El pensamiento ocioso

El pensamiento ocioso

Por naturaleza soy de cavilar mucho. Cualquier tema o acontecimiento me sirven para ello, sea real o imaginario. Lo sorprendente es que hasta hace poco no había notado de qué manera mis cavilaciones afectaban mi interacción con los demás, sobre todo con mi marido. Pienso que todas las mujeres intentan interpretar las miradas, gestos y demás lenguaje no verbal de otras personas; yo, sin embargo, tengo tendencia a obsesionarme con esas cosas, a tal punto que han cobrado vida propia. Aunque a veces mis conclusiones son acertadas, en muchos casos erro bastante o no logro captar la visión de conjunto. Así he gastado mucha energía mental y emocional injustificadamente.

Cierta mañana mis pensamientos estaban muy alterados. Me sentía molesta a causa de un breve desacuerdo que había tenido con mi marido. Peor aún, si bien el intercambio apenas había consistido en unas pocas palabras, mi cabeza era un torbellino tratando de analizar minuciosamente lo que él pensaba en realidad. Mi irritación fue en aumento mientras respondía mentalmente a sus argumentos imaginarios y preparaba mi defensa con todas las de la ley. Estaba librando una guerra mental contra mi marido sin que él siquiera se percatara de ello. Al final me sentí pésimo cuando antes de salir, él se detuvo, me dio un abrazo, me dijo que me quería mucho y que sentía mucho que nuestra jornada hubiera comenzado con mal pie.

No pude menos que preguntarme cuántas veces mis pensamientos habían influido negativamente en mi interacción y comunicación con mi marido. Generalmente soy muy cautelosa al expresar enojo y, sin embargo, ahí estaba albergando livianamente una disputa en mi cabeza. Había permitido que mis pensamientos ociosos alteraran mi percepción del hombre que amo sin otorgarle el derecho a réplica siquiera.

En la Biblia Jesús nos advierte que tendremos que dar cuenta de cada palabra ociosa que pronunciemos. Con todo, me pregunto hasta qué punto las palabras ociosas, tácitas, pululan en mi corazón y le dan un giro a mi percepción de la realidad y a mis acciones. ¿Me pedirá cuentas por esas también?

Desde ese día he procurado estar más atenta a mis cavilaciones o cuando comienzo a abrigar pensamientos poco felices y reemplazarlos por otros más positivos. Todavía no he logrado plenamente cambiar ese esquema mental, pero voy camino a ello y ya he visto los efectos positivos que tiene en mi vida.

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Sean gratos los dichos de mi boca y la meditación de mi corazón delante de Ti, oh Señor, Roca mía y Redentor mío. Salmo 19:14

Chandra Rees

Chandra Rees es autora independiente de publicaciones infantiles y madre de cinco hijos.

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