En el trabajo

Las muestras de aprecio en el lugar de trabajo

El ser humano necesita sentirse apreciado. No solo se trata de una sensación agradable, sino de un elemento indispensable para ser feliz y desarrollarse a plenitud. Eso es válido en todo ámbito; sin embargo, en ninguna parte se hace tan patente como en el lugar de trabajo. Cuando uno es consciente de que sus jefes y compañeros lo aprecian de verdad, es mucho más probable que haga un excelente aporte y trabaje bien en equipo.

¡No la soporto!

Ciertas personas nos gustan más que otras; y también hay que reconocer que cada uno de nosotros resulta más agradable para unas personas que para otras.

Cuando trabajaba de enfermera en la sala de emergencias de un hospital en Reikiavik (Islandia), me sentía bastante segura de mí misma y me consideraba capaz de afrontar casi cualquier situación. Me encantaba la acción, la adrenalina, y siempre me ofrecía para los casos más difíciles.

Muchas olas se dejan pasar

Sin otras opciones de empleo en aquel momento, mi situación no era muy feliz que digamos. Mi jefe me hacía la vida imposible. Era egoísta, maleducado y vulgar. Sin embargo, al igual que el gerente incompetente de la teleserie The Office, se creía el mejor amigo de todos. Cada vez que yo trataba de explicarle las cosas que me molestaban, él me escuchaba atentamente y me daba las gracias; pero luego seguía igual. No modificaba su comportamiento ni un ápice. A pesar de que presenté una queja a su superior, nada cambió.

Parecía que estaba condenado a trabajar indefinidamente en aquel ambiente estresante, sin posibilidad de ejercer control alguno sobre los incidentes que se producían, algunos un poco fastidiosos y otros francamente escandalosos. Uno de estos últimos me llevó por fin a la desesperación. Aunque no había nada que pudiera hacer para cambiar la situación, la rabia que tenía dentro me iba a destruir si no hallaba la forma de liberarme de ella.

Creo que ahora entiendo

Me subí al avión que me iba a llevar de vuelta a casa luego de visitar Toronto (Canadá). Un caballero se sentó en el asiento contiguo al mío. Llegó hablando en su iPhone. Enseguida me percaté de su acento sudafricano, ya que el año anterior había visitado ese país para asistir a una conferencia. Al rato, Andrew Harrison y yo estábamos enfrascados en una amena conversación que duró el resto del vuelo. Él tenía un montón de anécdotas que contar; yo me dediqué más que nada a escucharlo.

Dios y el trabajo

El lugar de trabajo es cada vez más un terreno hostil en el que priman las rivalidades. Las más de las veces la integridad y el esfuerzo salen perdiendo ante maniobras por obtener lucro instantáneo y escalar puestos en la jerarquía. Sin embargo, no tiene por qué ser así. La idea de que la Biblia contiene consejos prácticos para el ambiente laboral moderno no es tan extraña como podría parecer. Antaño, ya José (V. Génesis, capítulos 39 y 41) y Daniel (V. Daniel 1:19,20.) demostraron que la integridad y la diligencia pueden allanarnos el camino del éxito y llevarnos a destacar.

¿Hay que merecer el amor?

Una persona no necesita ser perfecta para merecer nuestro amor. No necesita ser intachable ni de trato fácil. Menos mal, pues no creo que nadie sea así en todo momento, ya que nadie es perfecto. Dios no nos exige perfección, pero sí espera que nos tratemos unos a otros con amor y comprensión. «Toda la ley en esta sola palabra se cumple: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”» (Gálatas 5:14).

Saca a relucir lo mejor

Una de las cualidades que suelen tener los buenos líderes es que sacan a relucir lo mejor de los demás. Ya sean jefes, gerentes, capitanes de equipos deportivos o modelos de conducta, en todos los casos han aprendido a centrar su atención no en los problemas, sino en las personas y sus posibilidades.

Cuando esos directivos ven que alguien está haciendo algo mal o trabajando improductivamente, en lugar de exasperarse o de intervenir y hacerlo ellos mismos, motivan a la persona a esforzarse hasta que le salga bien; y cuando lo logra, la elogian.

Cuando los conflictos son positivos

La sinergia —el trabajo en conjunto de dos o más personas con resultados superiores a la suma de los efectos y capacidades individuales— es un término que se ha puesto muy de moda en el ámbito laboral. Hemos oído hablar de toda suerte de beneficios del trabajo en equipo. Si se conjugan las aptitudes de todas y se trabaja codo a codo, se obtienen más ideas, más esfuerzo y mejores resultados. Dos más dos no siempre suman cuatro; trabajando en equipo pueden sumar seis u ocho.

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