1 Corintios 13 para la actualidad

1 Corintios 13 para la actualidad

Jesús nos dio la clave para encontrar verdadero sentido y armonía en la vida cuando dijo: «Amarás a tu prójimo como a ti mismo.»1 Pero ¿qué significa eso en términos prácticos, aplicado a la cotidianidad? Una de las mejores explicaciones que se hayan dado se encuentra en un pasaje de la Biblia al que suele denominarse El capítulo del amor, 1 a los Corintios 13. Aunque los tiempos y la terminología hayan evolucionado, los principios intrínsecos siguen igual de vigentes. Presentamos enseguida una versión parafraseada de 1 Corintios 13 para la actualidad.

Aunque hable cinco idiomas y sea capaz de disertar brillantemente sobre cantidad de temas, si tengo tan poco amor que voy por ahí contando chismes o menospreciando a mis semejantes, no solo son vanas mis palabras, sino que mi lenguaje es corrosivo.

Y aunque lea la Biblia con asiduidad y hasta me sepa partes de ella de memoria, y rece todos los días y tenga mucha fe y otros dones espirituales, si no tengo suficiente amor como para renunciar a algunos de mis deseos particulares por el bien de los demás, toda mi espiritualidad es nula.

Y aunque trabaje en dos empleos para mantener a mi familia, contribuya a obras de beneficencia y me ofrezca para todas las labores comunitarias que se proponen, si no trato con amor y bondad a quienes me rodean, mi arduo trabajo y todos mis sacrificios de nada me sirven

El amor no reacciona con brusquedad ni con mal genio aunque haya tenido un día desesperante y fatigoso en la oficina. El amor se alegra aunque parezca que el colega o el vecino siempre es el que se saca la lotería. El amor no necesita presumir de tener el automóvil más llamativo, la casa más grande o los últimos artilugios de la tecnología. El amor no siempre tiene que llevar la voz cantante ni tener la última palabra.

El amor no es tosco ni grosero, no refunfuña, no es egoísta ni presiona a los demás para conseguir lo que quiere. Se interesa tanto en las necesidades ajenas que no le queda mucho tiempo para preocuparse por las propias. El amor no se sale de quicio cuando las cosas no resultan como él quiere. Es listo para pensar lo mejor de las personas y lerdo para creerse lo demás.

El amor detesta el chismorreo; le gusta más bien oír hablar de las virtudes del prójimo y del bien que ha hecho. Busca incansablemente la verdad y desestima las falsedades, incluidas las que pueden resultarle cómodas.

El amor siempre está preparado para dar crédito a los demás en caso de duda, busca lo mejor en ellos, se muestra deseoso de que desarrollen plenamente su potencial y hace todo lo posible para que lo consigan. Nunca pierde la paciencia, ni siquiera con quienes no se suman rápidamente a las iniciativas o son lentos para cumplir con lo que les corresponde. El amor no mira una y otra vez el reloj cuando alguien está hablando.

El amor nunca falla. Es inevitable que decepcionemos a los demás y que ellos nos decepcionen a nosotros. Todos a veces nos equivocamos, cometemos insensateces o nos confundimos. Con frecuencia nuestras palabras y actos se quedan cortos, y nuestras ideas brillantes ideas no siempre resultan como quisiéramos o esperamos.

Somos frágiles, falibles, hacemos tonterías y nuestra percepción del mundo en que vivimos —no digamos ya del mundo futuro— es, en el mejor de los casos, fragmentaria.

No obstante, cuando veamos a Dios todo cobrará sentido.

Aunque somos inmaduros en cuanto a practicar el verdadero amor, Dios puede ayudarnos a superar nuestra conducta infantil.

De momento somos unos ignorantes en cuanto al amor y las otras cosas que realmente importan en la vida. Sin embargo, cuando vivamos en Su reino conoceremos y entenderemos a Dios y Sus designios mucho más cabalmente.

La fe en Dios y la esperanza basada en las promesas de Su Palabra son virtudes que merece la pena cultivar; ¡aun así el amor es más importante!

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La fuerza del amor
No hay dificultad que a base de amor no se venza, ni enfermedad que a base de amor no se cure. No hay puerta que con amor no se abra, ni abismo que con amor no pueda cruzarse. No hay muro que a fuerza de amor no se venga abajo, ni pecado que el amor no pueda redimir. Por muy profundas que sean las raíces de un conflicto, por muy desesperada que sea una situación, por muy confuso que sea un enredo o grave que sea una falta, el amor en medida suficiente todo lo disipa. Emmet Fox (1886–1951)

He aquí el hombre
Si aún no has conocido al hombre que personifica el amor, que es capaz de cubrir el pasado con un velo de perdón, transformar el presente, hacer promisorio el futuro y conceder felicidad celestial eterna, puedes acercarte a Él ahora mismo rezando sinceramente esta breve plegaria:

Jesús, gracias por morir por mí para que pudiera conocer el amor en su verdadera dimensión y alcanzar la vida eterna. Te ruego que me perdones todas mis faltas y todas las veces que he actuado sin amor. Entra en mi corazón, concédeme el don de la vida eterna y hazme conocer Tu amor y Tu paz. Te agradezco que hayas escuchado y respondido esta oración y que hayas prometido estar siempre a mi lado de ahora en más. Amén.

1. Mateo 22:39

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