Entornos de trabajo estimulantes

Entornos de trabajo estimulantes

Hace poco pasé la mayor parte de un día libre en el zoológico. Hacía mucho tiempo que no iba. Los animales son fascinantes: me resulta entretenido observarlos. Además aprendí cosas muy interesantes. Algo que advertí también —y que no recuerdo haber notado tanto cuando era más joven— fue la tristeza de los animales en cautiverio. Estoy convencida de que en ese zoológico los animales reciben muy buena atención; pero ¿cómo puede una celda, por espaciosa que sea, compararse con los amplios espacios abiertos de su hábitat natural?

Últimamente he pensado mucho en los factores que hacen que nuestro lugar de trabajo sea saludable y alegre, o por el contrario tóxico y desolador. No llegaré al extremo de comparar a los empleados en sus cubículos con los monos en sus jaulas, aunque estoy convencida de que algunos se sienten así de restringidos.

En los dos últimos años he leído varios libros sobre ambientes empresariales. Hubo algunos en particular que me parecieron estimulantes y esclarecedores. Todos abordan conceptos clave similares, pero desde distintos ángulos. Uno de ellos es que gozar de libertad o autonomía en el trabajo es uno de los elementos que más inciden en la satisfacción y motivación laboral. En cambio, la falta de libertad para tomar decisiones que afectan nuestro propio trabajo es hoy en día uno de los factores más desmoralizadores en el ámbito laboral, por no decir el principal.

Reinventing Organizationsecha un vistazo a diversas empresas que en años recientes han puesto en marcha modalidades operativas que cuestionan los paradigmas de la era industrial en los que se basan muchas actividades corporativas. Esas empresas de corte futurista se centran en la autogestión y en un enfoque holístico, es decir, procuran conceder más autonomía y libertad en el trabajo y ayudar a los empleados a disfrutar de una vida laboral más plena y por ende de una vida más satisfactoria en general.

No me trago eso de que todo el mundo pueda y deba encontrar un trabajo que ni siquiera considere un trabajo de tanto que le gusta. Idealmente sería lindo, y si a algunas personas les resulta, me alegro por ellas. Pero soy realista y sé que no todos vamos a lograr eso. Por otra parte, muchos nos pasamos ocho horas al día o más trabajando; por eso pienso que, aunque a uno no le encante su oficio, algo de satisfacción debería encontrar en él, cierto sentido de finalidad, de comunidad y de realización.

Uno de los conceptos que surge una y otra vez en los libros que he leído es que para transformar una empresa con una estructura tipo máquina industrialen una centrada en la gente se necesita la intervención de la directiva. Con todo, me puse a cavilar sobre lo que podría hacer alguien como yo —una administradora de nivel intermedio, no una directora general ni una gerente de alto nivel— para que su lugar de trabajo sea más acogedor, positivo y productivo e inspire un mayor sentido de comunidad.

Joy at Work2describe una empresa cimentada en cuatro valores: integridad, equidad, responsabilidad social y diversión, y definida además como «gratificante, emocionante, creativa y exitosa». El autor dice que «la alegría en el trabajo comienza por la iniciativa individual y el control individual». Aunque yo no ejerza pleno control, sí puedo tener iniciativa. Puedo intentar crear un entorno laboral más saludable y feliz. Y algo sobre lo que siempre tendré control es mi conducta, particularmente mi manera de tratar a las personas y procurar motivar a mi gente.

Me he propuesto examinar más de cerca mis propias presuposiciones acerca del trabajo en general, la naturaleza humana, mi función y motivación personal, y ciertos individuos. Por ejemplo, ¿mis relaciones laborales se basan en la idea de que mis compañeros son egoístas y anteponen su propio interés a lo que es más conveniente para la empresa? ¿O soy del criterio de que mis colegas desean emplear sus habilidades y competencias para hacer un aporte a la organización y al mundo?

Yo sé lo que me impulsa a mí. Sé que es «autonomía, dominio y fines»3, o para explicarlo en mis propias palabras: tener suficiente independencia para tomar decisiones que me afecten en el trabajo, tener oportunidad de adquirir nuevas destrezas y de mejorar en las que ya tengo, y hacer algo que a mi juicio vale la pena. En términos generales, esos son los mismos factores que incentivan a mis compañeros de trabajo. Procuro creer que en el fondo la mayoría de las personas —sobre todo las que como yo trabajan en asociaciones sin fines de lucro y con conciencia social— son bienintencionadas, se preocupan por la organización y la comunidad y se esfuerzan por hacer bien su trabajo. Aunque no haya sino una persona —yo— que se siente más feliz y menos estresada porque ve a los demás con buenos ojos, les concede un margen de confianza y hace lo que está a su alcance para que las cosas salgan bien para todos… pues, por algo se empieza.

1. Frederic Laloux, Nelson Parker: Bruselas, 2014
2. Dennis Bakke, PVG: Seattle, 2005
3. Daniel Pink, La sorprendente verdad sobre qué nos motiva, Editorial Planeta de Venezuela, 2014

Jessie Richards

Jessie Richards formó parte del equipo de redacción y producción de la revista Activated entre el 2001 y el 2012. Es autora de diversos artículos publicados en la revista y además ha escrito y revisado textos para otras publicaciones y páginas web cristianas.

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