y tienes toda la razón.

En todas partes la gente quiere liberarse. La lucha por la emancipación no es exclusiva de la mujer. Los hombres también tienen necesidad de liberarse. Pero ¿cómo hallamos esa liberación? La clave no está en que el hombre domine a la mujer, ni la mujer al hombre, sino en que todos trabajen en armonía, en unidad, fundidos en el amor de Dios, sirviéndose mutuamente con humildad, cada uno desempeñando su papel, cada uno estimando al otro como superior a sí mismo1.

Tal vez esto parezca poco realista, una quimera, una utopía, algo que jamás podría plasmarse en este mundo. Dadas las flaquezas propias de la naturaleza humana, ¿cómo hacemos para superar las contiendas, los celos, las divisiones, la competencia feroz, las puñaladas traperas y tantas otras lacras que entorpecen las buenas relaciones?

Muchos consideran que en el mundo de hoy los recursos y las cualidades de la mujer se explotan de manera innoble o simplemente se desaprovechan. Algunos han pretendido remediar la situación por la fuerza, por la vía de la legislación y aun de la dominación. Al hacerlo han pervertido la gracia y la belleza que Dios ha concedido a la mujer. Dios tiene una solución mejor.

En primer lugar —y esto puede ser una sorpresa—, el Creador no ensalza la fortaleza de ninguna persona, sea hombre o mujer. Las fuerzas de un ser humano son sumamente limitadas. La mayor fortaleza, el amor más sublime y los dones más preciados provienen de lo alto, de Dios2. Por tanto, quienes gozan de mayor libertad —sean hombres o mujeres— son los que sacan sus fuerzas de Él.

El Espíritu de Dios mora en todo aquel que ha abierto su corazón a Jesucristo3. A medida que uno se entrega más a Él y le rinde sus pensamientos y su voluntad, crece espiritualmente. Así, las habilidades con que Dios lo ha dotado se multiplican, y deja de ser como era antes. Se convierte en una nueva criatura en Cristo, dotada no de la fortaleza de la carne, sino del poder del Espíritu Santo4. Aunque uno carezca de fortaleza propia, Dios lo inviste de poder5. No es que adquiramos poder por nosotros mismos, sino que Él obra en nosotros y por intermedio de nosotros. Eso es válido tanto para el hombre como para la mujer.

El Espíritu de Dios obra por medio de personas de ambos sexos. A ellas les da la oportunidad de ejercitar sus dones y aptitudes, y a ellos les hace reconocer y apreciar esos dones y aptitudes sin sentirse desplazados.

La clave de la emancipación bien entendida no consiste en procurar el dominio o el poder, o en que un sexo se imponga al otro, sino en que ambos se levanten mutuamente, en que el hombre asista a la mujer, y ella al hombre, y cada uno aporte según su capacidad. La solución está en el altruismo y la abnegación por ambas partes, en la aceptación de los dones y aptitudes del otro, en el reconocimiento del Espíritu de Dios en cada uno.

Cuanto más nos sometemos al Espíritu de Dios, más aspectos descubrimos en los que no tiene por qué haber un cisma entre los sexos. Jesús mora en todos los que lo hemos aceptado. A todos nos concede fuerzas, y obra por medio de todos, sin reparar en nuestro sexo6. A medida que estrechamos nuestra relación con Él, percibimos más claramente Su Espíritu el uno en el otro. En lugar de desestimar una opinión por proceder de una mujer o de un hombre, reconocemos más bien que el Espíritu de Dios obra en esa persona.

El amor, el respeto, la confianza, la admiración y el aprecio provienen de Dios. Él es el único que puede llevarnos por el sendero que conduce a una igualdad auténticamente liberadora.

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La prodigiosa ingeniería divina

El genoma humano se compone de cuarenta y seis cromosomas, corpúsculos en forma de bastoncillos situados en el núcleo de cada célula. Esos cromosomas contienen todos nuestros genes, los cuales a su vez están constituidos por ADN. Dos de esos cromosomas, denominados X e Y, difieren de los demás: son los cromosomas sexuales o gonosomas. El hombre cuenta con un cromosoma X y uno Y, mientras que la mujer tiene dos cromosomas X. Todas las diferencias físicas entre los sexos se deben a esa pequeña diferencia en la constitución cromosomática.

H. Allen Orr, profesor de biología de la Universidad de Rochester

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Día internacional de la mujer

El 8 de marzo, DíaInternacional de la Mujer, constituye una celebración mundial de la feminidad. Es también una fecha propicia para reflexionar sobre los avances logrados en materia de derechos de la mujer, hacer llamamientos para la introducción de mayores cambios y recordar que, gracias a sus actos de valor y determinación, mujeres comunes y corrientes desempeñaron un papel extraordinario en la historia de los derechos y causas de la mujer.

La idea de celebrar una jornada internacional en honor a la mujer surgió a principios del siglo xx, en medio de una vertiginosa industrialización y expansión económica mundial que dio lugar a protestas por las pésimas condiciones laborales que imperaban. Hoy en día en muchos países los derechos políticos y humanos siguen siendo el tema medular del Día de la Mujer. En otros, empero, la fecha no es más que una ocasión para que los hombres y los niños expresen su cariño y aprecio a las mujeres de su entorno, algo así como una amalgama entre el Día de la Madre y el Día de San Valentín7.

1. Gálatas 5:13; Filipenses 2:3
2. Santiago 1:17
3. Apocalipsis 3:20; 1 Corintios 3:16
4. 2 Corintios 5:17; 2 Corintios 4:7
5. 2 Corintios 12:9,10
6. Gálatas 3:28
7. Fuentes: http://es.wikipedia.org/wiki/Día_Internacional_de_la_Mujer; http://www.un.org/ecosocdev/geninfo/women/womday97.htm
Maria Fontaine

Maria Fontaine

Maria Fontaine es —junto con su esposo Peter Amsterdam— la directora espiritual y administrativa de la Familia Internacional, una comunidad de fe dedicada a difundir el Evangelio de Jesucristo por todo el mundo. Es autora de numerosos artículos sobre la vida de fe cristiana. (Los artículos de Maria Fontaine publicados en Conéctate son versiones adaptadas del original.)

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