Misty Kay

Misty Kay es escritora. Ha padecido cáncer y fibromialgia. Junto con su esposo y sus cuatro hijos ha dedicado años de su vida a labores voluntarias en países de Asia.  

Panqueques con crema

Mis hijos de nueve y diez años vinieron una vez más a presentarme sus quejas.

—¡Mamá, Chalsey está tomando todos los Lego!

—¡Davin siempre se guarda las mejores piezas!

36 segundos

Daniel y yo vivimos con nuestros cuatro hijos en el decimotercer piso de un edificio de la ciudad de Taichung (Taiwán). Huelga decir que el ascensor es nuestro amigo obligado.

Aquel había sido un típico día ajetreado para mí, dedicado casi de lleno a entretener a los niños, servirles la comida y evitar que se pelearan. Habíamos salido todos juntos —ni siquiera recuerdo para qué— y ya regresábamos a casa. Entramos al ascensor vacío, y uno de los niños apretó el botón. Se encendió el número 13 en el panel, y las puertas se cerraron.

Fuerza sublime

Cegada estoy a todo,
no acierto a comprender.
En Tus brazos me abandono.
Así segura estaré.
Esas nubes tan sombrías
que me traen pesadumbre,
eres Tú quien las envía
para que en Ti me refugie.

Amistades eternas

La visión duró apenas unos segundos, pero me dejó una honda impresión. Estaba hablando con una amiga y de golpe vislumbré el futuro. Vi que nos abrazábamos, nos reíamos juntas y conversábamos sobre nuestra vida; y estábamos en el Cielo. Me ha pasado varias veces, en algunas ocasiones con una buena amiga, y en otras con alguien que acababa de conocer. En cada caso la experiencia me dejó una fuerte sensación de que en el Cielo las amistades son mucho más profundas, trascendentes y duraderas que las de esta vida.

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