Nyx Martinez

Nacida en Manila en 1981, Nikki «Nyx» Martínez es artista multimedia y cronista. Sus creaciones y viajes se pueden seguir en www.nyxmartinez.com.

Un árbol de verdad

Los niños siempre habíamos querido un árbol de Navidad de verdad,uno bien alto y magníficamente decorado, como los que tenían las demás familias. Queríamos que tuviera luces con música, guirnaldas plateadas, brillantes adornos y ramas cubiertas de nieve. Y como es natural, que a su alrededor hubiera una abundancia de regalos.

Un hombre como pocos

Parecía un pequeño poblado. A un lado había una fila de edificios, y al otro, huertos bien cuidados. A lo lejos se divisaba una cancha de baloncesto. Aún más lejos, un vendedor ofrecía fruta.

Avancé por el camino de tierra detrás de mi padre, que iba charlando con unos hombres. A nuestro paso se iban juntando grupitos. Clavaban la vista en nosotros y cuchicheaban. No sabía qué decían, pero seguí caminando, evitando demostrar miedo.

Reviví el nacimiento

Todos conocemos la historia del nacimiento de Jesús. La hemos visto retratada en tarjetas navideñas y en belenes: María con su vestimenta larga y suelta, el establo bien arreglado, y el Niño Jesús envuelto en impecables pañales blancos o azules. Pero ¿fue así en realidad el nacimiento del Señor? Muchas veces me he planteado esa pregunta, y creo que ya sé la respuesta.

La Navidad de 2004 estaba en puertas. Había atravesado Uganda con un grupo de voluntarios, desde Kampala hasta una apartada región montañosa del norte, llevando medicamentos, útiles escolares y aparatos de radio. Íbamos a entregar todo eso a los ik, pueblo primitivo que vive de la agricultura y la cría de cabras. En la vida había estado yo más lejos de la civilización.

Pon a prueba a Dios

Tenía ya mi reservación y faltaban poco menos de dos semanas para mi viaje a Uganda. Me senté en mi habitación a contar el dinero que tenía en la billetera.

Mi idea era trasladarme de Tailandia a África Oriental y proseguir allí mi labor misionera. Dios me había dicho que me daría el dinero, pero mi labor voluntaria no me proporcionaba suficientes ingresos para un pasaje intercontinental.

La vista

Miré por la ventanilla oxidada del autobús. El día se presentaba sombrío, igual que mi estado de ánimo. Dejé vagar mis pensamientos y evoqué cosas que habría sido mejor dejar en el olvido, con lo que me sumergí en un profundo abatimiento. ¿Por qué será que cuando nos deprimimos damos lugar a pensamientos que solo nos hacen perder el tiempo y agotan nuestro espíritu?

Mi primer milagro

Testimonio de Chuck Delgado, redactado por Nyx Martínez

Hace unos años, cuando conocí a un par de misioneros de La Familia Internacional, los invité a mi casa, dado que necesitaban un lugar donde hospedarse. Sin embargo, no capté de inmediato todo lo que me decían acerca de Jesús. Me mantuve escéptico. Luego sucedió algo que alteró la situación.

Un regalo y un tesoro

Cuentan los libros de Historia que durante las Lupercales, fiestas que con el tiempo probablemente dieron lugar a la celebración del día de San Valentín, los jóvenes romanos echaban suertes para elegir una muchacha a la que harían obsequios y cortejarían durante el siguiente año. En nuestros días se ha abandonado esa elección de novia al azar, pero el 14 de febrero los enamorados de muchos países intercambian tarjetas de felicitación y regalos a fin de expresarse su amor.

Esa fecha me evoca el caso verídico de una pareja. Todo empezó hace varios años...

La prisionera

En su mano temblorosa sujetaba el celular. No quería leer el mensaje de texto que acababa de recibir. Pero era la respuesta que ella misma había pedido.

Llevaba un mes esperando a que él volviera; la última semana había sido un tormento. Cuando él la llamó el día anterior para decir que estaba de regreso en la ciudad, a ella le había dado un vuelco el corazón. Resultó que él había vuelto cuatro días antes, pero no se había comunicado con ella. Hablaron de temas triviales y se rieron, y cuando ella le preguntó cuándo lo vería, él respondió con evasivas.

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