¿Por qué nos cuesta tanto amar al prójimo?

¿Por qué nos cuesta tanto amar al prójimo?

A veces amar a los demás puede resultar extremadamente difícil. Podríamos decir que esas personas difíciles de amar requieren una dosis extra de gracia. Pero incluso sucede que hasta nos cuesta amar a personas con las que en general congeniamos. El principal motivo por el que nos topamos con dificultades para amar a nuestros semejantes es el pecado, tanto los nuestros como los de aquellos a quienes nos proponemos amar. […] Lidiar con nuestro propio egoísmo y tendencias pecaminosas y los de los demás puede hacer que el amor resulte harto trabajoso.

Otra razón por la que nos cuesta amar a los demás es que a veces tenemos un concepto errado de lo que es el verdadero amor. Tendemos a confundirlo primordialmente con una reacción emocional. Lo malo es que no siempre logramos controlar nuestras emociones. Sin duda podemos controlar lo que hacemos como consecuencia de nuestras emociones, pero en muchos casos éstas simplemente surgen. Sin embargo, el amor que Dios nos solicita que tengamos por los demás es el mismo que tiene Él por nosotros. Se trata de amor en su sentido griego de agape, cuya esencia es el sacrificio. El amor que Dios alberga por nosotros es un amor sacrificado, la clase de amor que terminó por enviarlo a la cruz por nuestros pecados. Él no nos salvó porque fuéramos dignos de Su amor; lo hizo porque Su amor lo llevó a sacrificarse por nosotros. ¿Somos capaces de amar a los demás hasta sacrificarnos por ellos, aun cuando sean indignos de nuestro amor? Amar al prójimo es cuestión de voluntad y motu proprio, no de emociones.

Dios murió por nosotros en nuestro peor momento, cuando estábamos sumidos en nuestros pecados, cuando éramos menos dignos que nunca de Su amor.1 Al sacrificarnos por amar a alguien alcanzamos a vislumbrar una chispa del amor que Dios abriga por nosotros; además, lo reflejamos ante los ojos del mundo. Jesús dijo a Sus discípulos: «Un mandamiento nuevo les doy: que se amen los unos a los otros. Como los he amado, ámense también ustedes los unos a los otros. En esto conocerán todos que son mis discípulos: si tienen amor los unos por los otros».2 Observen que no dijo «sientan amor los unos por los otros», sino «ámense unos a otros». Nos exige que actuemos, no que sintamos.

Amar a los demás cuesta, porque tanto ellos como nosotros somos humanos. No obstante, en esa dificultad llegamos a apreciar en toda su dimensión la calidad del amor que Dios tiene por nosotros. Y cuando amamos a los demás a pesar de que no lo merezcan, el Espíritu de Dios sale a relucir, Él es glorificado, quienes lo presencian resultan edificados y el mundo ve a Cristo en nosotros.

Artículo cortesía de www.gotquestions.org/Espanol.

1. V. Romanos 5:8; Juan 15:13
2. Juan 13:34,35

Copyright 2020 © Activated. All rights reserved.