Librarse de los celos

Librarse de los celos

Pregunta: Llevo años lidiando con los celos. Sé que mi marido me quiere y que no me da motivos valederos para sentirme celosa; pero no puedo evitarlo. ¿Cómo hago para librarme de los grilletes de los celos?

Respuesta: Los celos—ese sentimiento desagradable que uno tiene cuando piensa que su pareja no le presta la atención debida por estar interesada en otra persona o situación— pueden ser irracionales y apabullantes. El primer paso es reconocer que son dañinos, que perjudican a la relación. 

Sin embargo muchas personas no los ven así; consideran que los celos son una virtud, o al menos una faceta natural y aceptable del amor que se tiene por alguien. Huelga decir que esas personas no logran superarlos; ni siquiera lo intentan.

Los celos generan situaciones en las que nadie se beneficia y todos sufren. Al tomar conciencia de esto, se hace más fácil hacerles frente. Nadie tomaría veneno, ni se tiraría delante de un auto que pasa a toda velocidad, ni haría nada que supiera que va a acarrearle consecuencias negativas, ¿cierto? De igual modo, no hay por qué adoptar una actitud pasiva ante los celos y dejar que se apoderen de nosotros sin ningún control. Tal vez no puedas evitar que te sobrevenga la tentación, pero no tienes por qué ceder ante ella o dejarte llevar por ella, mucho menos permitir que te domine.

Además conviene tener en cuenta que los celos, al igual que otros sentimientos negativos tales como la depresión, el resentimiento o la ira descontrolada, son provocados por fuerzas espirituales oscuras; pero podemos librarnos de esos influjos rezando en contra de ellos. «Resistid al Diablo —dice la Biblia— y huirá de vosotros» (Santiago 4:7). Pide a Jesús que interceda por ti y te defienda (Romanos 8:34; Hebreos 7:25). Seguramente servirá de ayuda que expliques a tu marido el conflicto que tienes —si es que no lo sabe ya— y le pidas que ore contigo (Santiago 5:16; Mateo 18:19,20). Una vez que él se haga cargo de qué tipo de situaciones te provocan celos, estará en mejor condiciones de evitarlas. Además, ser franca respecto de tu dificultad es en sí un paso hacia la superación.

No te sorprendas si aun después de haber orado todavía te asaltan a veces los celos. Una vez más, no siempre es posible evitar que esos pensamientos se te crucen por la cabeza; lo que sí puedes hacer es enfrentarte a ellos con autoridad, pues «mayor es el que está en vosotros [Jesús], que el que está en el mundo [el Diablo]» (1 Juan 4:4). Por eso, si te vienen esos pensamientos, esfuérzate por resistirlos en ese preciso instante. 

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